Return To Silent Hill
Críticas
3,0
Entretenida
Return To Silent Hill

Vuelve al lugar de pesadilla donde fuiste feliz

por Tomás Andrés Guerrero

Return to Silent Hill llega a los cines como una apuesta arriesgada dentro del siempre delicado terreno de las adaptaciones de videojuegos al cine. Christophe Gans, director con un historial marcado por propuestas estéticas y la atmósfericas, consigue algo que muchas películas de este tipo no logran: imprimirle a la obra una identidad visual y sensorial propia, manteniendo a la vez un profundo respeto por la obra original.

Cada plano de la película parece meticulosamente trabajado, desde la niebla que cubre las calles desiertas hasta la iluminación que juega con sombras y reflejos para aumentar la sensación de claustrofobia y desasosiego. La composición visual no sólo resulta realmente vistosa (y aterradora), sino que funciona como un vehículo narrativo: la ciudad de Silent Hill no es un mero escenario, sino un personaje activo que refleja y amplifica la psicología de los protagonistas.

Por supuesto el filme tiene múltiples guiños al videojuego siendo una adaptación más fiel de la segunda parte del 'survival horror' en el que se basa: desde la recreación de los escenarios icónicos hasta el diseño de los monstruos que, lejos de ser caricaturescos, conservan su impacto perturbador y simbólico. Gans parece comprender que la fuerza de Return Silent Hill no reside únicamente en su trama de terror, sino en la manera en que sus criaturas y su entorno representan los miedos y traumas internos de los personajes. Incluso en momentos donde la narrativa puede resultar confusa, la fidelidad al espíritu del superventas de Konami mantiene la atención del espectador y se convierte en una experiencia de lo más inmersiva.

Vuelve la aterradora y conmovedora partitura de Akira Yamaoka

Konami

Un elemento clave que eleva la experiencia es la banda sonora, compuesta por Akira Yamaoka, cuya música se ha convertido en un sello distintivo de la franquicia. La partitura no solo acompaña las escenas, sino que las enriquece emocionalmente, generando una sensación de tensión constante y de melancolía latente que es difícil de olvidar. Los pasajes sonoros alternan entre el suspense y momentos de lirismo perturbador, consolidando la atmósfera sobrecogedora de la película y recordando a los fans por qué la música de Silent Hill ha sido siempre parte fundamental de su magia, y -sin duda- la película es todo un homenaje a esos 'gamers' que han invertido cientos de horas jugando a la franquicia.

La película evita la tentación de recurrir excesivamente a efectos digitales, privilegiando la textura y la realidad física de los elementos del escenario y de los monstruos. Esto refuerza la sensación de que Silent Hill es un lugar tangible, donde la amenaza parece realmente posible, y permite que la estética, la iluminación y el sonido trabajen juntos para crear una experiencia inmersiva y perturbadora. Aunque, en esta ocasión, las criaturas tienen menos protagonismo y los momentos dramáticos superan en ocasiones a los terroríficos, por lo que el espectador que quedó desencantado con la primera entrega, los que no tengan ningún tipo de trato con el videojuego -o la franquicia-, o simplemente busquen una película de terror al uso, quizá salgan decepcionados.

Uno de los aspectos donde la película muestra mayores debilidades es en su elenco principal. El peso dramático de la historia recae casi por completo en Jeremy Irvine y Hannah Emily Anderson, y aunque ambos cumplen de manera funcional, sus interpretaciones no siempre están a la altura de la intensidad emocional y del tormento psicológico que exige el guion. En varios momentos clave, donde debería aflorar una angustia más visceral o una mayor complejidad interna, las actuaciones se sienten contenidas o planas. Esta falta de fuerza interpretativa resta impacto a algunas escenas que, bajo otras manos, podrían haber resultado verdaderamente devastadoras.

Pese a estas carencias, la película no deja de ser una experiencia sugerente para los amantes del género. Algunos pasajes narrativos pueden sentirse dispersos y ciertos personajes secundarios carecen de la profundidad necesaria para que su arco resulte memorable. Sin embargo, estas debilidades no empañan la ambición de Gans ni la efectividad de la propuesta sensorial que plantea. Return to Silent Hill no pretende ser un 'thriller' convencional ni una historia de terror al uso; es, ante todo, un homenaje visual y sonoro que busca trasladar la inquietud, la melancolía y la tensión del videojuego a un lenguaje cinematográfico propio.

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