Hace ya 35 años esta película de ciencia ficción se situó como el tercer mayor éxito de taquilla de todos los tiempos: puedes verla hoy en Prime Video
por Alejandro G. Calvo
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El día que James Cameron reventó el cine: por qué esta película sigue siendo un milagro insuperable

La primera vez que vi la película original de 1984 yo era un chaval de 11 o 12 años encerrado en un campamento de verano de baloncesto. Tras entrenar cinco horas diarias bajo el sol, los monitores nos montaron una noche una sesión doble inolvidable: Re-Animator de Stuart Gordon y Terminator. Si bien la de Gordon era una fiesta divertidísima, la obra de James Cameron me dejó clavado de puro terror. Aquella entrega seminal no era un gran despliegue presupuestario, sino un thriller con alma de serie B, rabioso, violento y asfixiante, sobre un ciborg imparable enviado a ejecutar a una joven.

Siete años más tarde, en el verano de 1991, las colas para entrar a ver Terminator 2 daban la vuelta a las manzanas. La expectación era monstruosa. Con un coste estimado de 100 millones de dólares -lo que la convirtió en la producción más cara de la historia en su momento-, la productora independiente Carolco Pictures se lo jugó todo a una sola carta. Y el bombazo fue estratosférico: recaudó más de 500 millones y se situó como el tercer mayor éxito de taquilla de todos los tiempos, únicamente por detrás de E.T. y Star Wars. Aquel día, a mis trece años, salí de la sala con la cabeza totalmente reventada.

Hoy es un día perfecto para recordarla. Está disponible dentro del catálogo de Prime Video.

Terminator 2: El juicio final
Terminator 2: El juicio final
Fecha de estreno 24 de octubre de 1991 | 2h 16min
Dirigida por James Cameron
Con Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Edward Furlong
Medios
4,0
Usuarios
4,4
Sensacine
4,5
Ver en Movistar Plus

Gran parte de ese impacto radicó en el dominio absoluto de su director, James Cameron, un autor total que escribió, dirigió y montó el largometraje. Cameron venía de demostrar un músculo para el cine de acción insuperable con Aliens y de experimentar con soluciones visuales punteras en The Abyss. Aunque los antecedentes de los efectos por ordenador en cine comercial se remontan a hitos como Almas de metal (1973), Mundo futuro (1976), Tron (1982) o El secreto de la pirámide (1985), Terminator 2 supuso un punto de inflexión definitivo. Ver a aquel asesino de metal líquido recibir impactos de escopeta abriéndose en flores plateadas, atravesar rejas, congelarse en nitrógeno líquido o brotar del suelo ajedrezado junto a una máquina de café tras clonar a un guardia fue algo que dejó a la industria boquiabierta.

Tri-Star Pictures

Pero el filme no es únicamente un prodigio tecnológico; es un ejercicio narrativo ejemplar. Arnold Schwarzenegger, quien venía de arrasar con la comedia Poli de guardería y se negaba a interpretar a villanos puros, regresaba como el T-800 reprogramado para defender a un jovencísimo John Connor (Edward Furlong). Esa relación paternofilial aporta momentos de humor memorables pero sin descafeinar el peligro constante. El otro gran pilar dramático lo sostiene una inmensa Linda Hamilton. La evolución de Sarah Connor es brutal: ha dejado de ser la camarera indefensa del 84 para erigirse en una auténtica máquina de supervivencia militarizada, atormentada por pesadillas apocalípticas y recluida en un psiquiátrico donde sufre abusos físicos. Siguiendo la estela de lo que Cameron ya había construido con la teniente Ripley en Aliens, Sarah Connor se consagró como una de las heroínas de acción más poderosas y complejas de la historia del cine.

A nivel formal, Cameron huye del montaje picado caótico contemporáneo; rueda secuencias de persecución antológicas con planos largos, como el tiroteo en las oficinas de Cyberdyne o la huida en la Harley-Davidson. La imagen icónica de Schwarzenegger recargando la escopeta con un giro de muñeca fue tan exigente que al actor se le despellejaba la piel de la mano al rodarla sin guantes. Además, Cameron emplea el lenguaje visual con maestría: encuadra reiteradamente al T-800 en contrapicado para potenciar su imponente presencia física, mientras sitúa a Sarah desplazada en los márgenes del encuadre para exteriorizar su fragilidad psicológica.

Al final, la franquicia fue engullida por secuelas mecánicas que nadie había pedido, incapaces de capturar la magia de un Hollywood que aún apostaba por proyectos originales y viscerales. Sin embargo, Terminator 2 permanece intacta en el olimpo de la cultura popular. Nos dejó la partitura metálica de Brad Fiedel y frases eternas que en España se grabaron a fuego con el doblaje del grandísimo Constantino Romero y su inmortal 'Sayonara, baby'. Es pura diversión, nervio y cine en mayúsculas.

Alejandro G. Calvo
Alejandro G. Calvo
-Director de SensaCine
De sangre soriana, nacido en Barcelona en 1978, y residente en Madrid. Crítico de cine desde la adolescencia, llevo 25 años escribiendo sobre películas. Ahora, principalmente, hago videos para el canal de YouTube de SensaCine donde la serie "Cine A Quemarropa" es uno de los mayores hits en la red.
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