Es muy difícil que algo que alguien tenga que hacer por obligación acabe convirtiéndose en su mayor placer. Y eso fue, precisamente, lo que le ocurrió a Eva Arguiñano, que, tras tener que ayudar en el restaurante de su hermano Karlos, acabó convirtiéndose en una de las reposteras de mayor referencia en nuestro país. Su historia demuestra que la vocación puede llegar a todos por caminos inesperados.
Los hermanos Arguiñano crecieron en Beasain, una pequeña comarca guipuzcoana del Goirrei. La vida familiar transcurría sin sobresaltos, de manera rutinaria, entre el colegio, las labores de la granja de sus abuelos y los juegos con sus primos en un entorno rural y montañoso.
,La familia no vivía con comodidades materiales y, sin embargo, Eva recuerda aquellos primeros años de su vida como una etapa muy feliz. Precisamente, su vida marcó los valores que ambos hermanos han mantenido a lo largo de su carrera profesional, en los que el trabajo, la familia y la tierra están omnipresentes.
Eva Arguiñano
Desde siempre, la madre de Eva quería que estudiara, por lo que se trasladó a Tolosa para cursar secretariado. Su madre tenía un sueño: verla trabajar en un banco. Sin embargo, eso a Eva no le atraía lo más mínimo, ni le interesaban las cuentas ni el mundo de los números. Aquella incompatibilidad con los estudios se tradujo en un castigo: su madre la enviaba a ayudar en el restaurante que su hermano Karlos había abierto en Zarautz. Sin embargo, la estrategia no le sirvió de mucho a la madre, ya que su trabajo en la cocina despertó en ella una nueva pasión: la repostería.
Eva siempre ha reconocido que, al principio, cocinar no era una pasión para ella, a diferencia de Karlos. Sin embargo, ella siguió aprendiendo de él, de sus indicaciones y su apasionada forma de trabajar. Este aprendizaje se transformó en una carrera propia, especializándose en cocina dulce, y acabó consolidándose como una de las expertas en repostería más reconocidas de todo el país. Sin embargo, jamás perdió el recuerdo de sus orígenes ni la humildad, según ella, que debe acompañar cualquier carrera de éxito.
Eva Arguiñano es jurado en el programa Bake Off: Famosos al horno, donde acompaña a los concursantes en desafíos que van desde la pastelería clásica hasta creaciones más innovadoras. Su papel de jurado le permite transmitir una visión cercana del mundo de la repostería.
Su mensaje final se resume bien en las siguientes claves: saber de dónde se viene, valorar lo que se ha aprendido en casa y convertir las circunstancias más desfavorables en una oportunidad.