El nombre de Hannah Murray probablemente no te diga nada, pero la has visto en dos de las series más importantes de las últimas décadas. La actriz británica dio vida a Cassie en el drama adolescente Skins (2007). Después, se metió en la piel de Gilly en Juego de Tronos (2011). Aunque delante de las cámaras su vida parecía un éxito, detrás era un infierno.
Murray publica el 28 de mayo The Make-Believe, sus memorias, en las que habla sobre un episodio muy oscuro de su vida. En el libro, la actriz relata lo lejos que llegó en su búsqueda de sanación.
Como recoge People, Murray se vio obligada a exigirse mucho a nivel mental y físico a lo largo de su carrera. La actriz lo llevó al límite y su salud mental se vio perjudicada. Fue entonces cuando, tras acudir a un sanador energético, recurrió a una organización con un "líder carismático" que le prometió "más recompensas espirituales" si se involucraba.
'Juego de Tronos' da el salto al cine con su primera película sobre una de las historias más increíbles de los TargaryenAsí terminó Murray en una secta. La actriz se dio cuenta de que estaba en un entorno con "un control estricto" que exigía también una inversión económica. Pronto, se enamoró "peligrosamente" del líder de la organización. Esto condujo a Murray a sufrir una crisis y a ser ingresada en un centro psiquiátrico, donde recibió el diagnóstico de que padecía un trastorno bipolar.
Este suceso de su vida fue la gota que colmó el vaso. Supuso un cambio, una llamada de atención que hizo a Murray entender que había "cedido el control de su vida".
Murray ha tardado siete años en escribir The Make-Believe y con él reclama su historia. "Estoy muy orgullosa de este libro", ha contado la actriz. "Durante todo este proceso me he sentido empoderada para contar mi propia historia y recuperar mi propia narrativa. Me entusiasma compartirla con los lectores, para que puedan adentrarse en un capítulo de mi vida que fue a veces mágico, a veces caótico, a veces doloroso y oscuro".