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Es mi pelicula favorita me faltan palabras para describir esta obra maestra! buenisisisisisisisisisisisisisima!!
No tengo muy claro qué hacer con Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket.
Porque hay bastantes cosas que me gustan.
Y, al mismo tiempo, se me hace bastante pesada.
Visualmente es una maravilla. Ese mundo oscuro, exagerado, lleno de casas imposibles, cielos grises, inventos extraños y adultos todavía más extraños parece salido directamente de una película de Tim Burton.
Pero Tim Burton no está por ninguna parte.
Eso quizá sea uno de los mejores cumplidos que se le pueden hacer a Brad Silberling: consigue construir un universo con una personalidad visual muy marcada, aunque resulte inevitable pensar en Eduardo Manostijeras, Sleepy Hollow o incluso en determinadas imágenes de Batman.
El problema es que la película es bastante más interesante cuando la miro que cuando sigo lo que está contando.
La idea inicial tiene gracia.
Los hermanos Baudelaire pasan de una desgracia a la siguiente mientras el conde Olaf intenta conseguir lo que quiere y los adultos que deberían protegerlos parecen incapaces de darse cuenta de lo evidente.
Una vez funciona.
Dos también.
Después empiezas a entender el mecanismo.
Nuevo lugar.
Nuevo adulto.
Olaf reaparece con otro aspecto.
Los niños saben perfectamente lo que está ocurriendo.
Los mayores no les creen.
Problema.
Huida.
Y vuelta a empezar.
Precisamente ahí es donde la película empieza a pesarme.
Se llama Una serie de catastróficas desdichas, así que evidentemente la repetición forma parte de su propia naturaleza. Lo entiendo.
Pero entender el mecanismo no evita que termine cansándome.
Jim Carrey está, como casi siempre cuando le dan este tipo de personaje, completamente entregado.
El conde Olaf le permite hacer prácticamente todo lo que sabe hacer: cambiar la voz, retorcer la cara, adoptar personajes dentro del personaje, moverse como si su cuerpo fuera de goma y convertir cualquier frase en una actuación.
Y lo hace muy bien.
Es muy "Carrey".
Para bien y para mal.
Porque también ocurre algo curioso: cuando aparece, la película prácticamente pasa a pertenecerle.
Eso proporciona algunos de los momentos más divertidos, pero también hace que Olaf resulte menos inquietante de lo que podría haber sido. Cuesta tener miedo de alguien cuando estás esperando cuál será la próxima mueca.
Y esta historia necesita las dos cosas.
Humor.
Pero también amenaza.
Los niños me funcionan bastante mejor precisamente porque están contenidos. Emily Browning y Liam Aiken actúan como si fueran los únicos seres razonables atrapados en un mundo gobernado por adultos absurdos.
Y eso tiene gracia.
También me gusta mucho el tono.
Esto no es exactamente una película infantil amable. Hay algo desagradable, melancólico y ligeramente siniestro flotando continuamente sobre la historia.
La muerte existe.
El abandono existe.
Los adultos pueden ser inútiles.
Y las cosas no tienen necesariamente que salir bien porque haya niños de por medio.
Eso le da una personalidad que agradezco.
El problema vuelve a ser la estructura.
Cada vez que empiezo a interesarme por un nuevo escenario, ya estoy anticipando lo que va a ocurrir.
Y cuando una película basada precisamente en la sorpresa de las nuevas desgracias consigue que empieces a preverlas, pierde bastante fuerza.
Por eso tengo sentimientos encontrados.
Me encanta verla.
Me gusta su diseño de producción.
Me gusta la fotografía.
Me gusta ese universo gótico y artificial.
Me gustan los niños.
Carrey está haciendo exactamente aquello para lo que parece haber nacido.
Incluso Meryl Streep aparece para añadir todavía más extravagancia al conjunto.
Pero luego pienso en la historia completa y me cuesta entusiasmarme.
Es como entrar en una casa espectacular y descubrir que todas las habitaciones, aunque estén decoradas de manera diferente, tienen prácticamente la misma distribución.
La primera sorprende.
La segunda sigue siendo interesante.
A la tercera ya sabes dónde está la puerta.
Una serie de catastróficas desdichas tiene imaginación visual de sobra.
Lo que le falta es que todas esas desgracias no terminen pareciéndose tanto entre sí.
Porque hay bastantes cosas que me gustan.
Y, al mismo tiempo, se me hace bastante pesada.
Visualmente es una maravilla. Ese mundo oscuro, exagerado, lleno de casas imposibles, cielos grises, inventos extraños y adultos todavía más extraños parece salido directamente de una película de Tim Burton.
Pero Tim Burton no está por ninguna parte.
Eso quizá sea uno de los mejores cumplidos que se le pueden hacer a Brad Silberling: consigue construir un universo con una personalidad visual muy marcada, aunque resulte inevitable pensar en Eduardo Manostijeras, Sleepy Hollow o incluso en determinadas imágenes de Batman.
El problema es que la película es bastante más interesante cuando la miro que cuando sigo lo que está contando.
La idea inicial tiene gracia.
Los hermanos Baudelaire pasan de una desgracia a la siguiente mientras el conde Olaf intenta conseguir lo que quiere y los adultos que deberían protegerlos parecen incapaces de darse cuenta de lo evidente.
Una vez funciona.
Dos también.
Después empiezas a entender el mecanismo.
Nuevo lugar.
Nuevo adulto.
Olaf reaparece con otro aspecto.
Los niños saben perfectamente lo que está ocurriendo.
Los mayores no les creen.
Problema.
Huida.
Y vuelta a empezar.
Precisamente ahí es donde la película empieza a pesarme.
Se llama Una serie de catastróficas desdichas, así que evidentemente la repetición forma parte de su propia naturaleza. Lo entiendo.
Pero entender el mecanismo no evita que termine cansándome.
Jim Carrey está, como casi siempre cuando le dan este tipo de personaje, completamente entregado.
El conde Olaf le permite hacer prácticamente todo lo que sabe hacer: cambiar la voz, retorcer la cara, adoptar personajes dentro del personaje, moverse como si su cuerpo fuera de goma y convertir cualquier frase en una actuación.
Y lo hace muy bien.
Es muy "Carrey".
Para bien y para mal.
Porque también ocurre algo curioso: cuando aparece, la película prácticamente pasa a pertenecerle.
Eso proporciona algunos de los momentos más divertidos, pero también hace que Olaf resulte menos inquietante de lo que podría haber sido. Cuesta tener miedo de alguien cuando estás esperando cuál será la próxima mueca.
Y esta historia necesita las dos cosas.
Humor.
Pero también amenaza.
Los niños me funcionan bastante mejor precisamente porque están contenidos. Emily Browning y Liam Aiken actúan como si fueran los únicos seres razonables atrapados en un mundo gobernado por adultos absurdos.
Y eso tiene gracia.
También me gusta mucho el tono.
Esto no es exactamente una película infantil amable. Hay algo desagradable, melancólico y ligeramente siniestro flotando continuamente sobre la historia.
La muerte existe.
El abandono existe.
Los adultos pueden ser inútiles.
Y las cosas no tienen necesariamente que salir bien porque haya niños de por medio.
Eso le da una personalidad que agradezco.
El problema vuelve a ser la estructura.
Cada vez que empiezo a interesarme por un nuevo escenario, ya estoy anticipando lo que va a ocurrir.
Y cuando una película basada precisamente en la sorpresa de las nuevas desgracias consigue que empieces a preverlas, pierde bastante fuerza.
Por eso tengo sentimientos encontrados.
Me encanta verla.
Me gusta su diseño de producción.
Me gusta la fotografía.
Me gusta ese universo gótico y artificial.
Me gustan los niños.
Carrey está haciendo exactamente aquello para lo que parece haber nacido.
Incluso Meryl Streep aparece para añadir todavía más extravagancia al conjunto.
Pero luego pienso en la historia completa y me cuesta entusiasmarme.
Es como entrar en una casa espectacular y descubrir que todas las habitaciones, aunque estén decoradas de manera diferente, tienen prácticamente la misma distribución.
La primera sorprende.
La segunda sigue siendo interesante.
A la tercera ya sabes dónde está la puerta.
Una serie de catastróficas desdichas tiene imaginación visual de sobra.
Lo que le falta es que todas esas desgracias no terminen pareciéndose tanto entre sí.
De mis películas favoritas de toda la vida, desde la primera vez que la vi me fascinó, no me canso de verla y nunca me aburre. La historia es simplemente buena y el estilo gótico lo hace todo más lúgubre, me hubiese gustado más desarrollo de los tomos en el filme. GRACIAS MERYL STREEP POR ESTAR ACA
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