Wicker
Críticas
4,0
Muy buena
Wicker

Estar hecho de otros mimbres

por Tomás Andrés Guerrero

Eleanor Wilson y Alex Huston Fischer llevan al cine el relato The Wicker Husband de Ursula Wills-Jones en Wicker (2026), una propuesta que logra un insólito equilibrio entre la fábula medieval, la comedia erótico-festiva y la alegoría romántica. No estamos ante un simple cuento de hadas, la cinta rebosa una excentricidad madura, vulgar y conmovedora que reflexiona con sobre el amor verdadero, la soledad y los prejuicios sociales.

El argumento traslada a una aldea medieval donde los habitantes carecen de nombres propios y son identificados exclusivamente por su oficio. En los márgenes de esta rígida comunidad vive la Pescadora -interpretada por una excelsa Olivia Colman- una trabajadora marginal, que es humillada constantemente por sus vecinos. La mujer decide desafiar las estrictas normas patriarcales del pueblo y -harta de las burlas- encarga a un artesano del pueblo (Peter Dinklage) la elaboración de un marido confeccionado con mimbre.

Esta peculiar solicitud se convierte en un milagro cotidiano cuando la magia del taller da vida al Esposo de Mimbre, (Alexander Skarsgård). Etonces, la criatura se erige como un auténtico "Adonis de mimbre": atento, tierno, laborioso y dotado de un vigor insaciable en la cama. El trabajo de prótesis y maquillaje práctico a cargo de Weta Workshop es un prodigio técnico: logrando cubrir el cuerpo de el actor sueco con un entramado que resulta creíble y atractivo a la vez, manteniendo la expresividad del actor bajo las fibras de madera.

Otra conmovedora lección actoral de Olivia Colman

Topic Studios

Olivia Colman vuelve a demostrar un dominio absoluto del registro cómico y dramático. La británica abraza el humor grotesco y las secuencias de sexo más absurdas, poniendo mucho corazón en todos los planos. Skarsgård aporta una inocencia que sirve como espejo de las miserias humanas, mientras que entre los secundarios destaca Elizabeth Debicki en el papel de la envidiosa e intrigante Esposa del Sastre, empeñada en destruir la felicidad de la pareja.

Los diálogos del guion de Eleanor Wilson y Alex Huston Fischer -dotados de un franqueza descarada y un humor que vira entre el absurdo de Monty Python y la sátira social- construyen una atmósfera medieval pero empapada de un tono gamberro. Sin embargo, bajo sus chistes subidos de tono late una amenaza al más puro estilo 'folk horror' que da mordacidad a la narración.

En el trasfondo temático de la cinta late una crítica a las construcciones sociales del matrimonio y el machismo. En una sociedad donde las mujeres son tratadas como propiedad, la irrupción de un marido hecho de mimbre que encuentra su única felicidad en el bienestar de su esposa provoca una marejada de celos e histeria entre los aldeanos. Así, la historia explora cómo la bondad de un ser inanimado logra desmontar las estructuras de poder y exponer las frustraciones de la comunidad.

A pesar de la frescura de su ejecución, la película acusa pequeñas flaquezas en su tramo final: sujeta a la estructura de una fábula moral, el desarrollo de la trama se vuelve algo predecible en su último acto, dilatando en exceso el desenlace cuando la oscuridad y las consecuencias del odio vecinal se apoderan del metraje. No obstante, la solidez de sus interpretaciones y la agilidad de su ritmo evitan que el conjunto decaiga o se sienta excesivamente aleccionador.

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