Apocalipsis Z: Nuevo Mundo
Críticas
3,0
Entretenida
Apocalipsis Z: Nuevo Mundo

Call of Duty pandémico

por Tomás Andrés Guerrero

Apocalipsis Z: Nuevo mundo -secuela de Apocalipsis Z: El principio del fin de Prime Video- logra superar a su predecesora por la mínima gracias a su apuesta decidida por una escala mucho más ambiciosa: si la primera entrega apostaba por un tono más contenido, esta continuación abandona los paños calientes para volcarse de lleno en la acción multitudinaria, el ritmo vertiginoso y un despliegue masivo de hordas de infectados.

El guion, firmado por Ángel Agudo, se distancia de la segunda novela de Manel Loureiro para articular una historia adaptada a inquietudes más recientes: sustituye el protagonismo individual de Manel por el de Roberto, un joven recluta encarnado por Carlos Alcaide, desplazando el foco hacia un contingente militar. La trama sitúa su punto de partida en unas Islas Canarias colapsadas por la llegada masiva de refugiados, conectando el apocalipsis vírico con el trasfondo de las crisis migratorias y los ecos del confinamiento pandémico.

En la puesta en escena, Torrens orienta la propuesta hacia el cine bélico, invocando a cineastas como Michael Bay o Kathryn Bigelow. La cinta regala pasajes espectaculares, entre los que destacan la angustiosa batalla en el aeródromo de Cuatro Vientos, la persecución en una plaza de toros y un ejercicio de tensión claustrofóbica a bordo de una embarcación. Este despliegue se apoya en el uso de efectos prácticos, multitud de cámaras y tomas aéreas con drones que capturan la magnitud de la catástrofe.

Un volantazo argumental y a nivel de producción

Amazon Prime Video

La producción se beneficia visiblemente de un presupuesto más holgado que luce en pantalla: destaca el trabajo de producción para camuflar las localizaciones de Barcelona -donde se rodó la película- y hacerlas pasar por escenarios emblemáticos de Madrid. La presencia constante de decenas de extras en frenética estampida transmite una sensación de peligro constante que funciona muy bien en los momentos cumbres.

Sin embargo, los problemas del filme surgen en la construcción dramática de sus personajes: al diluir el conflicto en un grupo más amplio, varios de los secundarios resultan planos y anodinos, provocando que el destino de las víctimas importe bien poco al espectador. Las breves pausas destinadas a buscar la complicidad emocional se perciben como meros trámites de transición entre un ataque de infectados y el siguiente. Por otro lado su desfasado 'look digital' -a lo 28 días después- resta brillo estético al conjunto.

A pesar de estos problemas, la película resulta más consistente que la entrega original: mientras que la primera película decaía en su tramo final al intentar convertirse a última hora en una cinta de aventuras, esta secuela tiene las ideas claras desde el primer minuto y se entrega sin complejos al espectáculo de la guerra por la supervivencia. Es mucho más dinámica, pero pierde en profundidad psicológica de sus protagonistas. Quizá defraude a los fans de la saga literaria, pero cumple solventemente como producto de acción.

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