Sin lugar a dudas, más allá de los resultados finales en cuestión de estrellato, Ana Guerra se convirtió en una de las concursantes más carismáticas y destacadas de Operación Triunfo 2017, la edición que se convirtió en el auténtico renacimiento del formato. Formada en clarinete y con un registro vocal bastante versátil, su paso por el programa la llevó desde el género clásico del bolero y el pop hasta los ritmos más urbanos y latinos.
El cénit de su paso por OT fue la presentación de la canción, junto con Aitana, Lo malo, en la gala de la preselección para Eurovisión. El tema fue un éxito instantáneo, alcanzando el quíntuple platino y liderando listas de éxitos durante meses. Ana Guerra, al final, acabó quinta en el cómputo global de concursantes de esa edición de OT.
En realidad, lo importante llega después, el vértigo de qué pasará, qué contrato he firmado, qué discos me van a hacer sacar, supuestamente. Recientemente, en el podcast Animales Humanos, Ana Guerra habló, precisamente, sobre esto.
Su historia es bastante distinta al relato habitual de "me obligaron a sacar un disco que yo no quería hacer". Esto es lo que dijo:
"Tenía un disco hecho de 10 canciones de reguetón, urbano y tropipop, pero en ese momento dije: 'No, qué va'. Durante la desescalada compuse Seis. Ese día había quedado con Roi [Méndez]; me fui a casa, ni comí, le dije que viniera y nos pasamos todo el día y la noche tocando y grabando el tema", comienza diciendo.
Cuando me reuní con la compañía para presentarles el álbum de reguetón, antes de que lo escucharan, les dije que no lo iba a sacar. Les pedí que, si me tenían que echar, me dieran la carta de libertad, porque necesitaba seguir con mi vida
"Me preguntaron qué quería hacer y los llevé a un estudio en Gran Vía donde hubiera un piano. Me senté, toqué Seis y les dije: 'Esto es lo que soy y lo que quiero hacer. Entiendo que os enfadéis porque habéis invertido en un disco, pero no puedo mentir al público. Esto es lo que me vibra", se atrevió a decir Guerra, que posiblemente sea una de las pocas que se ha plantado ante la productora. Le salió bien.
"Para mi sorpresa, la discográfica me apoyó. Me dijeron que jamás me obligarían a sacar algo con lo que no me sintiera identificada y me dieron dos meses para componer 30 canciones. En ese tiempo hice 40; estuve dos meses en un confinamiento particular componiendo todos los días, y de ahí salió La luz del martes", zanja.