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    El contador de cartas
    Críticas
    4,5
    Imprescindible
    El contador de cartas

    Éxtasis de cine noir

    por Alejandro G.Calvo

     
    El Contador de Cartas fue una de las mejores películas de las proyectadas este año en la Mostra de Venecia, y puro puro disfrute cinéfilo protagonizado por un magnífico Oscar Isaac, dirigido por el maestro Paul Schraeder. Y además me hizo viajar en el tiempo al mejor cine del director que pude disfrutar el Sitges en 2016. Allí tuve el enorme privilegio, de entrevistarle por su película Como perros salvajes (2016) con Nicolas Cage. Hablamos de muchas cosas: de su infancia calvinista, del libro de Peter Biskind, de la estructura de su biopic de Mishima, de la época en la que escribió Taxi Driver (1976) y, de algo que siempre me había obsesionado: por qué había puesto el mismo final, copiado de Pickpocket (1959) de Robert Bresson, en dos de sus películas: American Gigolo (1980) y Posibilidad de escape (1992). Schrader sonrió (dentadura muy mellada de quién aprieta fuerte las mandíbulas) y me dijo: "Me gustó tanto cómo quedó en la primera película que decidí repetirlo ¡y me quedó aún mejor!".

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    Bressoniano de pro, tiene un libro dedicado al cine trascendental donde analiza la obra de Dreyer, Ozu y Bresson; los mejores personajes de Schrader, como Travis Bickle (Taxi Driver) o John LeTour (Posibilidad de escape), son samuráis -de Melville-: hombres silenciosos, atormentados por un pasado de violento que viven el día a día como un gesto de repetición continua esperando, si hay suerte, que algún día les alcance la epifanía.

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    Los actores Oscar Isaac y Tye Sheridan, en 'El Contador de Cartas'

    Y casi vivo un éxtasis cinéfilo al ver en la Sala Grande del Festival de Venecia que ha vuelto a hacerlo: tanto recurrir a su samurai, como usar el mismo plano final. Su última película El contador de Cartas, historia de un nuevo samurái moderno, ex torturador militar y, por ello mismo, ex preso, que pasa sus días recorriendo los casinos, tras aprender a ganar contando cartas mientras estaba en la cárcel. William Tell (buenísimo el nombre) al que da vida un Oscar Isaac con los gestos mínimos -si habéis visto esa maravilla llamada El año más violento (2014) sabréis de lo que hablo: es como ver a Al Pacino en los 70- entregado a una vida en repetición continua: coche, motel, casino, mesa de Black Jack y vuelta a empezar.

    No habla con nadie, o con casi nadie, no trata de romper la banca, sólo de tirar con lo puesto, mientras escribe un diario que escuchamos en off donde explica con todo detalle cómo funciona eso de ganar dinero en lugares donde la gente, normalmente, se arruina.

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    El giro de la película viene cuando se le presenta un joven (Tye Sheridan), hijo de un compañero militar de William que se quitó la vida incapaz de asumir los horrores cometidos en la guerra, y le dice que ha encontrado a su instructor-torturador jefe (Willem Dafoe) y que planea matarlo con su ayuda.

    Schrader, que acaba de cumplir 75 años y ya nos había demostrado que había recuperado todo su mojo en la demoledora El reverendo (2017), saca lo mejor de sí mismo, de toda su historia tanto como director como guionista, y nos entrega con esta película que que cuenta con Martin Scorsese entre sus productores, una de sus mejores películas.

    Ritmo pausado que no deja de crecer en intensidad en un texto con continuos fundidos a negro, la sensación de fatalidad va adueñándose del espectador a medida que su protagonista se va enredando en un gran último sueño que poco tiene que ver con ganar el torneo de poker que está jugando.

     

    Schrader nos sorprende con flash-backs distorsionados a Abu Ghraib, reconstruidos con angulares imposibles, como si los recuerdos no fueran capaces de coger forma nítida frente a tanto horror. Mientras nuestro samurai se va cociendo lentamente en esta obra cumbre de cine negro contemporáneo hasta que se llega a ese punto de no retorno donde la ética impera sobre la astucia.

    Schrader, en otro gesto inmaculado, soberbio, nos deja fuera del clímax de película, para lanzarnos a ese final que, como ya he dicho, vuelve a conectar con Pickpocket, vuelve a coser su obra en un gesto tan radical como cuando Howard Hawks rehízo Río Bravo (1959) en El Dorado (1966), y nos deja un plano final sostenido hasta lo indecible, un lugar donde sólo han podido llegar los mejores cineastas (trascendentales) de la historia

    La sinopsis

    William Tell (Oscar Isaac) es un ex-militar con un problema de ludopatía. A Tell solamente le interesa el jugar a las cartas. Su espartana existencia en el casino es interrumpida cuando su camino se cruza con Cirk, un joven que busca ayuda para poder llevar a cabo su plan para vengarse de un coronel militar, quien es también un viejo enemigo de Tell.

    Con el respaldo financiero de La Linda, Tell lleva a Cirk en un camino de casino a casino hasta que el raro trío se centra en ganar el World Series de poker en Las Vegas. Pero mantener a Cirk en el buen camino demuestra ser imposible, empujando a Tell hacia la oscuridad de su pasado.

    El director y guionista: Paul Schraeder

    Es el guionista de Taxi Driver, Toro Salvaje o Aflición, pero en la filmografía de este director nacido en Michigan hace 75 años figuran grandes películas como El Reverendo, American Gigoló o BlueCollar. En sus 42 años de carrera ha participado en 34 películas con una firma muy distintiva

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