La parodI.A.
por Tomás Andrés GuerreroTres décadas después de reinventar el 'slasher' con un guion que entendía el género mejor que nadie, Kevin Williamson regresa al universo que creó, esta vez como director. Sobre el papel, su implicación debería ser motivo de celebración: nadie conoce a estos personajes ni las reglas de Scream como él. Sin embargo, Scream 7 evidencia que el talento para escribir y el pulso para dirigir una película de terror no son necesariamente lo mismo. Williamson filma con evidente afecto hacia su criatura, pero es palpable en demasiadas ocasiones que lleva casi 30 años sin ponerse tras la cámara desde aquella Secuestrando a la Srta. Tingle.
Desde su primera escena, Scream 7 deja claro que su principal obsesión es mirarse a sí misma. La autorreferencia siempre ha sido parte del ADN de la franquicia, pero aquí alcanza niveles de saturación. Los personajes no solo comentan las reglas del género: comentan las reglas de Scream, las secuelas de Scream, el legado de Scream y su propio lugar dentro de ese legado. En su intento por ser consciente de sí misma, la película termina cruzando la línea hacia la autoparodia involuntaria, evocando más el espíritu de Scary Movie que el de la obra original que pretendía satirizar los clichés del terror.
Este exceso de guiños y comentarios no sería tan problemático si estuviera acompañado de un motor narrativo sólido, pero la trama avanza de forma errática. Incluso el intento de incorporar la ansiedad contemporánea en torno a la inteligencia artificial parece más oportunista que orgánico, como si la película marcara una casilla temática obligatoria dentro de la agenda reciente de Hollywood. La IA aparece como concepto y amenaza difusa, pero rara vez se integra de forma significativa en la construcción del suspense o el conflicto emocional.
Paramount Pictures
El regreso de Neve Campbell aporta, al menos, un ancla emocional reconocible. Su Sidney Prescott sigue siendo el corazón moral de la saga, y Campbell la interpreta con una mezcla creíble de cansancio y determinación. Sin embargo, es imposible ignorar el contexto industrial que rodea su retorno. Tras la salida de Melissa Barrera y la reconfiguración forzada de la franquicia, el regreso de Campbell se percibe tanto como una decisión creativa como una maniobra correctiva. La película intenta reconstruir su identidad alrededor de Sidney, pero el resultado es más nostálgico que revitalizador.
Los nuevos personajes, por su parte, apenas tienen espacio para respirar. Introducidos con rapidez y definidos a través de rasgos superficiales, funcionan más como piezas funcionales del misterio que como individuos memorables. La saga siempre destacó por su capacidad de convertir a sus secundarios en presencias distintivas, pero aquí muchos de ellos se diluyen entre referencias y giros mecánicos. La sensación es que podrían desaparecer sin alterar significativamente el impacto emocional del conjunto.
Todo ello se veía venir. La decisión de priorizar preestrenos orientados a 'influencers' en lugar de proyectarla ampliamente para la prensa especializada transmite una clara falta de confianza en el valor de la obra. Es una estrategia cada vez más común cuando el estudio sospecha que el entusiasmo crítico no acompañará al reconocimiento de marca.
Scream 7 no es un desastre absoluto. Hay destellos ocasionales del ingenio que definió la saga, y algunos momentos recuerdan por qué 'Ghostface' se convirtió en un icono duradero. Pero son chispazos aislados dentro de una película que parece más interesada en recordar su pasado que en construir su futuro. Lo que una vez fue una franquicia que se adelantaba a su tiempo ahora corre el riesgo de convertirse en una reliquia que repite sus propios trucos.