El actor está a punto de publicar sus memorias, donde comparte experiencias y pensamientos sobre su experiencia en la saga de viajes en el tiempo
Inolvidable por su papel de Doc Emmett Brown en la trilogía Regreso al futuro y su trabajo como Fétido Addams en La familia Addams de los años 90, Christopher Lloyd es uno de esos actores que tendrá para siempre un trocito de nuestros corazones. Hoy cumple 88 años.
Aunque desempeñó los papeles más importantes de su vida -también Alguien voló sobre el nido del cuco, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y El juego de la sospecha-, entre otros- en la primera parte de su carrera, el veterano intérprete sigue plenamente en activo. De hecho, en los últimos años le hemos podido ver en pequeños papeles en series tan importantes como Miércoles, un guiño perfecto a su pasado "Addams", o la película de acción Nadie 2 con Bob Odenkirk.
Ahora, Lloyd está a punto de publicar sus memorias.
Lo hará el próximo 27 de octubre, fecha en que sale a la luz My Own Time, un libro en el que comparte un montón de anécdotas de su vida que no había contado nunca. Como reza la sinopsis oficial, "desde que durante su infancia en una finca en Connecticut, donde fue criado por institutrices y lidió con la dinámica 'complicada' entre sus padres, se convirtió en un agudo observador de las personas que lo rodeaban".
En sus memorias, Lloyd recorre su trayectoria desde los inicios de su carrera como actor de teatro en Nueva York y sus papeles icónicos, al tiempo que también ofrece una mirada más íntima sobre su vida. Por supuesto, su experiencia en Regreso al futuro es una parte esencial de estas memorias.
En uno de los fragmentos de la biografía a los que ha tenido acceso David Baldacci en exclusiva, Christopher Lloyd recuerda cómo fue la llegada a la película de su inseparable amigo y compañero Michael J. Fox, quien sustituyó a Eric Stoltz como el icónico Marty McFly aunque ahora no podamos imaginar a ningún otro interpretando ese papel.
"Eric Stoltz era un buen actor, y su interpretación me parecía correcta. Sin embargo, cuando los productores revisaron el material rodado, se dieron cuenta de que faltaba algo", recuerda Christopher sobre aquel incómodo momento en que el actor fue sustituido cuando ya llevaban seis semanas de rodaje. "Su salida fue algo triste. Eric se había esforzado mucho en el papel y había cumplido con todo lo que se le pedía; simplemente, le faltaba esa cualidad, esa energía específica que buscaban para el personaje".
Cuando Michael J. Fox se incorporó al trabajo, no había tiempo que perder, por lo que no hubo una fase previa de preparación que les permitiese conocerse mejor. De hecho, Fox estaba trabajando en su serie Enredos de familia y su agenda estaba tan apretada que no le quedaba tiempo para demasiada camaradería con el resto. "No hubo tiempo para ensayos ni para una lectura de guion con nuestro nuevo Marty; tampoco hubo oportunidad de comprobar cómo funcionaba su química en pantalla conmigo, con Lea Thompson o con el resto de los actores que ya formaban parte del proyecto. Michael simplemente llegó y se puso frente a las cámaras; sentía un enorme respeto y admiración por lo que estaba haciendo. Trabajaba por partida doble; lo trasladaban constantemente de una producción a otra, y a veces dormía en el coche o en el avión que lo llevaba de un lado a otro, pues era el único momento que tenía para descansar. Aun así, lo logró, y eso nunca afectó a la calidad de su trabajo".
En el momento en que empezaron a trabajar juntos, Lloyd notó que Fox tenía un talento especial para la comedia y recuerda que eso le pilló por sorpresa, pero que le ayudó mucho a brindar su mejor versión. "Me recordó a una lección que aprendí cuando estudiaba con Sandy Meisner: tu interpretación no depende de ti; depende de lo que esté haciendo la otra persona. Es una generalización, sí, pero es cierta. Alguien hace algo y tú reaccionas a lo que esa persona acaba de hacer".
Como la conexión con Michael [J. Fox] surgió de forma natural, no tuvimos que dar vueltas ni esforzarnos por entablar una relación; simplemente fluyó, sin complicaciones. Encajó a la perfección, sin necesidad de ajustes
Sin embargo, fuera de los momentos de rodaje, la química entre los dos protagonistas tardó algo más en surgir: "Durante los ratos libres, Michael y yo permanecíamos cada uno por su lado. Nos separaba una generación, y él estaba, en la práctica, desempeñando dos trabajos a la vez; uno de ellos era una película en la que el resto del equipo ya llevaba semanas de rodaje, y de él se esperaba que se incorporara de inmediato y ayudara a salvar la situación. Debió de ser una carga muy pesada para él".
"Quizás, de vez en cuando, me sorprendía picoteando algo de lo que quedaba en la mesa de catering a altas horas de la madrugada, tras una larga jornada de rodaje; o bien, si veíamos a algún actor conflictivo discutiendo con Bob Zemeckis, intercambiábamos una mirada cómplice en silencio. Harían falta dos películas más de Regreso al futuro para que Michael y yo llegáramos a conocernos de verdad y entabláramos una amistad. Pero eso terminaría llegando".