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Los Estados fallidos
He visto todas las series que se han hecho sobre los carteles de la droga de NETFLIX, desde Narcos 1, 2 y 3 hasta esta ultima sobre México siendo, a mi juicio, esta ultima parte de los 4 bloques en los que se compone la serie, a nivel interpretativo la mas flojita pero a nivel argumental muy superior a las anteriores.
La serie cuenta como sus predecesoras, la historia de un país, en este caso México, total y absolutamente corrupto, un estado fallido donde los carteles de la droga campan a sus anchas sin ley ni control.
Tal vez, lo mas importante de la serie es eso, que quedara para la historia como un análisis de la corruptela de la política mexicana (y anteriormente Colombiana) y como en todo ello, al fondo, sobre volándolo todo una DEA, que representa también a el primer mundo, y que en este sentido es igual de corrupta en todas las series y por tanto igual que corrupta que los políticos de México y Colombia.
Quedaran para la historia este conjunto de series para el análisis de como un producto -la droga- elimina cualquier estructura o sistema de poder, lo pone a su servicio y hace que tanto los países que la sufren, tanto desde el lado de la producción y comercialización (Mexico y Colombia), como del consumo (USA) se conviertan en rehenes de esa mercancía.
P.D.- una cosa buena que tienen estas 3 temporadas respecto de las anteriores es que no enseña el lado corrupto de la DEA y por tanto el gobierno de USA, no como unos salvadores de los "sudacas", sino como otro elemento igual de corrupto dentro del entramado del trafico de drogas.
He visto todas las series que se han hecho sobre los carteles de la droga de NETFLIX, desde Narcos 1, 2 y 3 hasta esta ultima sobre México siendo, a mi juicio, esta ultima parte de los 4 bloques en los que se compone la serie, a nivel interpretativo la mas flojita pero a nivel argumental muy superior a las anteriores.
La serie cuenta como sus predecesoras, la historia de un país, en este caso México, total y absolutamente corrupto, un estado fallido donde los carteles de la droga campan a sus anchas sin ley ni control.
Tal vez, lo mas importante de la serie es eso, que quedara para la historia como un análisis de la corruptela de la política mexicana (y anteriormente Colombiana) y como en todo ello, al fondo, sobre volándolo todo una DEA, que representa también a el primer mundo, y que en este sentido es igual de corrupta en todas las series y por tanto igual que corrupta que los políticos de México y Colombia.
Quedaran para la historia este conjunto de series para el análisis de como un producto -la droga- elimina cualquier estructura o sistema de poder, lo pone a su servicio y hace que tanto los países que la sufren, tanto desde el lado de la producción y comercialización (Mexico y Colombia), como del consumo (USA) se conviertan en rehenes de esa mercancía.
P.D.- una cosa buena que tienen estas 3 temporadas respecto de las anteriores es que no enseña el lado corrupto de la DEA y por tanto el gobierno de USA, no como unos salvadores de los "sudacas", sino como otro elemento igual de corrupto dentro del entramado del trafico de drogas.
Impresionante,serie muy dura, bastante realista y nada de telenovela! La única pega ...demasiada atención,mucho papel ,muchos minutos perdidos con el CONRADO SOL
Muy bien exelente serie me gusta mucho la mejor serie que e visto se las recomiendo es muy adictivad
Después de venir de series que, con todos sus defectos, sabían convertir el narcotráfico en un relato tenso, complejo y visualmente potente, aquí la caída es enorme. Esta no me pareció solo inferior: me pareció muy mala. Tiene un tema brutal, un personaje histórico lleno de zonas oscuras, fugas, pactos, violencia, poder político, corrupción y una mitología criminal que daba para algo mucho más duro. Pero lo que llega a la pantalla se siente pobre, simple y cutre, como una telenovela barata intentando vestirse de gran drama criminal. Y lo peor es que casi nunca consigue parecer peligrosa, ni profunda, ni siquiera especialmente entretenida.
El problema principal es el tono. Todo parece contado con una brocha demasiado gruesa. Los personajes hablan muchas veces como si estuvieran explicando la trama al espectador, las emociones se subrayan sin elegancia y la puesta en escena rara vez encuentra una imagen con verdadera fuerza. Hay asesinatos, traiciones, policías, políticos, cárceles, amantes, enemigos y negocios, pero todo aparece reducido a una sucesión de escenas funcionales, planas, sin misterio. En lugar de sentir que estamos entrando en un sistema podrido, da la impresión de estar viendo una versión resumida, televisiva y bastante pobre de algo que pedía muchísimo más oficio.
También falla mucho como retrato del protagonista. Una figura así necesitaba carisma, amenaza, contradicción y una presencia capaz de llenar la serie incluso cuando el guion flojea. Pero aquí nunca sentí ese magnetismo. El personaje resulta más pequeño que su propia leyenda. No impone, no inquieta lo suficiente, no tiene esa mezcla de inteligencia criminal, brutalidad y capacidad de seducción que debería hacer comprensible cómo alguien así pudo crecer dentro de una maquinaria tan corrupta. Se nos dice que es peligroso, se nos muestra que asciende, se insiste en su ambición, pero pocas veces se siente de verdad el peso de ese poder.
La comparación con otras ficciones del mismo territorio le hace daño. No porque todas tengan que parecerse, sino porque aquí se nota demasiado la falta de textura. Donde otras series encuentran tensión en un despacho, en una llamada o en un silencio, esta necesita explicar y remarcar. Donde otras convierten la corrupción en una red asfixiante, aquí muchas veces parece un decorado de malos reconocibles. Donde otras usan la violencia para mostrar un país roto, aquí la violencia suele parecer un recurso dramático sin demasiada profundidad. Todo está ahí, pero casi nada respira. Falta densidad, falta atmósfera, falta cine, falta verdad.
Entiendo que pueda interesar a quien busque una narración directa de los hechos principales, casi como una crónica fácil de seguir sobre el ascenso, las fugas y las caídas del capo. También es cierto que, con el paso de los episodios, intenta abrir el foco hacia la corrupción política y el fracaso de la guerra contra las drogas. Pero incluso cuando toca asuntos importantes, lo hace de una forma demasiado elemental. No basta con mencionar presidentes, policías comprados, cárceles controladas o instituciones podridas. Hace falta que todo eso pese dramáticamente. Y aquí muchas veces pesa menos de lo que debería, porque el tratamiento resulta obvio y poco trabajado.
La serie además se alarga demasiado para lo poco que ofrece. Repite esquemas, acumula situaciones previsibles y rara vez sorprende. Hay momentos que podrían haber sido brutales y se quedan en correctos; otros que deberían ser tensos y parecen rutinarios; otros que buscan tragedia y acaban rozando lo melodramático. Esa mezcla de ambición temática y ejecución pobre es lo que más desespera. No estamos ante una historia menor, sino ante una historia enorme contada con una pobreza que se nota en el guion, en la dirección, en muchas interpretaciones y en una sensación general de producto hecho deprisa, sin verdadera personalidad.
Al final, me queda la impresión de una serie que tenía todos los ingredientes para ser potente y los desperdicia casi todos. Ni como drama criminal me atrapó, ni como retrato político me pareció reveladora, ni como biografía del capo consiguió que entendiera mejor al personaje. Es simple, plana, cutre y tremendamente inferior a lo que uno espera de una historia así. Puede tener algún momento de interés por lo que cuenta, no por cómo lo cuenta. Pero, vista en conjunto, me pareció una telenovela narco muy floja, sin tensión real, sin elegancia y sin la fuerza necesaria para convertir el horror en relato. Muy mala.
El problema principal es el tono. Todo parece contado con una brocha demasiado gruesa. Los personajes hablan muchas veces como si estuvieran explicando la trama al espectador, las emociones se subrayan sin elegancia y la puesta en escena rara vez encuentra una imagen con verdadera fuerza. Hay asesinatos, traiciones, policías, políticos, cárceles, amantes, enemigos y negocios, pero todo aparece reducido a una sucesión de escenas funcionales, planas, sin misterio. En lugar de sentir que estamos entrando en un sistema podrido, da la impresión de estar viendo una versión resumida, televisiva y bastante pobre de algo que pedía muchísimo más oficio.
También falla mucho como retrato del protagonista. Una figura así necesitaba carisma, amenaza, contradicción y una presencia capaz de llenar la serie incluso cuando el guion flojea. Pero aquí nunca sentí ese magnetismo. El personaje resulta más pequeño que su propia leyenda. No impone, no inquieta lo suficiente, no tiene esa mezcla de inteligencia criminal, brutalidad y capacidad de seducción que debería hacer comprensible cómo alguien así pudo crecer dentro de una maquinaria tan corrupta. Se nos dice que es peligroso, se nos muestra que asciende, se insiste en su ambición, pero pocas veces se siente de verdad el peso de ese poder.
La comparación con otras ficciones del mismo territorio le hace daño. No porque todas tengan que parecerse, sino porque aquí se nota demasiado la falta de textura. Donde otras series encuentran tensión en un despacho, en una llamada o en un silencio, esta necesita explicar y remarcar. Donde otras convierten la corrupción en una red asfixiante, aquí muchas veces parece un decorado de malos reconocibles. Donde otras usan la violencia para mostrar un país roto, aquí la violencia suele parecer un recurso dramático sin demasiada profundidad. Todo está ahí, pero casi nada respira. Falta densidad, falta atmósfera, falta cine, falta verdad.
Entiendo que pueda interesar a quien busque una narración directa de los hechos principales, casi como una crónica fácil de seguir sobre el ascenso, las fugas y las caídas del capo. También es cierto que, con el paso de los episodios, intenta abrir el foco hacia la corrupción política y el fracaso de la guerra contra las drogas. Pero incluso cuando toca asuntos importantes, lo hace de una forma demasiado elemental. No basta con mencionar presidentes, policías comprados, cárceles controladas o instituciones podridas. Hace falta que todo eso pese dramáticamente. Y aquí muchas veces pesa menos de lo que debería, porque el tratamiento resulta obvio y poco trabajado.
La serie además se alarga demasiado para lo poco que ofrece. Repite esquemas, acumula situaciones previsibles y rara vez sorprende. Hay momentos que podrían haber sido brutales y se quedan en correctos; otros que deberían ser tensos y parecen rutinarios; otros que buscan tragedia y acaban rozando lo melodramático. Esa mezcla de ambición temática y ejecución pobre es lo que más desespera. No estamos ante una historia menor, sino ante una historia enorme contada con una pobreza que se nota en el guion, en la dirección, en muchas interpretaciones y en una sensación general de producto hecho deprisa, sin verdadera personalidad.
Al final, me queda la impresión de una serie que tenía todos los ingredientes para ser potente y los desperdicia casi todos. Ni como drama criminal me atrapó, ni como retrato político me pareció reveladora, ni como biografía del capo consiguió que entendiera mejor al personaje. Es simple, plana, cutre y tremendamente inferior a lo que uno espera de una historia así. Puede tener algún momento de interés por lo que cuenta, no por cómo lo cuenta. Pero, vista en conjunto, me pareció una telenovela narco muy floja, sin tensión real, sin elegancia y sin la fuerza necesaria para convertir el horror en relato. Muy mala.