El próximo 29 de noviembre tendrá lugar las elecciones generales para gobernar España. Gabriel Rufián es uno de los candidatos que se presentan, por lo que está recorrieron los platós de televisión para hacer campaña. Ha sido el primer invitado de En línea, el programa de Sarah Santaolalla en La Séptima, pero la noche de antes estuvo en Cara al show.
Este miércoles, 4 de noviembre, Gabriel Rufián acudió al formato de Marc Giró para reflexionar sobre el escenario político actual. Sin embargo, también tuvo tiempo para recordar su vida antes de convertirse en uno de los políticos más conocidos de España. "Trabajé como comercial durante varios años de mi vida, igual que mucha gente que nos está viendo", rememoró.
Atresmedia
"Cuando tenía veintipocos años, disponía de treinta segundos para convencer a alguien de que me dejara entrar en su despacho y venderle aquello que tenía que vender", explicó Gabriel Rufián, quien recordó una mala experiencia. "Me pegaron en mi primer trabajo. Me pegó un compañero. Llegué allí, fueron pasando los días… Era un tío que estaba grillado como un tambor y era yudoca. Me acuerdo de que, estando de espaldas, le hice así y él me hizo una llave que me dejó sin respirar. Tenía diecinueve años", comentó.
El político catalán reconoció que venía "de lo más bajo". "Yo he cobrado mil pavos y me han bajado el sueldo. Me lo comunicó un tipo que llevaba una pluma Montblanc que costaba mil pavos y que me decía que él tampoco llegaba a final de mes", señaló Gabriel Rufián sobre su experiencia laboral antes entrar en política.
"Durante la carrera trabajé, sobre todo, en tiendas de ropa, como tanta otra gente, para pagarme la matrícula. Una de aquellas empresas era un gran centro comercial", afirmó a la que definió como "la selva". "La gente competía. Había una parte variable del sueldo que era la que te permitía llegar mejor o peor a final de mes. Ese variable dependía de las comisiones por cada compra. Yo allí lo pasé muy mal", explicaba Rufián.
El político señaló que siempre recuerda aquellos duros días. "Con tal de no tener que trabajar los sábados, me conformo. Te juro que todavía estoy en el escaño, veo mi nombre y pienso: 'Cállate, que te van a echar'. Veo mi nombre allí, con lo de 'excelentísimo' y toda la hostia; hablo, los demás se callan y yo pienso: 'Tío, cállate'", concluyó.