Vive la révolution!
por Andrea ZamoraRichard Linklater lo ha vuelto a hacer. El cineasta ha encontrado, de nuevo, la forma de contar un suceso histórico desabrochándose el corsé de la realidad. Nouvelle Vague es la narración del detrás de las cámaras del filme Al final de la escapada (1960), pero también es el retrato de su director Jean-Luc Godard.
Godard fue uno de los nombres clave de la gran revolución cinematográfica francesa, aquella ocurrida en los años 50 y 60 que se enfrentó a lo establecido y recibió el nombre de Nueva Ola. Godard, François Truffaut y compañía se atrevieron a pervertir las reglas de los grandes estudios y demostraron que había otras formas de contar historias.
Linklater cuenta eso en Nouvelle Vague. Un filme con el que consigue, no solo contar esta sublevación, sino también encapsular una época, jugar con la imagen y recrear una historia real. El resultado es una carta de amor al cine, un canto a la cinefilia y una píldora de felicidad para los que adoran eso de contar historias con imágenes y sonido.
ARP Sélection / Detour Filmproduction
Nouvelle Vague es elegante en sus formas y fina en sus diálogos. Linklater logra enseñar la frescura y libertad que buscaba Godard en su primer filme como cineasta infundiendo frescura y libertad en su propia película. Divertida cuando tiene que serlo y algo dramática cuando toca, Nouvelle Vague es siempre entretenida, amable y simpática. Linklater ha construido un rincón permanente al que acudir cuando parece que la dicha ha abandonado el mundo.
Una de las firmas del cineasta es la dirección de los actores y aquí, una vez más, queda demostrado lo bien que se le da los intérpretes. Guillaume Marbeck es un perfecto y arrogante Godard, Aubry Dullin es un impecable carismático Jean-Paul Belmondo y Zoey Deutch es una pulcra y refinada Jean Seberg.
Los personajes juegan siempre a favor de la propuesta de Linklater, lubricando un relato que podría haberse vuelto plomizo y cargante de no ser por la picardía con la que el director salpica la historia.
La Nueva Ola francesa fue una revolución. La propuesta de Linklater no va a cambiar el 'statu quo', pero tampoco se lo propone. Lo que ha hecho el director es más un homenaje como fan que un intento de réplica. Y lo de rendir pleitesía le ha quedado estupendo.