El 'stop-motion' como acto de rebeldía
por Sara HerediaEstrenar Wildwood a día de hoy es un auténtico acto de rebeldía. Estamos en un contexto donde prima la productividad, la agilidad de los procesos, la rapidez de respuesta y de actos, por esto, dedicar seis años a rodar una película de 'stop-motion' donde cada plano requiere de mano humana y varios días de trabajo es una piedra preciosa cargada de significado.
Travis Knight es un orfebre de los que ya no quedan. Su compañía, Laika Studios, está especializada en el minucioso mundo del 'stop-motion' y lo sabe hacer muy bien. Suyas son Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016) o Los mundos de Coraline (2009), dos películas de animación oscuras y con un mensaje tejido cuidadosamente que han destacado en el género de la animación. Ha habido una evolución desde aquellas. Se nota que Wildwood viene de un equipo con mucho callo y da como resultado una espectacular muestra de la destreza que se puede alcanzar si algo se hace con mimo y sin prisas. Es su gran obra maestra.
Laika Studios
La película gira en torno a Prue, una adolescente que quiere ser libre. Un día debe cuidar de su hermano pequeño, pero, en un descuido, es secuestrado por una bandada de cuervos que lo llevan al bosque oscuro. Ella no duda en adentrarse en un territorio prohibido y luchar contra Alexandra, una antigua gobernante en busca de venganza, para salvar al pequeño.
Como comentó Travis Knight -que además de ser fundador de la empresa es el director- en una entrevista con SensaCine, ha tardado 16 años en dar forma a esta película, algo que sólo se sostiene si realmente hay algo que contar. El 'core element' que siempre le hacía volver a ella era el de contar el proceso de duelo de "dos mujeres extraordinarias que han soportado el dolor, la pérdida y el duelo, y que están impulsadas por el amor".
Es también un ‘coming-of-age’ que va más allá del paso de la adolescencia a la adultez. ¿Acaso los mayores no seguimos teniendo dudas? ¿No nos sentimos con 40 años con la misma incertidumbre que a nuestros 20? Hacia el final de la cinta, el padre de Prue dice algo como “crecer solo trae más preguntas”. Wildwood pasa del mensaje feliz de muchas películas del género en las que el protagonista soluciona sus problemas una vez supera el reto que le lleva a la madurez. Aquí la madurez, precisamente, conlleva dilemas aún mayores.
Esta reflexión se desarrolla en un universo de fantasía bellamente construido. No sólo por la técnica del 'stop-motion' si no por la serie de personajes con los que se encuentra Prue y la comunidad que se crea entre ellos. La trama paralela conducida por Curtis, un inesperado compañero de aventuras, sirve como alivio del inmenso drama que rodea a la protagonista. Es un refugio cálido en el que es un placer perderse. Tiene, además, un nivel de fantasía comparable con el de sagas como El señor de los anillos. La colosal batalla que tiene lugar en el clímax de la película es una maravilla visual y narrativa.
Wildwood se merece el Oscar a Mejor película, pero como sabemos que en la Academia no son amigos de salirse del drama solo soñamos con la estatuilla a Mejor animación. Si no se lo lleva se habrá cometido una gran injusticia.
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