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    Red Rocket
    Críticas
    4,0
    Muy buena
    Red Rocket

    Nos gusta el diablo en bicicleta y con una encantadora sonrisa

    por Alejandro G.Calvo

     Red Rocket arranca con un hombre desesperado. Sin maleta, ni pertenencias visibles, llega magullado y golpeado a la casa de su ex mujer, en las afueras de Texas, rogándole que por favor le deje descansar unos días en ella.

    El cielo está encapotado, gris, ahumado por las chimeneas de una fábrica que contrasta con los colores pasteles de algunas de las casas (más o menos) destartaladas; en las televisiones de los hogares, siempre está Donald Trump sermoneando. Tiene un alias, Mikey Saber, porque es actor porno -no para de presumir de sus premios y sus millones de visionados en PornHub- aunque parece que ya nadie quiere contar con él. Su ex mujer, también ex actriz X y escarmentada de los reiterados abandonos de su ex, acaba acept´ndole más por desidia que por pena y, Mikey, se esmera en ganarse su cobijo. Busca trabajo para contribuir en el alquiler -pasando marihuana-, corta el césped... Y sobre todo desprende y contagia simpatía.


    Como esta es una película de Sean Baker sabes que en algún momento se torcerán las cosas aunque de entrada tiene al espectador totalmente ganado, algo a lo que contribuye una interpretación magnética y ultra entregada de Simon Rex -ex actor porno en la vida real. Fotografiada en 16mm, lo que ofrece una textura deliciosa, Red Rocket ya merece la pena sólo por ver al protagonista arriba y abajo con su bicicleta y su sonrisa.

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    Pero el truco de Baker es hacer creer que el diablo no existe y cuando Mikey demuestra su verdadera cara -quiere engatusar a una encantadora y apasionada joven de 17 años, Strawberry, para que se enamore de él y así convertirse en su particular proxeneta de vuelta en la industria X- la película dobla la moral sobre sí misma y obliga al espectador a posicionarse del lado de alguien que se descubre como un miserable.

    Un retrato magnífico que se suma a la galería particular del realizador neoyorquino Sean Baker que se está convirtiendo en el gran retratista del lumpen norteamericano contemporáneo, ya sea habitante de grandes ciudades (Los Angeles), habitando suburbios de Texas y moteles de mala muerte cercanos a Disneyworld, o reflejando el lado oxidado y mellado del sueño americano.




    Las prostitutas transexuales de Tangerine (2015), la madre-scort de The Florida Project (2017) y, ahora, un actor porno en horas bajas en Red Rocket, son los imperfectos anti-héroes (o anti-villanos) de películas que se mecen entre la comedia triste y el melodrama empático. Perdedores por naturaleza y contexto, que Baker retrata siempre con cariño. No importa lo terribles que sean sus actos. Por eso aunque siempre caen muy bajo, siempre caen de pie, porque hay un cineasta detrás cuidándoles con esmero.

    Red Rocket
    está muy cerca de los abnegados perdedores asfixiados en su propia red de engaños de los hermanos Safdie. Logrando algo tremendamente difícil: que sigamos empatizando con alguien que no merece ninguna simpatía o, lo que es lo mismo, que consiga hacernos reír cuando en realidad lo que estamos viendo tiene bastante poca gracia. Tremendo lo de Red Rocket, tremendo lo de Sean Baker, tremendo lo de Simon Rex.

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