Alejandro G. Calvo: "Digger' es una ópera esperpéntica dominada por el desgastante monólogo de Tom Cruise"
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Alejandro G. Iñárritu dirige esta película sobre el fin del mundo que, a pesar de ser uno de los mejores papeles del actor, no termina de funcionar

Warner Bros.
Por Alejandro G. Calvo

Este 2 de octubre llega a los cines Digger, una de las producciones más ambiciosas de su carrera, pero también un ejercicio fallido. Pese a contar con una de las mejores interpretaciones de Tom Cruise y secundarios magníficos como Sandra Hüller o John Goodman en el papel de presidente de los Estados Unidos, Digger se ejecuta como un gran guiñol inaccesible que deja al espectador como un ente pasivo. Aunque Tom Cruise está muy divertido e Iñárritu logra imágenes deslumbrantes, la película acaba convirtiéndose en un rollo pesado e insatisfactorio.

Mi tocayo Alejandro G. Iñárritu, nacido en Ciudad de México en 1963, vuelve a las salas de cine con una propuesta que no deja a nadie indiferente. Para entender las claves formales y temáticas de Digger, conviene repasar primero la trayectoria de su director. A Iñárritu le conocimos en el año 2000 con Amores perros, un primer largometraje que lo petó mogollón tras haber realizado previamente dos cortometrajes largos de 45 minutos. Por lo general, la crítica siempre tendió a quitarle mérito a su labor de dirección, atribuyéndoselo a los portentosos guiones de Guillermo Arriaga en títulos memorables como 21 gramos (2003) o, más adelante, a la deslumbrante fotografía de Emmanuel «El Chivo» Lubezki. Aunque Iñárritu posee un talento absolutamente innegable, sus películas a menudo parecen querer situarse por encima del espectador, resultando bastante poco empáticas.

En su filmografía encontramos tropiezos como Babel (2006) -que parecía una mala copia de Traffic- o Biutiful (2010) -una de las películas que menos me gustan de este siglo, salvo por la inmensa interpretación de Javier Bardem-. Su consagración definitiva llegó con Birdman (2014) y El renacido (2015), dos obras soberbias que le valieron el Óscar a mejor director por ambas, sumando el Óscar a mejor película para la primera y la estatuilla para Leonardo DiCaprio en la segunda. En 2022 entregó Bardo, una película incomprendida y machacada por la crítica pero que ya marcaba la derivación abiertamente felliniana que explota del todo en Digger.

Un Tom Cruise envejecido en el 'Teléfono rojo' del colapso climático

Digger se articula como una sátira directa e hipertrofiada de nuestro mundo actual. La película está protagonizada por Tom Cruise, quien aparece fuertemente maquillado y envejecido para representar la edad que realmente tiene. Cruise encarna a un multimillonario que ha amasado su fortuna mediante la extracción de petróleo y la explotación salvaje de los recursos naturales de la Tierra, empujando al planeta a un límite apocalíptico de devastación climática. Moviéndose entre la soberbia y la autoironía, el actor se esfuerza por resultar seductor en el papel de un magnate antipático, entregando una de las mejores actuaciones de su carrera.

Bajo el pretexto de que la sociedad necesita el crudo para mantener sus vidas ridículas y sus cachivaches electrónicos, el personaje justifica la codicia de los poderosos por encima de la salvaguarda del ecosistema. Iñárritu construye una especie de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú moderno y una metapelícula con clara impronta de Federico Fellini donde decorados y vestuarios cantan deliberadamente. Se trata de un teatro del absurdo y un espejo deformante que convierte la realidad en una gran caricatura.

En el terreno puramente visual, Iñárritu demuestra un control autárquico de la imagen comparable al de Wes Anderson, midiendo obsesivamente objetos, decorados, colores pálidos y encuadres. Predominan las tomas desde abajo para retratar de cerca a estos magnates abyectos, reduciendo a los espectadores a la condición de simples hormigas. El apartado estético desprende además una extraña atmósfera de ciencia ficción cercana a Terry Gilliam. Una de las escenas más destacadas se ambienta en una falsa ONU o falso Senado europeo, donde extras con la piel pintada de blanco -a la manera del cineasta sueco Roy Andersson- rodean a Cruise mientras este ejerce de dominador circense y suelta un discurso descomunal.

Ahí reside, precisamente, el gran problema de la película: la chapa monumental

Como comentaba con mi compañero Alberto Rey tras salir del pase, con una hora menos habría quedado un episodio impresionante de Black Mirror. Sin embargo, en sus dos horas y diez minutos de duración, Iñárritu se ve aquejado de una evidente autoritis y una actitud aleccionadora, queriendo demostrar que su película es demasiado importante para ser solo una sátira.

El filme acaba funcionando como un Don't Look Up pedante. Mientras la comedia de Adam McKay -en la línea de Idiocracia de Mike Judge- se reía del absurdo vital permitiendo identificarse con los personajes de Leonardo DiCaprio o Jennifer Lawrence, en Digger no hay lugar para la empatía porque todos los personajes son auténticos malnacidos. Incluso figuras con intenciones de alerta, como el jefe de seguridad medioambiental interpretado por Riz Ahmed, quedan completamente diluidas en una ópera esperpéntica dominada por el desgastante monólogo de Cruise.

Alejandro G. Calvo
Alejandro G. Calvo
-Director de SensaCine
De sangre soriana, nacido en Barcelona en 1978, y residente en Madrid. Crítico de cine desde la adolescencia, llevo 25 años escribiendo sobre películas. Ahora, principalmente, hago videos para el canal de YouTube de SensaCine donde la serie "Cine A Quemarropa" es uno de los mayores hits en la red.
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