Trabajar para vivir o vivir para trabajar.
No solo veo esta película por segunda vez, sino que lo hago con una mirada interpretativa completamente diferente. Si en el primer visionado me quedé en la superficie, en este segundo he sentido que la película me hablaba directamente a mí, a la cara. Ha sido como cuando uno ve una película con otra madurez y está más preparado para lo que quiere contar la obra.
El humor ha sido clave para poder disfrutarla tanto como antes. No es ligero ni complaciente; es punzante, afilado e incómodo. Está claro que Miranda (Streep) no busca caer bien, ni suavizar sus sutiles pero agresivos golpes. Al contrario, parece disfrutar de esa incomodidad que esparce a todo el mundo, tanto a los personajes como al espectador. Es una de sus grandes cualidades: no pedir permiso para decir lo que quiere decir.
Sin embargo, ese humor disimula o difumina lo más inquietante. Me descubro pensando en mi propio futuro, en la posibilidad de acabar en un entorno laboral exigente, absorbente, donde el valor personal queda relegado a un segundo plano y donde, poco a poco, tenga que ir cediendo partes de mí mismo para sobrevivir. Supongo que casi todo el mundo ha pasado por ahí. La película plantea, sin dramatizar demasiado, esa transición de trabajar para vivir y acabar viviendo casi únicamente para trabajar. Muchas veces también con el propósito de ganarse el puesto y respeto.
Y dentro también de esa dinámica perturbadora, hay otro elemento igual de aterrador: la necesidad de encajar. No solo a nivel profesional, sino también social. Esa presión constante por adoptar una imagen concreta, para cumplir unas expectativas que no son precisamente en común. El "vestir bien para verse bien" deja de ser algo superficial para convertirse en una norma, una herramienta del control. No es algo que me resulte agradable, ni mucho menos con lo que esté de acuerdo, pero por eso funciona: lo siento real.
Lo que cambia por completo mi opinión es la idea que tenía de Emily Blunt. La primera vez estuve demasiado absorto en la figura de Anne Hathaway por mi gusto personal en cuanto a actores, lo que hizo que pasara por alto otros matices que aquí tengo en cuenta. Ahora, en quien me fijo más y de verdad, es en Blunt. Un personaje construido desde el lado más sólido, de forma muy natural en pantalla, dotándola de total credibilidad. No hay necesidad de imponer grandilocuencias actorales para destacarla. Y Streep, aunque juegue siempre en otra liga, su presencia y su forma de actuar es suficiente para ponerme tenso cada vez que aparece. Autoridad, control y amenaza.
Lo que más me interesa aquí es la capacidad que pocas películas poseen para mantener mi atención. Hay carga temática, lo que podía limitar mucho mi experiencia, pero nunca se hace densa. El mérito se lo atribuyo al ritmo y a la música tan pegadiza, rítmica y viva que impregna mi estado anímico. Aligera por completo el tono cuando es necesario. Nunca pierdo el interés, nunca miro el reloj, nunca desconecto y nunca siento que haya relleno.
Lo que me da coraje de esta maravilla de película es el acostarse con otra persona horas después de haber roto con una pareja longeva. Me frustra personalmente. Pero eso no quiere decir que se cargue ni al personaje ni la película. No es necesario entender de moda para reconocer lo que quiere decir. Cómo el entorno en el que se trabaja y se vive acaba moldeando quiénes somos, sin tener nunca --o casi nunca-- el control.