Netflix da un paso más allá en su oferta. Además de continuar con sus películas y series originales, la plataforma de 'streaming' ha anunciado en las últimas semanas dos adquisiciones que cambian por completo su estrategia: todos los partidos del Mundial 2030 y los derechos de emisión de La Velada del Año, de Ibai Llanos, durante las tres próximas ediciones.
Con la compra de la emisión de la próxima Copa del Mundo de la FIFA por parte de Netflix, las plataformas de 'streaming' entran en juego en uno de los eventos que más millones mueven en el mundo. Pero esto no supone el final de las retransmisiones deportivas en televisión, más bien un cambio en su modelo de distribución y consumo.
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Para entender lo que supone este movimiento en el sector, SensaCine ha tenido la oportunidad de hablar con un experto en producción audiovisual: Miguel Puertas, Brand Manager de la escuela audiovisual Treintaycinco mm. El también profesor señala que "las grandes plataformas digitales han dejado de considerar el deporte en directo como un territorio exclusivo de las televisiones convencionales" y que "probablemente avanzaremos hacia modelos híbridos, donde convivirán plataformas, operadores tradicionales y nuevas experiencias interactivas".
"Para mí, lo verdaderamente relevante es que el deporte seguirá teniendo un enorme valor audiovisual porque posee algo que ninguna plataforma puede fabricar artificialmente: la emoción, la incertidumbre y la necesidad de vivir un acontecimiento en el momento en que sucede", añade Miguel Puertas, quien también considera esta compra también "supone un cambio importante en la manera de entender las audiencias".
Prefiero una retransmisión estable, con una excelente realización y un sonido cuidado, que una imagen espectacular que se interrumpa continuamente
Miguel Puertas afirma que el "verdadero reto de Netflix no será únicamente producir una gran retransmisión, sino conseguir que millones de espectadores puedan disfrutarla simultáneamente con la misma fiabilidad que esperan de la televisión convencional". De hecho, la plataforma de 'streaming' "podría transformar al espectador de un receptor pasivo en alguien con mayor capacidad para decidir cómo quiere vivir un partido" al dar opciones como elegir cámaras, seleccionar distintas narraciones o acceder a estadísticas en tiempo real.
Además, Miguel Puertas no creo "que ninguna plataforma pueda garantizar el final definitivo de la piratería" por mucha seguridad que tenga y cree que "la adquisición de los derechos de La Velada del Año para las ediciones de 2027, 2028 y 2029 especialmente significativa". "Confirma que Netflix está construyendo una estrategia de entretenimiento en directo que va mucho más allá del fútbol", sentencia.
Entrevista completa con Miguel Puertas, experto en producción audiovisual
Pregunta: ¡Hola! La noticia ha pillado a muchos por sorpresa: el Mundial de Fútbol de 2030 se verá principalmente en Netflix. Acostumbrados a la señal de televisión tradicional o de pago, ¿qué diferencia técnica implica emitir un evento masivo en live streaming frente a la tele de siempre?
Respuesta: La principal diferencia está en cómo llega la señal al espectador. La televisión tradicional distribuye una misma señal a millones de hogares mediante redes de difusión, mientras que el streaming utiliza internet para entregar el contenido a cada dispositivo. En mi opinión, esto supone un desafío tecnológico extraordinario cuando millones de personas quieren ver simultáneamente un mismo acontecimiento.
Desde el punto de vista audiovisual, la realización puede ser prácticamente idéntica, con cámaras, unidades móviles y equipos profesionales. La gran diferencia aparece en la distribución. Netflix necesitará una infraestructura capaz de soportar enormes picos de audiencia sin interrupciones, manteniendo la calidad y reduciendo al máximo los retrasos. El verdadero reto no será únicamente producir una gran retransmisión, sino conseguir que millones de espectadores puedan disfrutarla simultáneamente con la misma fiabilidad que esperan de la televisión convencional.
P: ¿Crees que la señal será la habitual que vemos en la televisión tradicional? ¿O Netflix pondrá a disposición del cliente otras opciones interactivas para elegir, como multicámara o elegir qué comentaristas escuchar?
R: Creo que una de las grandes oportunidades de Netflix consiste precisamente en ofrecer una experiencia diferente a la televisión tradicional. El streaming permite desarrollar opciones como elegir cámaras, seleccionar distintas narraciones, acceder a estadísticas en tiempo real o personalizar determinados contenidos.
Ahora bien, que estas posibilidades existan tecnológicamente no significa que todas vayan a estar disponibles en el Mundial 2030. Netflix todavía tendrá que definir su propuesta. Lo interesante es que podría transformar al espectador de un receptor pasivo en alguien con mayor capacidad para decidir cómo quiere vivir un partido. Personalmente, creo que el futuro de las retransmisiones deportivas estará cada vez más vinculado a esa personalización, aunque sin perder algo fundamental: la emoción de compartir un acontecimiento en directo.
P: Uno de los problemas más comentados en redes sociales de la emisión del Mundial 2026 fue la latencia, es decir, escuchar el gol del vecino diez segundos antes de verlo en tu pantalla. ¿Cómo se resuelve técnicamente ese desfase en una plataforma no diseñada originalmente para el directo puro?
La latencia es uno de los grandes desafíos del streaming deportivo porque, a diferencia de una película o una serie, en el fútbol cada segundo importa. Ya sabemos que no hay nada más frustrante que escuchar celebrar un gol al vecino antes de verlo en nuestra pantalla.
Técnicamente, este retraso puede reducirse mediante protocolos de transmisión de baja latencia, una distribución más eficiente de los contenidos y sistemas que optimicen el procesamiento y la reproducción de la señal. También resulta fundamental acercar los servidores al espectador y evitar acumulaciones innecesarias de datos.
No obstante, eliminar completamente ese desfase resulta muy complicado, especialmente cuando intervienen diferentes operadores, dispositivos y conexiones domésticas. El objetivo debería ser reducirlo hasta niveles que no perjudiquen la experiencia. Para Netflix, conseguir una retransmisión estable y con una latencia mínima será uno de los principales indicadores de éxito tecnológico.
P: El Mundial 2030 tiene también una gran complejidad ya que, salvo cambios de última hora, se jugará en España, Marruecos y Portugal como principales anfitriones, pero también habrá partidos en Argentina, Paraguay y Uruguay. Esto provoca que la logística de realización también promete ser colosal al disputarse en tres continentes. Desde la perspectiva de la producción audiovisual, ¿cómo se organiza un despliegue de estas características? ¿Puede generar problemas?
R: Estamos hablando de una operación de una complejidad extraordinaria. Un Mundial requiere coordinar centenares de cámaras, unidades móviles, equipos de sonido, sistemas de comunicaciones, centros de producción y miles de profesionales trabajando de forma sincronizada.
La producción de la señal internacional suele organizarse mediante una estructura centralizada, con equipos desplegados en cada estadio y centros de operaciones encargados de supervisar las diferentes retransmisiones. A partir de esa señal, los operadores pueden incorporar sus comentaristas, programas y contenidos propios.
En 2030, la distribución geográfica añadirá dificultades logísticas relacionadas con los desplazamientos, las comunicaciones, los husos horarios y la coordinación entre países. Sin embargo, la tecnología de producción remota permite que determinadas tareas se realicen desde centros situados a miles de kilómetros.
Creo que será una demostración de hasta dónde ha evolucionado la producción audiovisual. El desafío no consistirá únicamente en disponer de la mejor tecnología, sino en conseguir que todos esos profesionales y sistemas funcionen como un único equipo.
P: Otro de los problemas más temidos por los espectadores: la calidad de la imagen. A nivel de percepción visual y sonora, muchos espectadores se quejan de que el live streaming pierde brillo respecto al cable o satélite. ¿Qué estándares de calidad visual y de sonido se esperan para el Mundial 2030?
R: La tecnología actual permite ofrecer retransmisiones deportivas con una calidad extraordinaria, pero conviene diferenciar la calidad de producción de la calidad que finalmente recibe el espectador.
Podemos trabajar con cámaras de altísima resolución, sistemas HDR que mejoran el contraste y el color, sonido envolvente y realizaciones cada vez más sofisticadas. Sin embargo, en el streaming intervienen factores como la velocidad de conexión, la compresión de vídeo o las características del dispositivo.
Para 2030 sería razonable esperar una apuesta por una imagen de alta definición, con posibilidades de ofrecer 4K, HDR y formatos avanzados de sonido, aunque las especificaciones definitivas todavía deberán confirmarse.
En mi opinión, lo verdaderamente importante no será alcanzar la máxima resolución posible, sino garantizar una calidad constante. Prefiero una retransmisión estable, con una excelente realización y un sonido cuidado, que una imagen espectacular que se interrumpa continuamente.
P: Históricamente en España, las audiencias son importantes para medir el éxito de un formato. La medición de audiencias de la TDT depende de los audímetros de Kantar Media sobre una muestra representativa de hogares. Sin embargo, en el streaming, Netflix es quien maneja sus propios datos. ¿Cómo cambia el modelo para medir el éxito real de un partido en una plataforma bajo demanda frente al share de la televisión tradicional?
R: Estamos ante un cambio importante en la manera de entender las audiencias. La televisión tradicional utiliza sistemas de medición basados en muestras representativas de hogares, mientras que las plataformas digitales pueden obtener información mucho más detallada sobre el consumo dentro de sus propios servicios.
Netflix puede conocer cuántas cuentas o dispositivos acceden a una retransmisión, cuánto tiempo permanecen conectados, en qué momentos abandonan el contenido o desde qué dispositivos lo consumen. Esto permite analizar comportamientos que antes resultaban mucho más difíciles de identificar.
Sin embargo, existe una cuestión fundamental: una conexión no equivale necesariamente a un espectador. Una familia puede estar viendo el partido en una sola pantalla, mientras que otra persona puede cambiar varias veces de dispositivo.
Por eso considero que el futuro de la medición debería combinar la precisión de los datos digitales con criterios independientes y transparentes que permitan comparar audiencias entre plataformas. No basta con disponer de muchos datos; necesitamos que sean comprensibles, verificables y comparables.
P: Sobre el eterno y temido fantasma: la piratería. Muchos espectadores piratean la señal de las operadoras de pago para poder ver el fútbol u otros deportes. ¿Crees que la emisión en Netflix es el final de la piratería en el mundo del deporte? Al tratarse de una señal 100% digital e IP, ¿qué herramientas técnicas y de ciberseguridad debe desplegar Netflix para combatirlo durante un evento de semejante magnitud?
R: No creo que ninguna plataforma pueda garantizar el final definitivo de la piratería. Es un problema que lleva décadas acompañando a la industria audiovisual y que ha ido adaptándose a cada transformación tecnológica.
Netflix cuenta con herramientas que pueden dificultar considerablemente la distribución ilegal de sus contenidos, como los sistemas de protección digital, el cifrado, las marcas de agua forenses que permiten identificar el origen de determinadas filtraciones y los mecanismos de detección de retransmisiones no autorizadas.
Pero también debemos entender que la piratería no es exclusivamente un problema tecnológico. La accesibilidad, el precio y la facilidad de uso influyen en el comportamiento de los consumidores.
Para mí, una de las mejores herramientas para combatirla es ofrecer una experiencia legal que resulte cómoda, estable y atractiva. Cuando el usuario encuentra fácilmente el contenido, disfruta de buena calidad y percibe un valor razonable, disminuyen algunos de los incentivos para recurrir a alternativas ilegales.
P: Netflix también ha sido noticia esta semana por otro acontecimiento relevante a nivel audiovisual como es la compra de los derechos de La Velada de Ibai, ¿qué opina de esta compra?
R: La adquisición de los derechos de La Velada del Año para las ediciones de 2027, 2028 y 2029 me parece especialmente significativa porque confirma que Netflix está construyendo una estrategia de entretenimiento en directo que va mucho más allá del fútbol.
Ibai Llanos ha demostrado que los nuevos creadores digitales pueden generar acontecimientos capaces de reunir audiencias millonarias y competir por la atención del público con los grandes formatos televisivos.
Lo interesante es que Netflix no está incorporando únicamente un evento deportivo, sino una comunidad, una forma de comunicar y una relación con el espectador que nació fuera de los medios tradicionales.
Desde una perspectiva audiovisual, también representa una oportunidad para experimentar con nuevos lenguajes de realización, narrativas adaptadas al público digital y fórmulas que combinan deporte, música y entretenimiento.
Ahora bien, adquirir derechos no garantiza por sí solo el éxito técnico de una retransmisión. La plataforma deberá demostrar que puede trasladar esa experiencia a su infraestructura manteniendo la calidad y la conexión con el público.
P: Para terminar, Miguel: ¿crees que el Mundial 2030 marcará el fin definitivo de la televisión deportiva tal y como la conocíamos?
R: No creo que estemos asistiendo al final de la televisión deportiva, sino a una transformación profunda de su modelo de distribución y consumo.
La televisión tradicional sigue ofreciendo ventajas importantes, especialmente en acontecimientos de enorme audiencia, donde la estabilidad de la señal y el acceso universal continúan siendo fundamentales. De hecho, el acuerdo del Mundial 2030 contempla también la emisión en abierto de determinados partidos, incluidos los de la selección española, las semifinales y la final.
Lo que estamos viendo es cómo las grandes plataformas digitales han dejado de considerar el deporte en directo como un territorio exclusivo de las televisiones convencionales. Probablemente avanzaremos hacia modelos híbridos, donde convivirán plataformas, operadores tradicionales y nuevas experiencias interactivas.
Para mí, lo verdaderamente relevante es que el deporte seguirá teniendo un enorme valor audiovisual porque posee algo que ninguna plataforma puede fabricar artificialmente: la emoción, la incertidumbre y la necesidad de vivir un acontecimiento en el momento en que sucede.