Últimas opiniones sobre Sirat. Trance en el desierto
Sirat. Trance en el desierto
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Oriol Guiu Sala
29 críticas
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4,5
Publicada el 5 de marzo de 2026
De les pel·lícules més ben fetes que he vist, amb un so totalment increïble i una història que et destrossa completament. No apta per persones sensibles. Veure-la per primer cop és una experiència.
No suelo ver películas ni series porque nada me sorprendre y todos es muy visto Sirat porque vi que todos iban a la contra y he acertado!!!... Película audiovisual y sensorial excelente, con un muy alto nivel técnico al cual ninguna otra película española ha llegado,sin necesidad de relleno de diá brutal,sensaciones secas, directas...No pude dejar de verla,sentirla... Es genial poder salir del cine español rancio,lleno de diálogos y sensaciones previsibles,antiguo y lleno de poco ingenio... Nota: recomiendo en cine por sonido y audio ampliado y envolvente.
Me parece una película perfecta, que se sale de lo nornal, antes de verla me lei la sipnosis y no las tenía todas consigo, pero a medida que fuí viéndola, me quedé hipnotizado con todo lo que iba viendo y oyendo , y se me hizo corta, Una película es eso, para pasar un buen rato y al terminarla te sientas feliz,
No le doy una nota negativa porque no se puede. Un coñazo de película, aburrida, insípida, pretenciosa, lenta y desagradable... Menos mal que la he visto gratis, no perdais el tiempo viendo esta tomadura de pelo.
Visualmente espectacular, sonido magistral, no deja indiferente a nadie, original, dura su duración es la suficiente para transmitir todo lo que quiere y que no se haga pesada
Sirat posiblemente sea la peor película que he visto nunca. Con el comienzo bastaba para darte cuenta que es un bodrio pero decidí darle una oportunidad ya que va a los oscar... No puedo decir NADA positivo. Ni el guion (absurdo), ni actores (no te crees nada,) la direccion horrorosa.... En fin para llevarla a la escuela de cine y enseñarla como ejemplo de lo que NO HAY QUE HACER. Aconsejo no verla para no sentir la sensación de haber perdido el tiempo a no ser que seas amigo del director o productores y tengas algún interes en apoyar un producto pretencioso y snob sin ningun valor.
Un truño que intentan colarlo como algo diferente y especial. Y lo es pero para mal. Con el buen cine que se hace en España el hecho de hacer esta pelicula y tener el valor de enseñarla deberia conllevar pena de prisión o de vergüenza por lo menos.
Reseña negativa – Syrat Salí del cine profundamente deprimida tras ver Syrat. No es una película que recomendaría a personas hipersensibles o que atraviesen dificultades emocionales, psicológicas o mentales. La cinta mantiene un ritmo extremadamente lento, acompañado de una música psicodélica repetitiva que acaba generando un efecto casi hipnótico. Lejos de invitar a la reflexión, esta combinación termina siendo opresiva y absorbente, como si el espectador quedara atrapado en una atmósfera densa de la que cuesta salir. La película aborda temas universales como la muerte y el dolor, pero lo hace sin profundidad ni desarrollo real de los personajes. No hay una construcción emocional que permita comprender o elaborar ese sufrimiento; simplemente se expone, se mantiene y se prolonga, dejando al espectador consciente de un dolor difuso, grande, pero mal explicado. Es un dolor que embota, que envuelve, más que uno que invite a pensar. En mi caso, el impacto no terminó con los créditos. Esa misma noche tuve sueños lúcidos inquietantes y una sensación persistente de malestar. Esto me lleva a pensar que Syrat funciona casi como un experimento emocional, más interesado en provocar reacciones masivas en el público que en contar una historia con sentido o humanidad. Más que cine, la viví como una experiencia invasiva, que no cuida al espectador ni le ofrece herramientas para procesar lo que muestra. Por eso, lejos de recomendarla, creo que es una película que debería verse —si se ve— con muchas advertencias previas.
Desde la atalaya filosófica y reflexiva en la que se posiciona, Sirat pretende construir un relato crítico de la decadencia de la moralidad contemporánea, pero ese discurso no es capaz de articularse. Las situaciones extremas no derivan en un dilema ético ni en un cuestionamiento analítico de los actos o la psicología de los personajes, simplemente desembocan en la crueldad más absoluta. Esa lectura trascendente a la que aspira Óliver queda eclipsada por la búsqueda de la provocación y el impacto sin contenido reflexivo.
En ese intento por parecer densa, simbólica, transformadora, incluso me atrevería a decir “de culto”, Sirat transita sobre un infierno, aludiendo a su propia definición, altamente pretencioso. El planteamiento mesiánico que alberga la mente del director no se corresponde con la inconsistencia del trasfondo del film. Este parece confiar en que la incomodidad y el silencio son suficientes para construir significado. No es así, la ausencia de desarrollo narrativo hace que esa pretensión se diluya. Solo el “decorado” es el que verdaderamente nos quiere decir algo, sin que para ello tenga que mediar esta historia con detonante de gran impulso narrativo (mcguffin) pero que avanza hacia un vacío motivacional carente de fundamento.
No dudo de que Sirat quiera enseñar algo – ¿advertir, denunciar, remover conciencias? – pero ¿lo consigue? Tras ver la película ¿estoy más sensibilizada?, ¿los personajes me han conmovido?, ¿me los he creído? Sinceramente, siento que como espectadora no he salido transformada. Me invade un sufrimiento que considero gratuito solo para poner sobre la mesa una problemática tratada de la manera más trivial y artificiosa. La promesa de exploración de la naturaleza humana y denuncia del sistema se queda en eso, en una sucesión de imágenes que realmente no ganan nada con los diálogos.
En definitiva, una película que proyecta el terror más absoluto en nombre de la trascendencia más reveladora. Ha querido llenar la provocación de sentido y pensamiento y ha conseguido decir muy poco con demasiada violencia. Su uso reiterado del impacto no tiene más peso por tener más presencia y el hecho de buscar la profundidad con tantas ansias ha hecho que se quede en la superficie.