José Luis López Vázquez tenía miedo de que fuera una mamarrachada, pero el resultado fue increíble, y de alguna manera la censura franquista no vio lo que estaba pasando: una alegoría trans cuando lo trans ni siquiera existía
En 1972, ya nos habíamos acostumbrado en España a que nos nominaran al Óscar. Desde que Juan Antonio Bardem lo consiguiera en 1956 con La Venganza, había habido otras cinco películas que llegaron a Hollywood. La última de ellas, Mi querida señorita, rompió moldes allá por donde pasó, y en Estados Unidos estaban absolutamente anonadados al pensar que algo así podía venir de una dictadura como la de Franco. No es que el dictador se hubiera vuelto muy queer en sus últimos días, sino que Jaime de Armiñán le pudo meter un gol por la escuadra a la censura sin darse ni cuenta.
¿Qué me va usted a contar, señorita?
Con la nueva versión de Mi querida señorita producida por Los Javis es el momento de mirar atrás, porque la versión de 1971 no se ha quedado vieja en absoluto. De hecho, es ahora tan vigente como entonces, si no más. En parte, gracias a una escena final que ha pasado a la historia del cine: para mí, no solo es el mejor final de la historia del cine español (junto con la partida de cartas de Viridiana), sino que además sorprende incluso a los espectadores contemporáneos.
De alguna manera, la censura pasó por alto una frase de Julieta Serrano con la que termina la película y que con los años ha adquirido el carácter mítico de "Nadie es perfecto" o "Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad": "¿Qué me va usted a contar, señorita?". Con esa frase se derribaban tabúes de género, creando y solidificando la primera película trans de la historia de España, mostrando que, al igual que la sociedad española, Isabelita está preparada para el cambio.
Este final es pura bondad, amor y respeto, tres adjetivos que en la época parecían estar ausentes de España. No sabemos lo que va a pasar después de que la cámara se apague, pero no hace falta: el personaje de José Luis López Vázquez tiene la libertad de ser quien quiera ser, sin necesidad de que nadie le chiste o le haga un feo. ¿De qué tienes miedo si te quiero?