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    Las nieves del Kilimanjaro
    Críticas
    2,0
    Pasable
    Las nieves del Kilimanjaro

    Retorno a Marsella

    por Quim Casas
    Muy de vez en cuando emprende alguna fuga y se aparta de la realidad que le rodea y de los escenarios que le gusta filmar desde hace un par de décadas, como cuando evocó la lucha de la resistencia francesa contra el invasor nazi en 'El ejército del crimen' (2009), pero tras la fuga, la escapada, siempre hay un regreso tácito a lo que se dejó momentáneamente atrás.

    Así que no es de extrañar que tras aquella experiencia en el terreno del drama bélico en tiempos pretéritos, Robert Guédiguian (y Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan y el resto de la troupe), hayan vuelto con 'Las nieves del Kilimanjaro' a los tiempos actuales y a Marsella, al mismo tipo de fotografía, el trasfondo socio-político, los escenarios y personajes más reconocibles, aunque con ligeras variaciones en cuanto a la trama por lo que respeta a anteriores películas.

    Nada que ver, por supuesto, con la novela corta de Ernest Hemingway del mismo título, llevada al cine por Henry King en 1952. La coartada literaria es aquí un poema de Víctor Hugo sobre la pobreza, pero no es más que eso, el punto de partida, quizá solo la inspiración, mientras que el título del filme está tomado de una canción de Pascal Danel que arrasó en Francia mediados los sesenta. Guédiguian relata la historia de una madura pareja de clase obrera que una noche, mientras celebran una partida de cartas, son atracados y pierden el dinero ahorrado –más el que les habían dado amigos y conocidos por su aniversario de boda– para realizar unas estupendas vacaciones.

    Dos detalles a tener en cuenta, más viniendo de un cineasta tan cartesiano como Guédiguian. El personaje atracado que encarna Darroussin (el Darroussin de verdad, no el Darroussi-cartoon de 'El Havre' de Kaurismäki) descubre la identidad de un ladrón gracias a un viejo ejemplar, casi un incunable, de la colección de Spider-Man, lo que quiere decir que el director francés no le hace ascos, cuando conviene, a la cultura popular anglosajona. Y en un momento concreto, y sin que sirva de precedente en su filmografía, el protagonismo se desplaza de los atracados a uno de los atracadores, una inversión narrativa que fractura el relato en dos, algo inusual en el autor de 'Marius y Jeannette'. Lo demás es lo esperado, instaurado y estandarizado.

    A favor: los actores de Guédiguian siempre están bien, más que nada porque son más iconos que personajes.

    En contra: la repetición de formas y situaciones, el discurso social de siempre.
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