Guap@s y peligros@s
por Tomás Andrés GuerreroEn la zona gris supone el regreso al 'thriller' de acción del prolífico realizador Guy Ritchie, una trepidante cinta que se mueve en el terreno del entretenimiento estilizado y sin dar tregua al espectador. La película recupera varios de los sellos de identidad característicos del cineasta británico: diálogos rápidos, personajes carismáticos y 'set pieces' ejecutadas con precisión artesanal. Si bien el argumento no pretende reinventar la fórmula tradicional del cine de atracos ni alejarse de los tropos habituales del género, la cinta es una propuesta sumamente disfrutable y emocionante.
La trama sigue a un equipo encubierto de especialistas en extracciones de alto riesgo liderado por una estupenda Eiza Gonzalez, que da vida a una astuta abogada especializada en recuperar millonarias deudas impagadas para clientes corporativos. Su nuevo objetivo es Manny Salazar (Carlos Bardem), un peligroso magnate parapetado en una isla privada al estilo de los villanos de James Bond, quien debe mil millones de dólares a una siniestra firma neoyorquina. Para llevar a cabo la misión y garantizar su huida en un entorno hostil, Rachel recluta a dos hombres de confianza -encarnados por unos notables Jake Gyllenhaal y Henry Cavill- quienes aportan la fuerza bruta, la inteligencia táctica y el músculo operativo necesario.
El gran pilar sobre el que se sostiene la cinta radica en la química de su trío protagonista. Jake Gyllenhaal aporta su elegancia habitual, carisma y un magnético desparpajo en el rol de Bronco, mientras que Henry Cavill demuestra soltura interpretativa en el papel de Sid, componiendo una pareja que derrocha una dinámica cómplice en la gran pantalla. Sin embargo, es Eiza González quien se corona como la verdadera revelación del reparto, adueñándose de cada escena con una presencia dominante, astuta y sofisticada que otorga equilibrio al conjunto.
Black Bear
En el plano estético y de forma, Ritchie despliega una dirección trepidante y elegante que se apoya en una cuidada fotografía rodada en localizaciones reales. La cinta se deleita en el proceso de planificación del atraco y las vías de escape, intercalando momentos de ritmo frenético con elegantes pausas: como la detallada preparación de un cóctel en pantalla. A esto se suma una potente banda sonora -firmada por Christopher Benstead- y potentes secuencias de acción -destacando una persecución en 'quads' y motocicletas de cross por caminos rurales— que demuestran la destreza del director para articular estos emocionantes momentos.
Como es habitual en el cine de Ritchie, la exposición y el ritmo vertiginoso de los diálogos ocupan un lugar central en la narrativa. Los intercambios de chanzas y la verborrea de los protagonistas recuerdan por momentos la frescura de sus primeros éxitos de culto. No obstante, este enfoque resulta ser también un arma de doble filo: en ocasiones, el guion abusa de la cháchara y las explicaciones redundantes, provocando que algunas escenas se alarguen más de la cuenta y desaceleren el ritmo, consiguiendo curiosamente lo contrario que se propone.
Asimismo, la película peca de ciertas debilidades en su tramo final y en el desarrollo de su premisa. A esto se añade un montaje en el último acto que por momentos se siente algo apresurado y caótico, resolviendo los conflictos con un cierre seco que no termina de rematar con la misma solidez el impecable despliegue previo.
Ritchie regresa a la gran pantalla con un ejercicio de cine de acción, elegante y desenfadado que ofrece 98 minutos de puro entretenimiento sin complejos. Pese a las imperfecciones de su guion y a la previsibilidad de su estructura, la labor de dirección y el magnetismo de su reparto logran elevar el material base. Una propuesta que dejará un gran sabor de boca a los seguidores del cine de entretenimiento ligero y con estilo.