El actor protagoniza 'En el corazón de la bestia', un 'thriller' de supervivencia que explora el vínculo entre un humano y su perro. "Necesito esos momentos de tranquilidad. Me agoto bastante rápido y necesito volver a llenarme", dice el actor
La primera vez que Brad Pitt y David Ayer trabajaron juntos fue, como describe el director, "la guerra". Lo que ocurrió en Corazones de acero (2014), esa colaboración artística, fue algo que, más de una década después, se repite ahora con En el corazón de la bestia. Eso sí, esta nueva vez, ha sido, en palabras de Ayer "la paz".
En el corazón de la bestia es un 'thriller' de supervivencia en el que los veteranos de guerra James y Odín, un hombre y su perro, intentan salir con vida de un ambiente, las montañas de Alaska, de lo más hostil. El filme llega a los cines españoles el 25 de septiembre y, con este proyecto, al actor y al cineasta les ha servido para explorar otros ámbitos de su trabajo en equipo.
"Tuve una experiencia muy especial con Corazones de acero", afirma el actor en SensaCine en el Festival de Cine de San Sebastián, donde se ha presentado el filme. "Esta película parecía… no sé, conociendo su historia y él conociendo, en cierta medida, la mía, sentíamos que esta era la combinación adecuada. Creo que ambos estábamos en momentos de nuestras vidas en los que queríamos explorar algo realmente abierto y vulnerable, todo lo vulnerables que podíamos llegar a ser siendo dos criminales curtidos. Así que sí, parecía una combinación natural".
Pregunta: El vínculo entre James y Odín es el corazón de la película. ¿Es más fácil trabajar la química con un perro que con un humano?
Brad Pitt: Probablemente es más fácil con un perro [ríe]. La verdad es que congeniamos enseguida. Lo más importante era asegurarnos de que Uber, que interpreta a Odín, confiara en mí y se sintiera seguro conmigo. Así que las primeras semanas fueron tiempo para jugar todos los días. Pasábamos el rato juntos, jugábamos, comíamos… pasábamos el día. Para cuando llegamos al rodaje, era como una extensión de todo eso.
Pregunta: ¿Qué os permitió contar o mostrar este tipo de vínculo que quizá habría sido diferente con una relación entre dos personas?
David Ayer: Es interesante cómo nos comportamos las personas. Nos ponemos máscaras unos con otros. Es difícil decir lo que sentimos de verdad y ser sinceros. Hay una especie de política personal en el comportamiento dentro de cada interacción humana. Con un perro, en cambio, todo es puro. Es confianza. No tenemos que llevar una máscara. El perro es al cien por cien quien es y te da amor y confianza. Hay algo en eso que saca a la luz quién es realmente una persona. Así que Odin se convirtió en un espejo que nos permitió entender a James.
Pregunta: No es la primera vez que trabajáis juntos. Han pasado más de diez años desde Corazones de acero (2014). ¿Cómo de diferente ha sido esta vez?
B.P.: Fue bastante especial. Desde el principio dije que no veía a otro hombre que pudiera contar mejor esta historia. Tuve una experiencia muy especial con Corazones de acero, que David escribió y dirigió. Esta película parecía… no sé, conociendo su historia y él conociendo, en cierta medida, la mía, sentíamos que esta era la combinación adecuada. Creo que ambos estábamos en momentos de nuestras vidas en los que queríamos explorar algo realmente abierto y vulnerable, todo lo que podíamos llegar a ser de vulnerables siendo dos criminales curtidos [ríe]. Así que sí, parecía una combinación natural.
D.A.: Corazones de acero era la guerra. Esta es la paz. Cuando haces una película de guerra, todo es caos. En esta película es como perseguir un susurro. Estás persiguiendo una interpretación, la intimidad. Yo manejo la cámara, así que estoy ahí mismo, en el set, con Brad y con el perro. Y por eso todo giraba mucho más en torno a la confianza que a cualquier otra cosa. La disposición de Brad a mostrar su corazón, sus emociones, a filtrar su vida a través de este personaje… fue un honor para mí como director. Mi trabajo consistía en crear las condiciones para que él se sintiera seguro y pudiera hacerlo.
Pregunta: James busca paz y tranquilidad marchándose a un lugar aislado, en las montañas de Alaska. Trabajando en esta industria, la del cine, ¿también necesitáis eso de vez en cuando?
B.P.: Oh, sí. Sin duda. Me encanta la cacofonía de la multitud y trabajar con toda esta gente tan inteligente e interesante de nuestra industria. Las conversaciones son increíbles y la experiencia es increíble. Pero también necesito esos momentos de tranquilidad. Me agoto bastante rápido y necesito volver a llenarme. Encuentro paz en la naturaleza o con los amigos. Encuentro claridad ahí y realmente creo en el valor de la soledad.
D.A.: Para mí es interesante porque, en el trabajo, estoy básicamente al mando de un ejército. Tengo a toda esta gente a mi alrededor y tengo que fingir que sé lo que estoy haciendo, fingir que estoy al mando.
B.P.: Y responder miles de preguntas todos los días [ríe].
D.A.: Brad siempre tiene muchas preguntas. ¿Qué significa esto? Si me lo invento, no le gusta. Así que tengo que buscar la respuesta real y decírsela. Pero, como artista, tengo que recargarme. Tengo que escuchar a mi corazón. Tengo que traducir las historias que escucho y a las personas que conozco a través del instrumento de mi alma. Y esa es la dicotomía de ser director, de ser creativo: el verdadero trabajo se hace en aislamiento.