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    "La demencia es algo terrorífico": Gaspar Noé y su visión de la vejez en 'Vórtex
    28 jul. 2022 a las 18:32
    Alejandro G. Calvo
    Alejandro G. Calvo
    -Director de SensaCine
    De sangre soriana, nacido en Barcelona en 1978, y residente en Madrid. Crítico de cine desde la adolescencia, llevo 25 años escribiendo sobre películas. Ahora, principalmente, hago videos para el canal de YouTube de SensaCine donde la serie "Cine A Quemarropa" es uno de los mayores hits en la red.

    Gaspar Noé estrena este 29 de julio su sexto largometraje. La historia sobre dos ancianos que lidian con sus enfermedades y el paso del tiempo.

    En VórtexGaspar Noé se adentra en la rutina de una pareja de ancianos con alzheimer. Él tiene problemas de corazón y ella, Alzheimer. Si en Amor Haneke nos destrozaba con una historia similar, aquí Noé tira por la empatía y el cariño. Aunque alberga momentos de terror absoluto derivados de la enfermedad, el cineasta logra conducir a sus personajes por un camino entrañable. La crudeza de la vida real. Alejandro G. Calvo pudo entrevistar al director con motivo del estreno de la película y hablaron de los momentos alegres que aparecen de vez en cuando en la demencia, de cómo confiar en los actores da lugar a secuencias maravillosas, de pantallas partidas y, simplemente, de la vida.

    Vortex
    Vortex
    Fecha de estreno 29 de julio de 2022 | 2h 22min
    Dirigida por Gaspar Noé
    Con Françoise Lebrun, Dario Argento, Alex Lutz, Corinne Bruand, Philippe Rouyer
    Medios
    4,3
    Usuarios
    3,2

    PREGUNTA - Buena parte de la crítica está diciendo que VORTEX es tú mejor película, ¿eso te alegra o te cabrea?

    GASPAR NOE - ¡Eso lo dicen porque son críticos de cine y el protagonista de esta película es un crítico de cine! [risas] Hay una cosa que es real y es que el tema que trato en esta película es algo universal. Otras películas mías parten de historias más puntuales: un camello de droga, una violación… Pero la vejez, la enfermedad, la familia… es un tema universal, nos afecta a todos por igual. Y es una tema que raramente se toca en el cine de forma correcta. Siempre aparece de forma residual o al fondo de la historia, como el abuelito que tiene alzheimer en Nader y Simin, una separación (2011) de Asghar Farhadi. Pero hay muy pocas películas que depositen una mirada documental sobre la vejez y eso, al fin y al cabo, es el temor de todo ser humano.

    P - Tú película habla de la vejez, de la enfermedad, de la muerte, en una pareja de octogenarios intelectuales, lo que la relaciona de forma directa con Amor (2012) de Michael Haneke. Sin embargo yo creo que Vortex es mucho más empática, mucho más compasiva. Siendo dos directores duros a la hora de mostrar el lado horrible de la vida, en esta ocasión Gaspar Noé ha sido más compasivo…

    GN - Uhmmmm, no. Haneke… en alguna revista leí que la historia de Amor era la historia de su tía. En mi caso, bueno, la película no es autobiográfica pero sí que viví a mi madre con alzheimer. La vi fallecer. También mi abuela materna tuvo demencia senil. Y tengo que decir que había momentos tanto con mi madre como con mi abuela donde había dulzura y alegría. En ocasiones la falta de comunicación generaba cosas ridículas entrañables. La demencia es algo terrorífico, pero había pequeños momentos donde conseguíamos divertirnos los dos. Cuando ya estaba trabajando en la película sí se me ocurrió utilizar la enfermedad para crear tanto momentos de suspense, como de tensión psicológica. Así que mi película no se mueve únicamente en el terreno dramático.

    P - He leído que al empezar a rodar sólo teniáis diez páginas de guion. Que trabajaste mucho en confianza con los actores. ¿Dirías que es tu película más libre?

    La verdad es que desde que hice Irreversible (2002) estoy acostumbrado a hacer películas con pocas páginas de guión. Irreversible tenía 3 páginas de guión, Love (2015) tenía 5, Climax (2018) tenía 7… generalmente lo que hago es escribir la trama dramática secuencia a secuencia y, a partir de ahí, encontrarme con las sensaciones en el rodaje, con el decorado ya construído, y trabajando con los actores. Es entonces cuando decido las posiciones y los movimientos de las cámaras, el mismo día que ruedo las escenas. Así todo sale más fácil, más natural. Tampoco escribo ningún tipo de diálogo para los personajes. En Vortex están tan bien los tres actores porque no parece que estén recitando diálogos, sino simplemente viviendo el momento. Yo les explico la secuencia y ellos las construyen delante de las dos cámaras. Ahí la confianza es clave: ellos confiaban en mí, yo confiaba en ellos. Para hacer películas así, con tanta libertad, es importante rodearte de gente brillante. Y Dario Argento, Françoise Lebrun y Alex Lutz son realmente brillantes, capaces de improvisar con una inteligencia natural absoluta.

    P- Con la elección de Dario Argento como protagonista nos has hecho un regalo a todos los cinéfilos. Es más, te diría que su secuencia final, ¡es la más terrorífica que nos ha dado nunca Argento!

    GN - ¿Sabes una cosa? Esa escena la rodamos sólo dos veces. Dos tomas. No hizo falta más. Le pusimos un micrófono escondido dentro de la ropa y no nos creíamos el ruido que estaba haciendo al respirar. Fue increíble. Era como si se estuviera provocando él mismo un ataque de asma. ¡El sonido era tan fuerte que sonaba como Darth Vader! [risas] Filmar con Argento fue muy divertido, ¡él es un tipo muy divertido! Claro que no deja de hablar de cine todo el tiempo.

    P - Siempre he pensado, vaya, desde Carne (1991) y Seul contre tous (1998), que eres uno de los directores modernos que mejor plantean la puesta en escena de sus películas, con pleno significado frente a las narrativas que luego acabas construyendo. Por eso me choca muchísimo cuando me dices que decides todo el mismo día de rodaje.

    GN - Es que hay que tratar de aprehender el rodaje de la forma más natural posible. No puedo estar obligando a un actor que ande en esa o en otra dirección. No puedo obsesionarme con que la cámara debe ir por aquí o por allá. Por ejemplo, si hay luz natural que entra por la ventana, esa será la iluminación que use. Y si es de noche tratamos de usar las lámparas y los neones del decorado, que no haya proyectores de luz, que no haya artificio. Hay que tratar que los actores se sientan a gusto, que no tengan que forzar nada, que todo salga de forma natural. Y cuando está todo en orden, entonces decido dónde va la cámara. Con Climax fue igual: los chicos tenían que encontrarse en situación, saberse bien la coreografía, el espacio que se iba a utilizar. Y cuando todo está listo, decido dónde va a ir la cámara y hacia dónde me voy a mover.

    P - En Vortex vuelves a usar pantalla partida, como en tu anterior película Lux AEterna (2019).

    GN - En realidad después de Lux AEterna también usé pantalla partida en un video que hice para Saint Laurent llamado “Summer of ‘21”. Lo cierto es que es un artificio más que te ofrece el cine para contar tu historia. Lo curioso es que siendo una técnica que estaba en desuso, ahora ha regresado por culpa de la pandemia y los zooms de reuniones. De repente todos nos hemos acostumbrado de nuevo a las pantallas partidas y a tener distintos focos de atención, y eso está ocurriendo de forma natural en nuestra vida cotidiana.

    P - Yo en cuanto veo una pantalla partida pienso en Brian De Palma.

    GN - ¡Y en Richard Fleischer y su magnífica El estrangulador de Boston (1968)!

    P - ¡Y En el caso Thomas Crown (1968) de Norman Jewison!

    GN - ¡Y Chelsea Girls (1966) de Andy Warhol y Paul Morrissey! De ahí sacó la idea De Palma para sus películas… Yo siempre quise, ya desde adolescente, hacer una película entera con pantalla partida. Y aquí me pareció el momento perfecto: dos personas que viven bajo el mismo techo y aún así están tristemente desconectadas por culpa de la enfermedad de ella.

    P - En Vortex está todo rodado con dos cámaras, prácticamente, ofreciendo siempre imágenes simultáneas en el tiempo pero desde los dos puntos de vista distintos (hombre y mujer). ¿Se rodó así?

    GN - Noooo. Cuando estaban en el mismo cuarto sí rodábamos con las dos cámaras. Pero cuando se separaban, primero filmábamos a uno de ellos, elegíamos la toma buena y, al día siguiente, filmábamos al otro, calculando con el cronómetro en qué momento la historias se iban a cruzar. Yo siempre llevaba la cámara que seguía a Françoise Lebrun y Benoît Debe (director de fotografía) seguía a Dario Argento. Es que Dario es mucho más alto que yo, Françoise era más chiquitita, más de mi altura.

    P - Ya solo me queda preguntarte por cómo estás tú de salud. ¿Recuperado ya del susto de 2020 [un derrame cerebral]?

    GN - Estoy estupendo. Llevo una vida mucho más sana que antes.

    P - Yo he visto una foto hace poco que dice que ya no le echas sal a la comida.

    GN - Me estoy cuidando mucho. He dejado de fumar. Los productos químicos forman ya parte de mi pasado. Hago bicicleta. Y veo muchas películas en DVD y Blurays ¡Me lo estoy pasando bien!

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