El director Cédric Jimenez mezcla la ciencia ficción con la violencia y la crítica a la gentrificación extrema, apoyándose siempre en un ritmo innegociable. En cines a partir del viernes 24 de abril
El próximo estreno que nos ocupa nos lleva directos a Francia, pero tened claro que no a esa Francia de comedias prefabricadas con más de un millón de espectadores que luego las ves y se te queda cara como de congrio hervido. Tampoco vamos a esa Francia modernista, más sesuda y pretenciosa, heredera de los herederos de la Nouvelle Vague, que tratan de calzarse los zapatos de Jean-Luc Godard aunque la talla no les encaje ni a la de tres y acaban yendo con los pies hechos unos zorros. No, hombre de Dios, al César lo que es del César y a Godard lo que es de Godard. Hoy aquí vamos a hablar de uno de mis subgéneros favoritos absolutos: el cine polar, el sagrado cine noir francés. Y, concretamente, vamos a hablar de uno de sus máximos exponentes en pleno siglo XXI, el inmenso cineasta marsellés Cédric Jimenez, que estrena en nuestros cines Zona 3.
Zona 3 nos traslada a un futuro muy cercano, a un 2045 donde París está tristemente dividida por muros infranqueables. En este escenario, un policía de la zona pobre se ve obligado a investigar un crimen ocurrido en la zona rica. Sí, la premisa os sonará a Blade Runner, a Elysium, a Upgrade y a otras genialidades de la ciencia ficción. Pero aquí hay una diferencia vital: Jimenez le imprime a sus imágenes ese aroma salado, ese sudor inconfundible del realismo sucio. Es como si cruzáramos a Paul Greengrass con Jacques Deray, haciendo suya la ciencia ficción y volviéndola terroríficamente cercana y reconocible, como si ya no estuviéramos viendo ficción, sino pura ciencia y violencia.
Para entender la magnitud de esta obra, hay que entender a Cédric Jimenez. Nacido en Marsella en 1976 -solo dos años mayor que yo-, no es un director de salón o de alfombra roja; es un cineasta de frontera, de trinchera, un hombre visceralmente apegado al policíaco francés de máximo nervio y fatalismo. Su cine encuentra su epicentro narrativo en obras maestras que comparten Marsella como telón de fondo: Contra el Imperio de la Droga (1971) de William Friedkin, su maravillosa secuela French Connection II (1975) de John Frankenheimer, o Borsalino (1970) de Jacques Deray. Su patrón a seguir es indiscutiblemente Michael Mann. Si hacemos la cremallera de su carrera, vemos una evolución fascinante que nos explica cómo hemos llegado de las drogas en los 70 a este París futurista. Arrancó en 2012 con Paris Underwatch, un thriller paranoico de found-footage sobre vigilancia masiva. Luego saltó a Conexión Marsella (2014), jugando a la carta de Martin Scorsese con Jean Dujardin contra el narcotráfico setentero. En 2017 nos trajo El hombre del corazón de hierro, un thriller bélico internacional sobre la caza del nazi Reinhard Heydrich. Y después llegaron sus dos mazazos recientes: BAC Nord (2020), un violento y asfixiante retrato de una brigada policial marsellesa (coescrita con su expareja Audrey Diwan, que luego ganaría el León de Oro), y Novembre (2022), un contundente y respetuoso relato sobre los cinco días posteriores a los atentados de la sala Bataclan.
El cine de Jiménez destaca por un montaje dinámico y directo, donde el caos controlado se alterna con pausas de gran tensión y múltiples clímax. Su estilo hiperrealista sumerge al espectador utilizando cámara en mano, sonido directo y un detalle obsesivo por los procedimientos policiales. Finalmente, estas historias se sostienen sobre personajes nada idealizados: héroes desgastados por el sistema que se mueven en zonas morales grises.
'Zona 3': el futuro es una condena
Gilles Lellouche, su actor fetiche, es la viva imagen de este cine. Lellouche, que actualmente está en un olimpo interpretativo a medio camino entre Lino Ventura y un joven Gérard Depardieu, encarna a ese tipo que parece llevar tres días sin dormir pero que cumplirá con su deber caiga quien caiga. En Zona 3, Jimenez lo rodea de un equipo que mola mogollón: Adèle Exarchopoulos (con un aire total a la protagonista cíborg de Ghost in the Shell), el siempre infalible Louis Garrel, el reptiliano JoeyStarr y la musa absoluta Valeria Bruni Tedeschi.
Temáticamente, Zona 3 nos presenta un mundo donde la Guerra Fría es puramente económica. La estratificación entre riqueza y pobreza es extrema, y todas las decisiones vitales, políticas y policiales han recaído en manos de una Inteligencia Artificial que actúa como juez, jurado y verdugo, en un clarísimo y maravilloso eco a la magistral Robocop 2. Así que la obra de Jimenez, que empezó mirando a través de una cámara de seguridad en 2012, culmina ahora imaginando un mundo orwelliano donde la vigilancia lo es absolutamente todo.
En definitiva, Zona 3 es un policíaco triste, seco y violento. Un thriller de perdedores que chocan contra la burocracia, la gentrificación extrema y la pérdida de la identidad individual. Aquí, el futuro no es una promesa; el futuro es una condena, y Jimenez lo rueda con su habitual fiereza y sin apenas florituras.