La furia
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Christian Martínez
Christian Martínez

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2,0
Publicada el 24 de febrero de 2026
Furiosamente a punto de quitarla.

Termino 'La furia' con una sensación incómoda, no por lo que me cuentan. Más bien por cómo me quedo después de visionarla. Durante buena parte del metraje no supe si estaba ante una obra valiente, o ante una de esas experiencias que uno respeta intelectualmente pero no desea repetir jamás. Tanto, que acabo prácticamente en el rechazo.

Inevitablemente pienso constantemente en 'Irreversible', de Gaspar Noé, pero sin la explicitud icónica. Es más bien por esa atmósfera sensorial que lo impregna todo: techno insistente, cámara inquieta, cuerpos atravesando espacios nocturnos. La agresión no necesita ser mostrada para sentirse. En ese sentido, la decisión me parece bien. Mostrar o no mostrar es una cuestión formal: lo esencial es la eficacia.

El conflicto central --la devastación psicológica de una víctima de abuso-- es, en sí mismo, demoledor. La película quiere situarnos dentro de una mente fracturada, en esa lucha íntima donde la culpa, el miedo y la rabia se mezclan sin orden. El problema, al menos para mí, es que esa fractura emocional no terminó de atravesarme. Gran parte de esa distancia la atribuyo a la interpretación de Ángela Cervantes. Tiene momentos sólidos, incluso intensos, pero en demasiados tramos la siento forzada, consciente de sí misma y de que sigue un guion. No es una mala actuación en términos absolutos; simplemente no me la creo. Estoy más pendiente del gesto, del énfasis, de la construcción de personaje, que de la herida que debería estar sangrando ante mis ojos. Esa conciencia constante de estar viendo una interpretación me impide abandonarme a la experiencia.

El resto del reparto, por desgracia, no termina de compensar esa sensación. Nadie desentona, nadie destaca. Percibo actores implicados, disciplinados, pero raramente orgánicos. Como si el texto estuviera memorizado con precisión, pero no sienten lo que intentan transmitir.

Percibo una voluntad estética clara en cuanto a la dirección de Gemma Blasco. Incluso ambiciosa. Hay un deseo de contemplación, de estilización del dolor, de convertir todo esto en un cine muy sensorial, pero sin transmitir nada. Pienso en uno de los planos finales, dominado por el rojo, que busca --supongo-- la abstracción, pero que casi me provoca quitar la película del rechazo. Sentía que el estilo se imponía a la emoción, que la forma reclamaba mas atención que el fondo.

El núcleo del relato es la forma de intentar gestionar un abuso desde el punto de vista de la víctima. No es una narración de hechos, sino un retrato de consecuencias. Me interesa la voluntad de no simplificar el trauma, de no convertirlo en un relato cómodo. Sin embargo, la factura no terminó de atravesarme como espectador. Comprendo el dolor, lo reconozco, pero no lo siento. Tampoco puedo acusar a la película de tibieza. No suaviza la violencia moral del agresor. La miseria del acto está clara, y la devastación posterior también. No se simplifica la respuesta de la víctima: el miedo a denunciar y a su vez, la sed de venganza. Como espectador, me resulta frustrante esa negativa reiterada ante la ayuda ofrecida.

'La furia' no es una experiencia cómoda. No pretende serlo. Me enfada en algunos momentos, me distancia en otros, y me deja casi indiferente en algunos sentidos. No creo volver a verla en mucho tiempo, quizá nunca más. La voy a recordar más por el rechazo que me generó cuando la vi, que del impacto emocional que debería haber tenido.
decatur555
decatur555

3 usuarios 403 críticas Sigue sus publicaciones

3,5
Publicada el 25 de septiembre de 2025
Gemma Blasco no mira hacia otro lado y te mete de cabeza en el derrumbe emocional tras una violación. La furia es áspera, física, por momentos desagradable; precisamente ahí está su honestidad. Elige no mostrar la agresión —fundido a negro y sonido— y pone el foco en las ondas sísmicas que deja: la culpa, el silencio, la incomprensión del entorno, esa mezcla de protección y control que encarna el hermano. Ángela Cervantes está descomunal: sostiene el plano, el pulso y la película entera con una entrega que estremece. Es cuerpo, mirada y respiración; convierte a Alex en una presencia que no se olvida.

Blasco filma con una iconografía roja y orgánica (la caza, las vísceras, la mesa, la lámpara), y cruza el trauma con la Medea que Alex ensaya: el teatro como catarsis y espejo. No siempre le sale fino: hay símbolos que se repiten, alguna transición se siente impostada y el montaje fragmentado puede desorientar. También hay tramos donde la furia se confunde con saturación y la tesis se difumina entre golpes sensoriales.

Aun así, prefiero su riesgo a cualquier relato “limpio” y aséptico. Y, por favor, que no cuelen lecturas misóginas del tipo “exagera” o “se victimiza”: ese ruido social es parte de lo que la película denuncia. La furia no busca agradar, busca decir la verdad de una herida abierta. Duele verla, sí; y aun así merece verse.
Javier Climent Blasco
Javier Climent Blasco

78 críticas Sigue sus publicaciones

4,0
Publicada el 6 de mayo de 2025
La Furia (2025) - Gemma Blasco
Un drama que duele en las entrañas...
No negaré que la fama tras su paso por el Festival de Málaga, donde obtuvo 3 galardones, dos de ellos otorgados a los actores tanto protagonista como secundario, incrementaron las expectativas que tenía de este, el segundo
largometraje de la directora barcelonesa, Gemma Blasco. ¿Se cubrieron tales expectativas? Vayamos por partes.
Se trata de una historia dura y ácida, una visión femenina sobre la violencia sexual, perspectiva desde la que pocas veces se ha tratado este tema en el cine, sin caer en la típica historia de superación que suelen tener este tipo de películas, sino que se atreve a explorar el trauma que provoca en el personaje de Alex. Considero que tiene un guion de mucho nivel, compuesto por diálogos llenos de un dolor tan cruel y a la vez tan real, aunque creo que cuenta con ciertos momentos que parecen no aportan nada, incluso alargándose innecesariamente para contar lo mismo.
Quizá sea su parte final lo que más se le complica a Gemma, buscando resolver el conflicto y perdiendo un poco el control de la historia, exagerando las metáforas y cerrando la historia de una manera que a mi personalmente me ha dejado bastante indiferente?
En la puesta en escena tengo que admitir que se logra transmitir mucho con muy poco, planos llenos de significado y cinematográficamente preciosa, pero sin dejar de lado
lo monstruoso. La escena de la violación era lo que mas miedo me daba, en este caso creo que Gemma elige la opción mas correcta, buscando, de nuevo, mucho con muy poco.
La furia que siente Alex, interpretada por una maravillosa Ángela Cervantes, se representa como un dolor interior que solo ella puede ver, un detalle suculento. Esa misma furia es la que he llegado a sentir yo mientras sentado en mi butaca observaba con rabia la barbarie que te obligan a contemplar, esperando un giro en la trama que ponga
todo en su sitio, pero Gemma prefiere ser mas pausada, esperando con cautela la resolución final de los propios personajes.
Da asco, te intenta hacer apartar la mirada de la pantalla, una película dramática dura, que por momentos se siente como una película de terror. Una obra que se nota que busca transmitir mas que emociones en un relato de cine independiente que me ha sorprendido con creces.

*Escrito tras su estreno*

Crítica en "La Comarca": /
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