Durante 25 años, esta película calificada con 4,2 /5 estrellas ha sido tan perturbadora que nadie puede volver a verla
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

En 2001, una película absolutamente descabellada llegó a los cines y conmocionó a millones de espectadores

Hay películas que contienen unas imágenes tan perturbadoras y viscerales que resulta tarea imposible volver a verlas. Al decir esto, seguramente has pensado en películas de terror como El exorcista o Holocausto caníbal, pero hoy vamos a hablar de una que no tiene nada que ver con ese género y, aún así, deja una marca profunda. Se trata de Requiem for a dream, la cinta de 2001 dirigida por Darren Aronofsky.

Ya desde su estreno los críticos señalaban que podía ser "demasiado intensa para algunos" y, más de dos décadas después, la sensación sigue siendo la misma. Es uno de esos títulos imposibles de olvidar una vez que lo has visto.

La trama sigue a Harry Goldfarb, un joven que, junto a su novia Marion y su amigo Tyrone, vive controlado por su adicción a las drogas. El trío solo busca una vida mejor, pero está atrapado en una espiral de caídas, angustia y desesperación. La madre de Harry, Sara, tiene otro tipo de adicción: la televisión. Viuda desde hace años, vive en Coney Island sin más compañía que la de su amado televisor. Sueña con participar en su concurso favorito, y para ello debe perder peso, pues no puede acudir al programa sin su preciado vestido rojo. Su nueva dieta le acaba por atrapar.

Dirigida por Darren Aronofsky, la película está protagonizada por Jared Leto, Jennifer Connelly, Marlon Wayans y Ellen Burstyn.

Con la inquietante banda sonora de Clint Mansell, Requiem for a Dream es una experiencia verdaderamente visceral que disuadiría a cualquiera de consumir drogas. A diferencia de muchas historias sobre drogas o adicción, no ofrece prácticamente ningún respiro. Desde el principio, el espectador comprende que los personajes persiguen sueños destinados a distorsionarse y, en última instancia, a destruirse. La historia se desarrolla como un descenso implacable, sin ningún momento real de catarsis ni esperanza.

Nadie quería participar en esta película, pero quien aceptó el papel llevó su interpretación a un lugar donde pocas veces había llegado

Aronofsky ofrece un despliegue de todo lo que sabe hacer con la cámara: avance rápido, cortes abruptos, primeros planos que inundan la pantalla, planos secuencia con cámara en mano. Si una película suele tener entre 600 y 700 cortes en 100 minutos de duración, Requiem tiene más de 2000. La historia, por sí misma, no deja ningún rastro de esperanza al espectador, pero el modo de contarlo del director, además, oprime aún más la experiencia hasta dejarnos sin aliento.

"La película de Aronofsky es extrema, conscientemente extrema, buscando que el espectador pueda rechazar la película tanto como admirarla", escribió Virginia Montes en su crítica para SensaCine, "Los actores, todos ellos excelentes, sobre todo la veterana Ellen Burstyn, y la música de Clint Mansell (mitificada y utilizada desde entonces de manera constante) aportan a Réquiem por un sueño un toque más de calidad que, junto al trabajo del director, convierten a la película en una obra fascinante y necesaria para comprender tanto el cine del siglo XXI como la sociedad que lo consume".

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