La actriz recuerda lo mal que lo paso cuando llegó a Madrid para buscarse la vida. Tuvo que regresar a su Alicante natal para que sus padres le ayudaran
Belén Rueda es una de esas actrices que, a día de hoy, son un valor seguro casi para cualquier producción. Pero no siempre fue así. Tuvo que ir construyendo su camino desde cero y al comienzo pasó por muchos baches y derroteros que no auguraban un futuro en la industria de la interpretación. De hecho, ella quería estudiar arquitectura, pero también estuvo a punto de convertirse en bailarina de ballet y hasta pudo tener una vida en Italia. Nada de eso funcionó y ahora la conocemos como la actriz Belén Rueda.
Durante una sincera entrevista con Ricardo Moya en El sentido de la birra, Rueda repasó su infancia y primeros años de juventud. Nació en Alicante, pero sus padres decidieron mudarse a la Playa de San Juan buscando una mejor calidad de vida. Ella asegura que allí no había nadie, solo turistas, así que le parecía extremadamente solitario.
"La última semana de mes no tenía dinero en mi balda de la nevera y tenía que irme a comer a casa de mis amigas"
Su madre era profesora de ballet, por lo que Belén cursó la carrera de ballet clásico y español desde muy pequeña. A los 13 años, unos ojeadores de la Ópera de París le propusieron prepararse para entrar en su escuela. Ella se decantaba entre arquitectura -su padre era ingeniero de caminos- o seguir el camino de su madre, pero prefirió trasladase a Madrid para estudiar COU y después ingresar en la universidad y realizar los estudios de arquitectura.
En Madrid no lo pasó nada bien. Compartía piso en casa de una señora llamada Mila y apenas le llegaba el dinero para comer. "Una rebanada de pan, solo una rebanada de pan, pero ya me sobraba. Entonces, como tenía algunas amigas, le decía: '¿Me puedo ir a tu casa a comer?' Ellas vivían con sus madres todavía... Es que yo era muy pequeña, tenía 22 años, es que era una enana y me iba buscando la vida así como podía", cuenta.
"Me apuntaba todo en una libretita, hasta lo que me costaba un té. Tenía una libretita: el té, no sé qué... Bueno, yo esto lo he vivido. Y hay una parte en la que no quieres tener que ir a llamar a casa otra vez en plan 'Oye, ¿me puedes ayudar?' Porque tú ya sabes que hay un esfuerzo detrás de ayudarte lo que se puede. [...] Prefería ese orgullo de: 'Bueno, una semana, vamos a ver dónde como y tal'", recuerda.
"Acababa mis clases a las 10 de la noche, tomaba un autobús que salía a las 12 de la noche y llegaba a las 7 de la mañana y me iba al casting"
Por detrás de eso, asomaba el deseo de ser actriz y tenía que hacer malabares para presentarse a audiciones mientras estudiaba.
Llegó un momento en que no podía alargar mucho más la situación y regresó junto a sus padres: "Yo en aquel entonces, después de estar aquí en Madrid, ya no me fue muy bien y entonces volví a Alicante y le dije a mi madre si me podrían ayudar. Y bueno, abrí una escuela de ballet en un pueblecito que se llama San Juan, el pueblo de San Juan. Y entonces daba clases de ballet allí y cuando tenía algún casting me venía, entonces me venía a hacer un casting aquí a Madrid; o sea, venía, iba y venía en autobús".
"Claro, no había dinero, esos son... ¿qué, 5 horas? Y las carreteras ahora son maravillosas, entonces no eran estas, ¿eh? Claro, son 6 horas, 5 horas de... Pues yo acababa mis clases a las 10 de la noche, había un autobús que salía a las 12 de la noche, claro, llegaba aquí a las 7 de la mañana y me iba a hacer el casting. Luego me volvía en autobús otra vez, No siempre ha sido fácil", continúa.
Rueda pensó que eso de la interpretación no era para ella porque era muy tímida, pero después de aparecer en programas de televisión se atrevió a estudiar actuación. Hubo quien creyó que no era posible que una azafata pudiera actuar, pero han pasado décadas y ha quedado más que demostrado que era capaz de interpretar personajes.