La extraordinaria playlist de Zoey
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Crítica de la serie
4,0
Publicada el 21 de julio de 2026
La extraordinaria playlist de Zoey parte de una idea fantástica: después de un extraño accidente, Zoey empieza a escuchar los sentimientos más íntimos de la gente convertidos en canciones. No oye lo que dicen, sino lo que esconden. Sus miedos, deseos, inseguridades y secretos aparecen de repente en forma de números musicales que solo ella puede ver y escuchar.

La premisa es muy original, aunque el desarrollo no siempre lo sea tanto. Al final, muchos episodios siguen una estructura bastante reconocible: Zoey escucha una canción, intenta averiguar qué le ocurre a esa persona y termina metiéndose en un problema emocional que no sabe manejar. Pero la serie funciona porque encuentra algo humano dentro de ese mecanismo y porque consigue que nos encariñemos con sus personajes casi desde el principio.

Jane Levy está magnífica. Zoey podría haber resultado agotadora, pero ella le da humor, torpeza, vulnerabilidad y una expresividad enorme. Hay momentos en los que no necesita decir nada: basta con su cara mientras contempla uno de los números musicales para entender perfectamente lo que está sintiendo. Además, sostiene muy bien el equilibrio entre comedia, romance y drama familiar.

La primera temporada es, con mucha diferencia, la mejor. La enfermedad del padre de Zoey le da a la serie una profundidad que va mucho más allá de su idea musical. Todo lo relacionado con él, con la familia y con la posibilidad de perder a alguien que todavía está presente convierte la historia en algo realmente emotivo. La serie habla del duelo antes de que la pérdida llegue, de todo lo que uno quiere decir y no sabe cómo, y de la impotencia de querer ayudar a alguien cuando ya no queda una solución.

Peter Gallagher hace aquí uno de los mejores trabajos de su carrera. Su personaje apenas puede comunicarse de forma convencional, pero la serie encuentra en las canciones una manera preciosa de darle voz. Es un papel dificilísimo, porque debe transmitir ternura, miedo, humor y dolor con muy pocos recursos, y Gallagher lo hace de forma extraordinaria. Es imposible imaginar la primera temporada sin él.

La relación entre Zoey y su padre es el verdadero corazón de la serie. Los números musicales pueden ser divertidos, espectaculares o románticos, pero son las escenas familiares las que le dan sentido a todo. Ahí es donde la premisa deja de ser una simple ocurrencia ingeniosa y se convierte en una herramienta para hablar de sentimientos que muchas veces no sabemos expresar.

También es muy fácil enamorarse del resto de personajes. Max, Simon, Mo, Maggie y los compañeros de trabajo forman un grupo muy carismático. Algunos empiezan siendo bastante reconocibles, casi arquetipos, pero la serie les va dando humanidad. Mo, en especial, aporta energía, humor y emoción, y termina siendo mucho más que el vecino excéntrico que aconseja a Zoey.

Los números musicales están muy bien integrados la mayor parte del tiempo. No siempre sorprenden por la elección de las canciones, pero sí por la forma en que se utilizan para revelar lo que los personajes sienten. Algunas versiones son alegres y otras devastadoras. La serie entiende que una canción conocida puede cambiar por completo cuando aparece en el momento emocional adecuado.

El problema llega cuando intenta alargar una historia que quizá ya había encontrado su forma perfecta. La segunda temporada sigue teniendo momentos buenos, canciones estupendas y personajes a los que apetece volver a ver, pero pierde parte de la fuerza emocional de la primera. Sin el mismo eje familiar, la serie se dispersa más entre romances, conflictos laborales y nuevas complicaciones que no siempre tienen el mismo peso.

No es que la segunda temporada sea mala. Sigue siendo agradable, divertida y emotiva, pero se nota que la idea original ya no tiene el mismo impulso. Algunas tramas se estiran demasiado, ciertos conflictos se repiten y la serie empieza a buscar nuevos caminos sin encontrar ninguno tan poderoso como el que tenía desde el principio.

Este es otro ejemplo de cómo alargar una serie no siempre la mejora. A veces una historia tiene una duración natural, un centro emocional claro y un recorrido perfecto. Cuando intenta continuar más allá, corre el riesgo de alejarse de aquello que la hacía especial. La extraordinaria playlist de Zoey nunca llega a perder todo su encanto, pero sí parte de su fuerza.

Aun así, es una serie muy recomendable. Original en su punto de partida, divertida, sensible y con un reparto que consigue que uno se enamore rápidamente de los personajes. Su primera temporada es preciosa y, gracias a Peter Gallagher y a todo lo que rodea al padre de Zoey, alcanza momentos de una emoción enorme. La segunda no está a la misma altura, pero tampoco borra lo bueno que vino antes.