Críticas
2,5
Regular
Un fantasma en la batalla

La mejor Susana Abaitua está aquí

por Andrea Zamora

Amaia es profesora de infantil en el País Vasco. Su madre está en una residencia, postrada en cama. Amaia acaba de volver de Bélgica, donde ha estado viviendo hasta ahora, después de romper con su novio. Amaia es simpatizante de ETA y deja que la banda terrorista la utilice a ella y su casa. Amaia, en realidad, ni es profesora, ni vasca, ni ha vivido en Bélgica. Esa es la historia que cuenta y se cuenta. Amaia es guardia civil y va a pasar una década infiltrada en ETA. En sus primeros años, va a ayudar a detener a algunos miembros de la banda. En los últimos, su misión es la de localizar los zulos que tenía escondida la banda en el sur de Francia. Pero cuando vemos por primera vez a Amaia en pantalla, ella ni siquiera sabe cómo va a terminar todo esto: si viva o con un tiro en la nuca. Cuando empieza Un fantasma en la batalla, Amaia ya ha conseguido infiltrarse en ETA, pero todavía le quedan unos cuantos años de mentiras por delante.

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Un fantasma en la batalla, el nuevo largometraje de Agustín Díaz Yanes, es un 'thriller' sobrio que no siempre consigue mantener la tensión. Ambientado en los años noventa y los dos mil, se inspira en hechos reales: la operación encubierta más ambiciosa contra ETA, que supuso un antes y un después en la lucha antiterrorista en España.

Un 'thriller' frío

Es inevitable compararla con La infiltrada (2024), la aclamada cinta de Arantxa Echevarría que ganó el Goya a Mejor Película -empatada con El 47- y se convirtió en una de las obras más destacadas del año. Ese éxito tan reciente juega en contra de Un fantasma en la batalla, que intenta distanciarse alegando que la historia de Amaia es solo una muestra de lo que vivieron otros infiltrados. La sombra del filme de Echevarría sigue siendo muy alargada.

El largometraje desaprovecha tanto una trama con gran potencial como la interpretación de Susana Abaitua, que realiza su mejor trabajo en este filme. Aun así, el guion apenas profundiza en las emociones más íntimas de su personaje, restándole angustia, miedo y la sensación de riesgo inherente a su misión: basta con que la descubran para que todo, la operación y su vida, termine.

En el reparto también figuran Ariadna Gil y Raúl Arévalo, pero sus personajes, etarras siempre sospechando de Amaia, siempre al borde de descubrirla; son un mero trámite en la historia Algo parecido ocurre con Andrés Gertrudix, que interpreta al superior de la infiltrada.

Existen algunas escenas bien logradas, en las que se percibe de verdad la amenaza y el sacrificio personal que conlleva el trabajo de Amaia. No obstante, son momentos breves y poco frecuentes, lo que convierte el relato en una sucesión de episodios sin fuerza. La recreación histórica, junto con las imágenes de archivo de atentados reales y la música de Arnau Bataller, logran aportar cierto peso emocional. Pero ni siquiera con estos elementos Un fantasma en la batalla consigue exprimir al máximo una historia que tenía todos los ingredientes para brillar en la gran pantalla.