Esta y la primera, el apogeo de la franquicia.
Hoy encuentro 'Scream 4' una obra que no solo continúa un legado, sino que lo intensifica desde dentro. La autoconciencia constante se vuelve todavía más interesante, incluso cuando parece fracasar para algunos, como me ocurre a mí en algunas entregas.
Lo primero que hace es lanzar pullas a 'Saw' y su "escaso" desarrollo de personajes ligado a la masacre de los mismos dentro del pozo de la superficialidad. Yo lo matizaría más bien así: sí que lo hace, pero de una forma funcional. Sus personajes existen como vehículos de exposición moral, como piezas que permiten desmontar la hipocresía humana. Siempre conectando esa crítica social al pasado de los personajes. No solo se desarrollan sus historias, sino también la trama, porque todo va en conjunto y de la mano. 'Scream' incluso opera de manera similar, pero desde el género del terror: cada personaje está atravesado por una función dentro del discurso: la final girl, el amigo traicionero que tiene su propia excusa, el policía inútil... Por eso considero que sí existe un cierto desarrollo, aunque sea relativo; muchos de ellos evolucionan en su forma de pensar, actuar y percibir el mundo, aunque siempre subordinados al comentario cinematográfico.
Una de las grandes razones por las que disfruto tanto de esta cuarta parte, es su introducción. 'Scream 4' se destruye a sí misma para reinventarse, reciclando su propio discurso para criticarlo. No solo anticipa lo que yo por ejemplo diría de ella, sino que la incorpora en el guion como parte del juego. Es una película que escucha su propia voz mientras se está haciendo y que lee al público y su crítica. Williamson a veces es un genio.
Ese juego metarreferencial alcanza un punto casi irónico cuando parece responder a críticas previas --incluidas las mías--, especialmente en torno a la "inmunidad" de Sidney Prescott. La película lo verbaliza, lo exagera y lo devuelve como un espejo incómodo. En ese sentido, también es una provocación al espectador, en este caso, a mí. Me he sentido aludido al escuchar los diálogos.
Ahora bien, el salto temporal entre 'Scream 3' y 'Scream 4' se siente especialmente bien en su textura y su producción. Hay un cambio evidente en su estética, es mucho más pulida. Refresca mi experiencia. Sin embargo, es algo engañoso: en el fondo, la estructura sigue siendo la misma. Y la propia obra lo reconoce. Deja caer que es una innovación pero sigue siendo el mismo reciclaje de siempre.
Aunque esa honestidad no siempre juega a su favor, como he criticado en las anteriores películas. La saga insiste en renovarse cambiando casi siempre su plantilla a lo 'Destino final', pero esa rotación no me funciona emocionalmente. Echo en falta la química de la primera entrega, especialmente entre Ulrich y Lillard. Las nuevas incorporaciones no lo hacen mal, pero no me pesan dramáticamente lo mismo, ni tienen la misma complicidad.
Courteney Cox ya está desgastada. Su arco es muy exasperante, cargado hasta los topes de ego y fricción constante. El resto tiene todavía su encanto, como Campbell o Arquette, pero Cox ya es cansina.
La gran acumulación de coincidencias va haciendo cada vez más daño. A partir de la segunda entrega, la saga abandona en parte la sensación de realidad que sí tenía la primera. Ahí aparece mi conflicto como espectador: sé que el cine es mentira, pero necesito que me la haga creíble. No me molesta la fricción; me molesta la ficción que se exhibe como falsedad sin esfuerzo de verosimilitud.
Aquí esa línea sigue estando tensa. Hay momentos en que es demasiado obvio que hay un guion y que se siguen necesidades y objetivos por continuidad, y entiendo esa intención, pero me jode emocionalmente la inmersión.
Y a pesar de sus grietas, hay escenas más impactantes y una puesta en escena más dinámica. Está claro que hay intencionalidad en el avance del lenguaje del slasher sin abandonar la esencia, por supuesto. Eso me hace la propuesta tremendamente efectiva. El entretenimiento es real, aunque no constante.
Hay deseos de continuación y de justificación. A veces es brillante en la autorreferencia, pero también cae en el agotamiento de su propia fórmula. Aun así, sus últimos compases --el juego entre la casa y el hospital-- me lo mejoran todo. La escenografía siempre me ha llamado la atención y siempre he sentido que tienen muchísimo peso y juego, pero el protagonismo real lo tienen los personajes y su violencia, su lógica interna y su inevitabilidad. Cine que sigue siendo cine.