La realidad es un término voluble que no hay que confundir nunca con la verosimilitud. Esta última nos habla de la consistencia 'realista' de un universo construido, es decir, si en una película se nos dice que las personas pueden volar, que vuelen es verosímil, aunque no sea algo realista.
En el género de los reality shows, el concepto de realidad se torna aún más voluble y cambiante. Podemos decir que todos son verosímiles, pero ¿realistas?; ¿Buscan los guionistas y creadores de los realities exponer la realidad como es o se altera de algún modo para buscar la espectacularidad y el efecto morbo?
El caso de Pesadilla en la cocina es ejemplar. Todos recordamos este programa: un restaurante con problemas se pone en contacto con el equipo de producción para que les echen una mano con el negocio: limpieza, organización, equipo, decoración y reformas... Y, como ya imaginarás, el equipo del programa se esfuerza por ofrecer una buena dosis de drama al espectador. Para ello tiene sus truquitos.
"Se les prohíbe a los dueños limpiar el local"
Las reglas del programa son muy claras: "Una vez que un restaurante es seleccionado, se les prohíbe a los dueños limpiar el local o despedir a empleados problemáticos antes de la grabación, para que las cámaras capten el desastre máximo", asegura el youtuber Rimembah. Es decir, el equipo del programa se encarga de que todo sea lo más ajustado a la realidad posible. Si un restaurante funciona mal y necesita la ayuda del programa, es ilógico que justo antes se pongan a limpiar o hagan cambios en el restaurante.
Pero hay una condición con la que deben tener cuidado:
Si un dueño se arrepiente y quiere cancelar, se enfrenta a multas de entre 24.000 y 30.000 euros, además de pagar los gastos del equipo de rodaje
Efectivamente, los dueños de los restaurantes que no cumplen con las exigencias del programa se podían enfrentar a multas muy cuantiosas. Esta información salió a relucir cuando los dueños del restaurante La Taberneta acudieron al podcast del youtuber Cenando con Pablo.
Ellos firmaron para grabar, pero las condiciones no eran las más amigables que se habían imaginado. Mientras grababan el programa, el equipo les decía "que se vinieran arriba, que eso así no se emitiría", y si se negaban, multa al canto. A esto había que añadir que las grabaciones se prolongaban durante muchas horas, por lo que el cansancio comenzaba a hacer mella y la situación, ya de por sí tensa, empeoraba, provocando trifulcas entre los empleados que, claro, daban mucho juego al programa.
En definitiva, si alguna vez decides ir a un reality, mira bien el contrato y la letra pequeña, porque ya no solo está en juego tu salud mental, sino también tu cartera.