La primera vez que vi El sexto sentido (1999) fue debajo de la mesa del comedor de mis abuelos. La casa de mis abuelos es una de esas que sabes qué edad tienen sus propietarios con solo echar un vistazo. Las paredes de su salón soportan el peso del tiempo en forma de fotografías familiares y en ellas han rebotado muchos sonidos propios de una conversación a muchas voces. En el centro está la mesa, una que parece una fortaleza de madera maciza inquebrantable cuando eres una niña, pero que adquiere su decepcionante tamaño real cuando alcanzas la edad adulta. A su alrededor nos hemos sentado todos los miembros de la familia alguna vez. Hemos comido, hemos discutido, hemos reído, hemos cotilleado y hemos visto la tele. Cuando el videoclub era el Netflix de la gente, había una tradición cuando nos juntábamos todos: alquilar una película. Cuando yo rondaba los nueve años, El sexto sentido fue la elegida.
Sentada bajo el refugio de ese techo de madera, el 'thriller' de M. Night Shyamalan protagonizado por Bruce Willis pasaba delante de mis ojos y los de los adultos -mis padres, abuelos y tíos- sentados alrededor. Era una sobremesa. Olía a café y a dulces y, a veces, el sonido de un envoltorio abriéndose, la crujiente carne de una manzana rasgándose por el filo de un cuchillo, un carraspeo o estornudo y el tintineo de una cucharilla contra una taza se colaba en el silencio absoluto que reinaba en el salón. Esos y las voces de El sexto sentido eran lo único que se escuchaba.
Un ejecutivo de Disney compró este guion saltándose la jerarquía: le despidieron, pero la película fue un éxitoLa primera vez que vi El sexto sentido entendí que Willis, que era el único nombre y rostro que me era familiar, estaba ayudando a un niño con su extraña habilidad: ver muertos. Lo que no comprendí fue la razón por la que los adultos de la habitación se sorprendieron tanto en los minutos finales de la película. Yo, por entonces, ni entendía las líneas temporales del filme ni que Willis estaba muerto. Era demasiado joven. Tuvieron que pasar unos cuantos años para comprender de verdad lo que Shyamalan había hecho.
El problema de mi experiencia es que el segundo visionado no fue como una primera vez. No me había olvidado las reacciones de los adultos. Tampoco del comentario "está muerto" o "es un fantasma" con respecto al personaje de Willis. Así que, mi segunda vez, que debía ser como una primera, nunca fue tal cosa.
Walt Disney
El sexto sentido fue como volver a un lugar en el que había estado en el pasado, pero que estaba ya difuminado ya por el tiempo. Sabía lo que iba ocurrir y recordaba algunas imágenes, pero ahora tocaba darle sentido a todo ese maremágnum de cosas que tenía en la cabeza y entender de verdad su final.
Más que sorprendida por el final, lo que hizo mi segundo visionado fue darme cuenta de lo bien construida que estaba la historia para alcanzar esa gran revelación final. Entiendes todo lo que se dice ella: que es una de las grandes películas del género 'thriller' de los últimos 30 años. Y sí, aunque nunca me sorprendí por el final de El sexto sentido, también comprendí que dejara con la boca abierta a muchos durante semanas.