No, cualquier tiempo pasado no fue mejor, por mucho que los 'amantes de la EGB' nos quieran hacer creer. Un ejemplo clarísimo de esto lo podemos ver en la televisión en los años noventa con la llegada de las televisiones privadas; bueno, más bien de Telecinco.
Ni siquiera en la década anterior se había asistido a una sexualización tan brutal de la mujer. Telecinco llegó a los hogares españoles para ofrecer, al parecer, lo que todos estábamos esperando, pan y circo. Aunque bueno, lo del pan podríamos sustituirlo por 'carne' y estaríamos en lo cierto también.
Vivimos durante un tiempo en un país en el que se llegó a emitir un programa presentado por un alcalde corrupto, rodeado de mujeres semidesnudas, mientras tomaba un baño en un jacuzzi. Tiempos que, afortunadamente, ya no volverán.
En las entrevistas a personalidades televisivas suele ser recurrente el echar la vista atrás y recordar programas de televisión que, de un modo u otro, marcaron al protagonista. En este caso fue Arturo Valls en La revuelta, donde fue cuestionado acerca de las cosas que le gustaban de la televisión valenciana de los noventa.
"¡A guanyar dinners!"
Lo primero que dijo Valls fue Bola de dragón y, efectivamente, muchos de los que fuimos niños y adolescentes estábamos obsesionados con el anime creado por Akira Toriyama; con el segundo programa ya tenemos un ejemplo de cómo era la televisión de la época en cierto sentido: zafia, chabacana y, por supuesto, tremendamente machista y misógina.
Se trataba del programa de Canal 9-TVV de 1989 El show de Joan Monleón. Se mantuvo en antena hasta 1997 y fue considerado el primer talk show de la televisión autonómica valenciana; no solo eso, también caló hondo en la sociedad de Valencia.
En un momento del programa, recordado por Valls, Monleón y el público cantaba al unínoso 'A guanyar diners', una sección a modo de concurso incluido dentro del programa. Las azafatas, llamadas Monleonetes, acudían a la llamada de la canción portando sendas huchas que colocaban frente a sus pechos. Sin palabras.
La canción daba paso también a otra de las imágenes icónicas del programa, una ruleta gigante en forma de paella valenciana llamada 'La paella rusa'. Esta ruleta estaba compuesta de números, compartimentos y recipientes con premios y sorpresas. Los concursantes elegían opciones vinculadas a la paella (números, cazos, porciones simbólicas), y de ahí salían premios en metálico, regalos o pruebas extra.
En la actualidad sería muy difícil, y casi improbable, que en televisión apareciera un grupo de mujeres utilizando huchas para simular que son sus pechos. Y menos mal.