No solemos hablar de ellos, pero Pixar tiene departamentos enteros centrados en la investigación de la vida real para que sus películas tengan el máximo nivel de realismo posible. Cada vez que empiezan un nuevo proyecto, viajan por el mundo estudiando los diferentes hábitats y entornos que necesiten para que la película tenga una base real.
En Buscando a Nemo, Gill es el jefe de la "Pandilla de la pecera" y todo su objetivo es escapar. Como ocurre muchas veces en Pixar, el diseño del personaje nos da muchos detalles de su vida anterior a la película y basta un vistazo para saber mucho de él. Se ve que tiene una aleta dañada porque cayó en las herramientas afiladas del dentista durante uno de sus tantos intentos de fuga. Este detalle nos cuenta que no le importa poner su vida en peligro con tal de estar fuera de la pecera y todo tiene una razón.
Por supuesto, el equipo de la cinta mostró todo esto en la película porque se lo dijo la ciencia.
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Gill es un pez que no sobrevive en acuarios
Gill es un ídolo moro, única especie del género Zanclus. Es un pez marino que se encuentra en aguas tropicales y subtropicales de los océanos Índico y Pacífico. Podemos encontrarlos viviendo felizmente en arrecifes de corales, donde se alimenta principalmente de esponjas, aunque también de pequeños invertebrados. Ahí andan en grupos pequeños, formados por dos o tres individuos, no muchos más. Los adultos suelen estar aislados, aunque también se les ha visto en bancos.
Aunque es una especie popular en acuarios, en realidad es difícil que sobrevivan, especialmente por su alimentación. Al comer sobre todo esponjas vivas, son pocos los cuidadores que pueden proporcionárselo. Tampoco tienen buen carácter para ello. Se estresan con extrema facilidad en cautiverio, lo que debilita su sistema inmunológico y provoca una alta mortalidad. La gran mayoría de los expertos desaconsejan rotundamente tenerlos en acuarios domésticos.
Sabiendo todo esto, ahora entendemos un poco más a Gill y a su áspero carácter. El pobre se ha enfrentado toda su vida a quienes querían tenerle encerrado a toda costa en contra de su supervivencia.
Muchos hemos conocido a esta especie por su participación en Buscando a Nemo, pero era bastante conocida en el norte de África. Allí, antiguamente, muchos consideraban que pescar un Zanclus traía la felicidad y suerte. Cuando se colaba uno en sus redes, lo devolvían al mar con una reverencia.