"Los niños entendieron mejor el mensaje que los adultos": Leo Harlem y El Langui regresan en 'La familia Benetón + 2'
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
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Joaquín Mazón dirige la segunda parte de esta película que en 2024 recaudó cuatro millones de euros en nuestro país. La secuela ya está en cines

Hay familias que se eligen y familias con las que, sencillamente, tienes que lidiar, aunque eso no siempre tiene por qué ser algo malo. Y si no que se lo digan a La familia Benetón, liderada por Leo Harlem y El Langui. Además de tener que afrontar la llegada de los cinco hijos adoptados por su hermana y aprender valiosas lecciones por el camino, los 'Benetón' también arrasaron en taquilla.

Tras el éxito inesperado de esa primera entrega, el director Joaquín Mazón se enfrentaba a un reto complicado: demostrar que una secuela no solo era necesaria, sino que podía ser mejor. Con La familia Benetón + 2, el director vuelve a reunir a su peculiar tribu en una historia que crece junto a sus personajes y que apuesta por algo más que la risa fácil.

La familia Benetón regresa a la gran pantalla para demostrar que donde comen cinco, comen siete... y que el caos siempre es mejor si es compartido.

¿Cómo ha sido la vuelta al rodaje? No es lo mismo hacer una primera película que volver con una secuela que ya sabes que ha funcionado. ¿Has sentido presión?

Bueno, la verdad es que solo puedo decir cosas buenas y esto siempre se dice, ¿no?, pero es que en esta lo digo de verdad. En otras películas igual eres un poco más político, pero aquí coincidir otra vez con Leo, que ya de repente tiene los códigos cogidos, con el Langui, con los propios niños que a mí me adoran y yo les adoro a ellos… Entonces, todo ha sido bastante positivo y yo creo que se refleja en la película.

Yo la presión me la pongo yo en rodaje. Me meto en una presión a mí mismo, pero una vez que la película está terminada, no tengo ninguna presión porque hemos hecho lo mejor que hemos podido. Quiero que funcione, yo espero que sí porque es que la película es mucho mejor que la uno. De hecho, hasta el punto que yo creo que son películas muy diferentes. No es la típica película que sigue los mismos patrones que la anterior, ni siquiera de color o de planos. Hemos hecho una película completamente diferente y la verdad es que yo estoy feliz, porque hubo un momento de duda. Dijimos: “¿Merece la pena hacer una segunda parte?”. Yo dije: “Yo si la hago es para hacerla mucho mejor”, porque con la uno me quedé con sensaciones de que podíamos haberla hecho mejor. Yo creo que hemos cumplido con crecer lo que queríamos, o sea, que yo estoy muy feliz, con muchas ganas además.

¿Tardasteis mucho en dar con la idea para la secuela o era algo que se había quedado pendiente de la primera?

¿Sabes qué pasa? Ya sabes que las comedias evidentemente tienen que hacer reír, pero yo en mis películas intento siempre hablar de algo, aunque sea un poquito, que deje un poso de "me han contado una historia". Eso me importa más que que haya chistes en el guion. Uno de los retos en una comedia como esta -que es muy coral, con cinco niños y niñas, con dos actores adultos- es que todos los personajes tuviesen una evolución y poder contar algo de cada uno de ellos, porque si no vas dejando personajes colgados. Ese yo creo que era el reto grande: no tanto qué historia contar, sino cómo evolucionan siete personajes en una película.

Nos hemos agarrado al cambio de edad que han tenido los propios niños. Entonces sus conflictos han ido de la mano de sus conflictos reales. Quiero decir, de repente el mayor no sabe qué hacer con su vida. La niña pequeña ahora es un poco más mayor, pero tiene otras preocupaciones. Y ahí hemos encontrado un equilibrio que está muy bien con los cinco niños.

Y luego dijimos: vamos a convertir a la pareja de Leo y de Langui, que ya vimos que funcionaba muy bien y tenía muy buena química en la primera, en una extraña pareja de verdad, como si fuese un matrimonio. Y vamos a ponerles en el gran problema de verdad de criar desde el inicio. Y ahí fue donde entraron las dos bombas de relojería que tenemos en la tribu.

En tu caso, esa regla no escrita de “no trabajes con niños” aquí no se aplica. Ellos aportan mucha magia, ¿no?

Sí, sí. Yo creo que esa regla era otra época. Es muy complicado trabajar con niños, es complicadísimo, pero también tiene… a mí me gusta mucho abrazar los problemas. Quiero decir, si es complicado, vamos a ver cómo gestionamos esto. Yo no soy de estos directores que pone la cámara y le dice al niño "repite la frase tres o cuatro veces" y luego lo montas. Yo soy muy pesado en que las puestas en escena, en los planos generales, estén bien.

Hago 15 tomas del plano general porque me gusta que la musicalidad de la escena esté clara y que los niños estén metidos en la escena. Y claro, eso complica mucho porque coordinar cinco niños, dos bebés y dos adultos es muy complicado. Pero a mí me gusta tratarles como profesionales y con la responsabilidad que implica un rodaje. Ellos saben que hay momentos para disfrutar y momentos en los que hay que trabajar, y eso no está reñido con la exigencia.

¿Cómo es trabajar con Leo Harlem? ¿Improvisa mucho? ¿Es más difícil dirigirle que a los niños?

Pues fíjate, no. Yo he encontrado un código con Leo fantástico, porque no improvisa tanto; improvisa más Juan el Langui. Pero hacen muy buena química y Leo es muy trabajador. Es una pasada como persona, pero como actor es muy profesional. Trae sus chuletas, no lleva el guion sino que tiene su propio guion trabajado a mano, como hacíamos en el colegio. Eso le ayuda a memorizar. Improvisa poco, pero cuando tiene que improvisar porque la situación se da, es el mejor haciéndolo. A mí me encanta trabajar con él porque he encontrado un código: en un rodaje lo más tedioso son los parones entre toma y toma, y en comedia eso hace que los actores pierdan energía. Entonces con él he encontrado la manera de no parar. Rodamos tres tomas seguidas si hace falta sin cortar. Claro, me quieren matar los de las tarjetas de memoria y el montador, pero eso hace que la cosa esté viva. Y él cuando está vivo es un genio. Cuando se aburre es el problema, así que intento que no se aburra.

Para cerrar, la película tiene un mensaje claro sobre tolerancia. ¿Crees importante que el cine familiar tenga ese componente educativo?

Te agradezco lo que dices. Hay una falta de respeto a la comedia, como si no fueran buenas películas, y yo no estoy de acuerdo. Las películas son como tienen que ser según el género. Se pueden hacer comedias contando algo, aunque sea un poquito. Por ejemplo, con el niño mayor queríamos hablar de algo que pasa hoy: que todos quieren ser iguales, vestir igual, hablar igual. Y si eres diferente, eres raro.

Pero es bonito que nuestro personaje diga: “Es bonito ser como soy”. Son pequeños mensajes importantes, sobre todo en la comedia infantil. Los niños reciben todo muy bien. En la primera hubo adultos que no entendieron la película, pero los niños sí entendían perfectamente el mensaje de igualdad, de tolerancia, de lo bonito que es ser diferente. Y eso te hace pensar que tenemos mucho que aprender de ellos. Los niños son más perceptivos, más sensibles. Nosotros estamos peor. Ellos conviven con diversidad con total naturalidad. Tenemos mucho que aprender de ellos.

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