Batió récords de audiencia y la cadena tuvo que volver a emitirlo para que los espectadores prestasen atención a todos los detalles
Hay series que no son solo series, sino que se transforman en un evento social y una cosa de importancia colectiva. Es lo que vivimos con Juego de tronos, por ejemplo, que todo el mundo hablaba de sus personajes. O con el final de Perdidos, que la gente organizó quedadas para ver cómo terminaba y comentarlo. Seguro que tú también piensas en algunos ejemplos, pero nada -y repito: NADA- hay comparable con el poder de las telenovelas.
Cuando una telenovela manda en países como México o Colombia, ten por seguro que la trama y el final se convertirán en asuntos de estado. Tenemos varios ejemplos a lo largo de la historia, pero la que supuso una auténtica revolución fue Cuna de lobos.
Nadie confiaba en la idea
Cuna de lobos fue creada por Carlos Olmos, considerado uno de los dramaturgos más influyentes de México. Comenzó sus emisiones el 13 de octubre de 1986 y terminó el 5 de junio de 1987, 170 episodios después. Cuenta la historia de Catalina Creel, la matriarca de la adinerada familia Larios. Durante años, Catalina ha usado un parche en el ojo derecho, fingiendo que su hijastro, Alejandro, se lo sacó con un juguete cuando era niño. A través de esta mentira ha logrado que su esposo, el magnate farmacéutico Carlos Larios, culpe al joven y la llene de lujos. Sin embargo, Catalina no está ciega.
Como ha confesado el actor Alejandro Camacho en el podcast La Cueva de Álvaro, en un principio nadie creía en este proyecto. De hecho, las únicas personas que apoyaron la idea fueron Emilio Azcárraga Milmo, propietario de Grupo Televisa, y Víctor Hugo O'Farrill, destacado productor de la cadena.
Azcárraga mandaba, así que la idea recibió luz verde. Y menos mal porque nació un fenómeno televisivo. Los involucrados en la telenovela no se daban cuenta del éxito que la historia de Catalina Creel estaba teniendo en el país. "Nunca nos dimos cuenta porque entrábamos a trabajar a las 8 de la mañana y salíamos de grabar a las 11 de la noche. Nunca supimos cuál era el fenómeno hasta que un día me encontré a Jacobo Zabludovsky y me dijo 'Alejandro, ¿estás consciente de lo que está pasando con la telenovela?", confesó el intérprete.
Un final que paralizó el país
Cuando llegó el final tras ocho meses de emisiones, México se paralizó: todo el mundo quería saber qué pasaba con la familia. "Fue caótico. En el aeropuerto los que revisaban las maletas pararon actividades para ver la telenovela mientras la gente esperaba. Vivo sobre el Periférico y ese día del final me llamó la atención el silencio que reinaba, es decir, la gente no salió de su casa. Fue una satisfacción muy grande y me queda claro que el éxito fue para todos", aseguró la protagonista, María Rubio, en una entrevista para Excélsior en 2011.
Cada episodio alcanzaba los 50 puntos de rating, pero el desenlace llegó a los 73, algo nunca visto antes. A Rubio, el personaje de Catalina Creel le pasó factura. "Creel me marcó en todos sentidos, hasta en mi vida cotidiana. Duré mucho tiempo sin tener quién quisiera trabajar conmigo, me veían cara de maldita, les daba miedo", explicó entre risas, "Pasaron cinco años para tener trabajo, de hecho me tuve que ir a Puerto Rico".