Fernando Franco: "las monstruosidades no las cometen monstruos, porque no existen. Existen los humanos, y nosotros somos los que hacemos o dejamos de hacer"
Sara Heredia
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

Alberto San Juan interpreta al sacerdote Manuel, quien quiere colgar los hábitos y empezar una nueva vida, pero su pasado irá tras él. 'La luz' ya está en cines

Buena Vista Pictures

Últimamente estamos escuchando hablar mucho del 'cine algoritmo', aquel cine producido en masa sin ningún tipo de riesgo creativo que se diseña específicamente para que tenga éxito rápido -aunque también volátil-. También está en las conversaciones el modo en que Netflix pide a sus guionistas que escriban las historias pensando en que los espectadores no están prestando atención a lo que sucede en pantalla. Es decir, que subrayen detalles de la trama que necesitan ser señalados para aquellos que planchan o hacen la comida mientras tienen la serie de fondo.

Eso existe y cumple una función, pero no es cine. Cine es lo que Fernando Franco ha hecho en La luz, una película sobre los abusos sexuales a menores dentro de la iglesia que es lo opuesto al 'cine algoritmo'. Franco nos cuenta la historia de Manuel, un sacerdote interpretado por Alberto San Juan que quiere colgar los hábitos para empezar una nueva vida. Sin embargo, su pasado le persigue y le impide cumplir con sus planes.

El guion se desarrolla en torno a un tema tan sensible como el de un pedófilo buscando la redención, lo que puede generar malestares. Tanto el director como Alberto San Juan insisten en que el personaje no está construido para generar compasión fácil. La película evita relativizar los abusos o convertir al agresor en una víctima y, de hecho, en los primeros encuentros con el público han visto cómo se han abierto conversaciones incómodas pero absolutamente necesarias.

La luz
La luz
Fecha de estreno 5 de junio de 2026 | 2h 00min
Dirigida por Fernando Franco
Con Alberto San Juan, Pedro Casablanc, Carolina Montoya
Cartelera y Entrada (148)

Me ha encantado la película, entre otras cosas por esa incómoda moral en el buen sentido que deja el visionado. En una época en la que todo parece que tiene que contentar al público, ¿por qué te atreves a ir a la contracorriente?

Fernando Franco: Yo solo entiendo el arte desde ir un poco a la contracorriente, intentando hacer cosas que se salgan de la vía general, escapar un poco por otra vía y plantear cosas diferentes a las que hay. Cuando la productora Mery Colomer me llama para proponerme este tema, me parece que merece la pena pillar el toro por los cuernos y hacerlo con todas sus consecuencias.

Alberto, ¿qué fue lo primero que pensaste cuando recibiste el guion?

Alberto San Juan: Lo primero que pensé al leer el guion fue: “Qué guion tan bueno y qué historia tan tremenda e importante”. Más allá de hasta dónde se llegue luego al hacer la película, lo importante es la intención del proyecto. Cuando uno se embarca en una aventura para hacer una película, lo que busca es un buen proyecto. Luego pueden pasar muchas cosas, pero solo se llega a una buena película desde un buen proyecto. Sentí entusiasmo y, cuando Fernando me eligió, también una gran responsabilidad y cierta tensión.

Fernando, ¿llevaste a cabo alguna investigación a la hora de escribir la historia? Si es así, ¿hubo algo que te llamara especialmente la atención?

Fernando Franco: Sí. No entiendo abordar un tema así sin un proceso de documentación largo y profundo. Estuve en contacto con víctimas y también con gente de la propia Iglesia. Lo que más llama la atención no es una historia concreta, aunque hay algunas demoledoras, sino el nivel de impunidad, algo cronificado y sistemático. Fui recogiendo artículos y notas en un Excel que acabó siendo infinito, porque cada día aparecían nuevas cosas. Eso generaba la sensación de que es algo que parece imparable, cuando debería erradicarse de raíz.

No entiendo abordar un tema así sin un proceso de documentación largo y profundo. Estuve en contacto con víctimas y también con gente de la propia Iglesia. Lo que más llama la atención no es una historia concreta, aunque hay algunas demoledoras, sino el nivel de impunidad, algo cronificado y sistemático
Buena Vista Pictures

Alberto, ¿qué sentiste la primera vez que te vestiste de sacerdote? ¿Ese tipo de uniformes tiene presencia en la interpretación?

Alberto San Juan: Vestir una sotana o un uniforme tiene mucha presencia. Para mí, vestirme como sacerdote en una misa es algo que me encanta, porque soy actor y me gusta disfrazarme, igual que con otros personajes. Es un disfraz ritual con mucha carga simbólica. La Iglesia no es una institución neutra: la fe es algo personal que respeto absolutamente, pero el papel histórico de la Iglesia debe observarse con mirada crítica. Esa vestimenta está llena de connotaciones y asociaciones.

¿Cómo se interpreta un personaje moralmente tan problemático sin buscar la absolución del espectador?

Alberto San Juan: Obedeciendo al director, que insistía en que en ningún caso buscara dar pena ni obtener la absolución del espectador, porque eso podría relativizar la gravedad de los hechos. Era algo que Fernando y la productora querían evitar.

¿Tuvisteis miedo de que la película pudiera interpretarse como una humanización del protagonista?

Fernando Franco: No hace falta “humanizarlo”, porque es un ser humano. Lo humano no es necesariamente positivo: el ser humano puede comportarse de formas muy diversas y antagónicas. Es capaz de lo mejor y de lo peor, y eso es lo aterrador. Las monstruosidades no las cometen monstruos, porque los monstruos no existen. Existen los humanos, y nosotros somos los que hacemos o dejamos de hacer todo.

Alberto San Juan: Amén.

Las monstruosidades no las cometen monstruos, porque los monstruos no existen. Existen los humanos, y nosotros somos los que hacemos o dejamos de hacer todo

¿Hubo conversaciones durante el rodaje sobre qué límites no deberíais cruzar para no trivializar el tema?

Fernando Franco: No recuerdo conversaciones explícitas sobre eso. Teníamos tan presente que no se podía trivializar el tema que ni siquiera fue algo que tuviéramos que debatir constantemente. Todos éramos muy conscientes de la responsabilidad de llevar esto a la pantalla y en ningún caso creo que la hayamos eludido.

¿Habéis recibido ya feedback del público? ¿Alguna reacción que os haya sorprendido?

Fernando Franco: Sí, hemos recibido opiniones en general positivas. En un coloquio, una persona dijo que la interpretación de Alberto le había recordado a su propio agresor cuando era niña, algo que nunca había contado. Eso demuestra que la película puede abrir espacios para hablar de cosas muy difíciles.

Alberto San Juan: También hemos visto que hay tantas interpretaciones como espectadores. Nadie nos ha dicho que se banalice el tema, aunque puede haber debate sobre la lectura del protagonista o sobre ciertas expectativas del espectador. En cualquier caso, la película no cierra un discurso, sino que propone una conversación.

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