Ravalear es la serie thriller española del momento. La ficción consiguió hacer historia en la Berlinale y ahora se posiciona como de lo mejor de este año 2026 en el mundo televisivo gracias al tema tan actual que trata.
La historia está inspirada en un relato personal del mismo Pol Rodríguez, creador de la serie, y cuenta cómo el centenario restaurante del Raval de Barcelona se enfrenta al deshaucio tras caer en manos de un fondo de inversión. Aunque parecen que no pueden hacer nada, cuando plantan su lucha se convierte en una espiral cada vez más peligrosa.
Con motivo de su estreno, SensaCine ha podido hablar con Pol Rodríguez sobre lo que ha supuesto para él ver terminada Ravalear o la decisión creativa de rodar con figurante y no figurantes, razón por la que muchas personas aparecen con sus identidades ocultas
Ravalear está inspirada en una historia personal tuya. Quería preguntarte, ¿ha sido difícil en algún momento separar la ficción de lo personal o ficcionar tu propia vivencia?
No, al contrario, ha sido muy agradable en el sentido de poder analizar cosas que pasaron y darles el valor dramático de una narración. Al final, Ravalear es un thriller, así que tienes que coger ciertos elementos y potenciarlos. De alguna manera, te da cierta distancia para analizar las cosas, con lo cual ya hay un proceso de reparación.
Luego es muy divertido poder usar ciertos elementos como una venganza, es decir: "Esto me pasó a mí, ¿qué hubiese hecho yo si no hubiese respetado las leyes y me las hubiese saltado? ¿Hasta dónde hubiera podido llegar? Y una vez ahí, ¿cuáles son las consecuencias?". Se trata de crear esa bola de nieve que tiene la serie, donde personajes buenos toman malas decisiones en ciertos momentos. Movidos por la angustia de salvar este restaurante y por la presión que sienten, me parecía muy interesante ver hasta dónde podían llegar y hacer una reflexión sobre la responsabilidad que tiene cada uno en el mundo de la especulación urbanística.
Lo que me gusta mucho de Ravalear es que crea un ambiente natural y auténtico del barrio, sobre todo con los personajes, figurantes y no figurantes. ¿Has decidido rodar en el barrio y dejar que la gente pase con naturalidad para capturar el mejor relato posible?
Totalmente, el objetivo era hacer un relato lo más realista posible. De base, quería que fuera un thriller que interpelara a todo el mundo, que lo veas y te lo creas al cien por cien. Quería huir de una visión externa, aportando mi perspectiva como vecino del Raval durante muchos años, ya que mi familia tiene el restaurante allí. Aun así, durante la creación de la serie investigamos junto a mi compañera Maialen Vélez; hablamos con colectivos del barrio en defensa de la vivienda, con fondos de inversión, con vecinos que se enfrentan a los narcopisos para sacarlos del barrio e incluso con chavales de la calle que no tienen dónde vivir.
Queríamos entender los intereses que tienen varios colectivos sobre un piso vacío: ¿qué pasa allí?, ¿quién lo quiere?, ¿por qué lo quiere? y ¿cuáles son las prácticas para conseguirlo?. Me interesaba comprender a todos los estratos sociales: desde la bróker de un fondo de inversión hasta una niña pakistaní de 12 años a la que le proponen un negocio extraño.
HBO Max
Buscaba descubrir las conexiones entre estos personajes y vi que el vínculo principal es un sistema de presión: nos presionamos unos a otros para obtener más beneficio, lo que hace que oprimamos al de abajo, y este al de más abajo. Al final, todos estamos en una rueda de hámster de la que no podemos salir. Esa es la sensación que quería transmitir: una espiral que va cayendo hacia algo oscuro, una deriva que no sabemos dónde va a parar.
Con esta idea de realismo, tenía claro que no podíamos construir un decorado en un plató. Teníamos que rodar en el Raval, buscar un edificio entero y montar un restaurante real que funcionase. Los actores debían saber cocinar para que las escenas fuesen verosímiles y para que el barrio se filtrase por la ventana; de hecho, era muy divertido porque a veces estábamos rodando y entraba gente del barrio a pedir mesa.
"Los activistas que defienden la vivienda o los vecinos que luchan para que no haya drogas en sus calles son la verdadera fuerza vecinal que ayuda a mover las cosas"
Decidimos también rodar en calles reales con el paso abierto a los ciudadanos. Por un lado, la gente en el Raval a menudo vive situaciones precarias y no se van a detener porque tienen que ir a lo suyo; por otro lado, a mí me apetecía que el barrio entrase de lleno en la ficción. Al final, lógicamente tuve que pixelar algunas caras para proteger la identidad de los transeúntes, pero creo que esto le aporta un tono realista, casi de reportaje o documental, que le da un carácter muy especial a la serie.
Te quería preguntar sobre el impacto en el público. Creo que a muchos espectadores les puede "volar la cabeza" por las decisiones morales que toman los protagonistas: un restaurante español de cien años salvado por okupas ¿Sabías desde el principio que utilizarías esa fórmula argumental?
Sí, totalmente. Me parecía muy interesante ponernos en esa situación, básicamente para romper estigmas. El propio barrio del Raval carga con los suyos y en el mundo de la vivienda hay muchísimos más; uno de ellos es la okupación. En la investigación me di cuenta de que, muchas veces, los activistas que defienden la vivienda o los vecinos que luchan para que no haya drogas en sus calles son la verdadera fuerza vecinal que ayuda a mover las cosas.
Lucia Faraig
Me interesaba que, de alguna manera, ellos fueran los héroes a los que se les pide ayuda. De repente, el espectador piensa: "Cuidado, nos estamos metiendo con esta gente, ¿qué está pasando?". Pero luego te das cuenta de que estos "héroes" no son completamente blancos, también tienen sus grises, y quería mostrar que nadie es bueno ni malo al cien por cien. Un fondo de inversión es necesario hoy en día para que las ciudades progresen, pero hay que tener mucho cuidado con un fondo buitre que usa tácticas brutales y abusivas para sacar el máximo beneficio en el menor tiempo posible. Las leyes tienen muchos espacios grises y hay mucha gente dispuesta a aprovecharlos para su beneficio propio. Esa ruptura de estigmas es exactamente lo que me gustaba provocar.
¿Qué ha significado Ravalear para ti después de terminarla y ver el resultado final?
Pol: Por un lado, significa la posibilidad de tener la última palabra en relación con lo que le pasó a mi familia. Por otro, me ha permitido reconectar con el barrio del Raval. Desde que nos echaron del restaurante no había estado tanto por allí, y he tenido que volver a mirarlo ya no con ojos de vecino, sino de cineasta, buscando los elementos dramáticos y estéticos para apoyar la historia. El hecho de poner las cámaras en los tejados y ver desde arriba esas calles tan estrechas aporta un valor estético muy importante. Además, para mí es un homenaje y una carta de amor directa a los negocios familiares, a los sitios emblemáticos, a la gastronomía, al valor del tiempo en un restaurante y a la importancia del diálogo en una mesa.
Y por último, ¿Cómo fue el proceso de casting? Todos y cada uno de los actores están espléndidos; parece que los personajes se hubieran escrito a su medida.
Pol: Un poco sí, la verdad. Tenía muy claro desde el principio que Enric Auquer, María Rodríguez Soto y Sergi López debían estar en el proyecto; pensaba en ellos durante la escritura y, por suerte, he podido contar con ellos. Luego hubo grandes descubrimientos, como Quim Àvila, que está maravilloso en el personaje de David. A Francesc Orella ya lo conocía...Ha sido un gusto trabajar con este reparto. Son personas que se vuelcan muchísimo en el proyecto, son exigentes, aportan grandes cosas y tienen una capacidad de trabajo enorme. Entendieron muy bien la serie. El hecho de conocer a mi familia y a mis padres —muchos ya conocían el restaurante de venir a comer antiguamente— les sumó un plus de pasión al trabajo.
“¿Cómo puede ser que un fondo de inversión de otro país venga a nuestros putos barrios y modifique el panorama?”También estoy muy orgulloso del street cast, vecinos del Raval que participan en la serie y que tienen su propio espacio para salir, hablar e interpretar. Me preocupaba un poco la interacción entre actores muy experimentados y personas sin experiencia por miedo a que se notara una descompensación de registros, pero al final no ocurre. Quizá ayudó el hecho de rodar con zoom y mantener cierta distancia; al no ser tan invasivos con las cámaras, los actores se sintieron más libres. Esto ayudó a los menos experimentados a estar tranquilos y, arropados por los demás, el resultado final es un reparto muy cohesionado.
Recuerda que puedes disfrutar de Ravalear en HBO Max.