Miguel Ángel Lamata ('La ahorcada'): "Quería hacer una película de terror puro y duro, donde no hubiera ni un maldito chiste"
Andrea Zamora
-Redactora
Más de diez años de experiencia en prensa cinematográfica y apasionada del cine independiente, con especial interés en la fantasía y la ciencia ficción. Siempre en busca de nuevas historias y miradas creativas

"Me han dicho que esto supone salir de tu zona de confort, pero, de hecho, suponía meterme en la zona de confort", dice el cineasta. "El confort está allá puedes atreverte a hacer lo que no has hecho antes"

Uno de los días más felices de la vida de Miguel Ángel Lamata (Zaragoza, 1967) fue también el día en el que se plantó en él el germen de su fascinación por el terror. "Mi padre me regaló unos juguetitos que eran como unos muñecos de Frankenstein, el hombre lobo, un Drácula, un fantasma, una momia y una bruja", recuerda en SensaCine. "Ha sido el mejor regalo que me han hecho jamás". Estos muñecos comenzaron a descubrir un camino en el que el cineasta se encontró con autores literarios como Edgar Allan Poe y Stephen King y clásicos del cine de terror de los años 60, 70 y 80. La vida, sin embargo, es una cosa imprevisible a la que le gusta pellizcar con la ironía y a Lamata, en su labor como director, le llevó por otro camino paralelo: el de la risa.

"He hecho comedias de bastantes géneros cruzados. He hecho comedias con niños, sin niños, con 'rock', sin 'rock', gamberras, románticas, de hablar más, de hablar menos", recapitula. Él es quien está detrás de la saga Los futbolísimos (2019-2025) y, antes de eso, se colocó detrás de las cámaras de títulos como Tensión sexual no resuelta (2009) e Isi/Disi: alto voltaje (2026). Su primera vez en el largometraje fue con Una de zombis (2003) que, aunque juega dentro del género del terror, solo lo coloca como telón de fondo. Lo que Lamata realmente quería era "hacer una película de terror puro y duro, donde no hubiera ni un maldito chiste y donde no se buscase la carcajada por ningún sitio". Lo ha conseguido con La ahorcada.

Basada en la novela de Mayte Navales, La ahorcada, en cines desde el 22 de abril, es la historia de una cantautora que se suicida en el jardín de la casa de Fran, un hombre del que estaba enamorada, pero que solo la trataba como un juguete. Su espíritu le atormenta a él y a su familia. Amaia Salamanca se mete en la piel del fantasma y Eduardo Noriega en la de Fran.

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"La ahorcada habla del amor no correspondido", resume Lamata. "Y de cómo, cuando tú te sientes rechazado por alguien de quien te has podido enamorar, desencadena, junto con tu orgullo, que es lo peor que tenemos, algo que puede ser muy destructivo para la persona que te rechaza, pero también para ti. Puedes odiar al que te rechaza y odiarte a ti mismo por haberte enamorado de la persona errónea".

A lo largo de esta entrevista, Lamata menciona autores, directores y películas. Y cuando alguien tiene delante a un cinéfilo, cómo no le va a preguntar por referencias. La última respuesta de esta conversación es un pequeño regalo para los amantes del cine de terror. Quizá, para algunos, sea como las figuritas que recibió Lamata de niño.

Pregunta: ¿Cuál es el origen de La ahorcada?

Miguel Ángel Lamata: Hay dos orígenes de La ahorcada. Una, la novela de Mayte Navales, de la que leí el primer borrador y me entusiasmó porque es una historia contada en clave de cine de terror, pero es una historia de un amor condenado o, directamente, tóxico, que es una cosa que nos puede pasar en cualquier momento a cualquiera, independientemente de la edad que tengamos. Luego, mi amor por el cine de terror se retrotraía a cuando era un enano. De pequeño, mi padre me regaló unos juguetitos que eran como unos muñecos de Frankenstein, Hombre lobo, un Drácula, un fantasma, una momia y una bruja. Recuerdo muy nítidamente ese día como uno de los más felices de mi vida. Ha sido el mejor regalo que me han hecho jamás. Enseguida descubrí a Edgar Allan Poe y a Stephen King, de los que me encanta hablar siempre porque es un manantial inagotable de conversaciones divertidas y fascinantes y fue inevitable no volverme un fan de esto, y el cine y la literatura de terror siempre me han apasionado. La vida me ha llevado por el mundo de la risa. He hecho comedias de bastantes géneros cruzados. He hecho comedias con niños, sin niños, con ‘rock’, sin ‘rock’, gamberras, románticas, de hablar más, de hablar menos. Pero reconozco que el primer género que me fascinó y lo desvelo, lo desclasifico, fue el cine terror.

P: El terror suele usarse como metáfora para hablar de cosas que nos pasan a todos. ¿De qué habla realmente La ahorcada?

M.A.L: La ahorcada habla del amor no correspondido y de cómo cuando tú te sientes rechazado por alguien de quien te has podido enamorar desencadena, junto con tu orgullo, que es lo peor que tenemos, algo que puede ser muy destructivo para la persona que te rechaza, pero también para ti. Puedes odiar al que te rechaza y odiarte a ti mismo por haberte enamorado de la persona errónea, que esto es una tesis de una escritora que se llama Jeanette Winterson, que es mi escritora viva actualmente favorita, que habla mucho de esto. Eso es lo que desencadena todo. A la vez, no me interesaba que fuera una historia de buenos y malos. Eso en el cine de pasión es muy divertido y ver Jungla de cristal y estar con el bueno mientras el malo está ahí haciendo maldades es muy entretenido, pero, por ejemplo, en Blade Runner no está tan claro quién es el bueno y quién es el malo. Eso es más interesante. En esta película es lo que hemos intentado. Aparentemente hay un demonio, un fantasma empeñado en convertir la vida de la familia de Eduardo Noriega en un infierno. Está Amaia Salamanca siendo ese demonio y está Eduardo Noriega, que es, aparentemente, el causante de ello y, en un momento dado, se invierte el punto de vista y vemos que, quizá, el fantasma, el demonio, todo lo que quería era ser amado. Y, seguramente, el personaje de Eduardo Noriega también.

P: La película se ambienta, casi toda, en una misma localización. ¿Qué bondades y desventajas tiene eso a nivel de dirección y narración?

M.A.L: Las historias de terror que transcurren en localizaciones cotidianas para mí tienen un encanto especial porque esa especie de claustrofobia, esa especie de prisión emocional en la que están los personajes está más claramente expuesta si es una localización única. También es una localización única que tiene diferentes espacios. La habitación de la niña la construimos en plató porque había un montón de efectos digitales y especiales que no podían ubicarse en la casa. Pero, en general, también fue una cuestión de fidelidad a la novela. O sea, la novela transcurre casi íntegramente en la casa. Entonces, yo pensé, por encima de todo, que una novela que me entusiasma y con la que tuve ese nexo emocional que, como Steven Spielberg, es lo vital para que un artista, quepa la posibilidad de que dé una buena obra…. Pensé que había que ser lo más fiel posible a esa novela que, desde el primer momento, me entusiasmó.

P: Tu primer largometraje fue Una de zombis

M.A.L: Sí.

P: Empezaste con el terror

M.A.L.: Una de zombis era una especie de experimento en clave metaficticio, una comedia loca con el terror como telón de fondo, pero no era una película de terror. Yo quería hacer una película de terror puro y duro, donde no hubiera ni un maldito chiste y donde no se buscase la carcajada por ningún sitio. La novela de Mayte me permitía eso. Me han dicho que esto supone salir de tu zona de confort, pero, de hecho, suponía meterme en la zona de confort, porque yo creo que el confort está allá donde puedes experimentar, donde puedes arriesgar, donde puedes atreverte a hacer lo que no has hecho antes. Me ha apetecido mucho hacer esto.

P: Como buen fan del terror, ¿cómo ha sido poder hacer esa película de terror sin chistes?

M.A.L.: He sido muy feliz haciendo esta película. Sé que no es la historia más amable del mundo, pero es una historia que habla de nosotros mismos. El corazón de la historia no es muy diferente al de Tensión sexual no resuelta, por decir una comedia bastante loca que hice hace 15 años. No me lo he podido pasar mejor. Plantear otro tipo de atmósferas, contar algo que es muy trágico y muy dramático. Siempre dicen que las mejores comedias tienen un gran fondo dramático debajo. Es verdad: de El apartamento a Dos tontos muy tontos. Hay un drama terrible ahí debajo. Cualquier comedia de Neil Simon tiene una tragedia tremenda. Pero aquí el terror permite sumergirte más en ese drama y era un área que yo tenía explorada en mis comedias, pero el terror te permite aproximarte desde otro punto de vista, desde lo imaginativo, desde lo onírico incluso. A veces, la comedia está más enraizada con la vida real. El terror te permite darte más homenajes, por así decirlo, en lo narrativo.

P: Háblame de Amaia Salamanca y Eduardo Noriega, los protagonistas de La ahorcada. ¿Cómo ha sido trabajar con ellos? El personaje de Amaia no parece nada fácil

M.A.L.: El personaje de Amaia no es nada fácil. Yo tuve muy claro desde el principio que tenía que ser ella, precisamente porque sabía que iba a ser un 'shock' recibir ese papel de entrada y porque sabía que, superado el 'shock', que yo creo que le duró 2 minutos, no iba a percibir más que diversión. Lo que más valoro en un intérprete, más que su formación, que su trayectoria, que sus reconocimientos, es su valor. Amaia es una tía enormemente valiente en lo personal y especialmente en lo profesional. Con este personaje se ha podido ver claramente porque supone zambullirse en algo que no tiene nada que ver con lo que lo hemos visto hacer antes, donde ha tomado opciones muy valientes. Prácticamente no sale maquillada en ningún momento, su 'look' es completamente bohemio, neoyorquino, 'underground' y es un personaje que es bastante reprobable. Al final, lo que quiere ese fantasma/demonio es que le quieran, que es lo que queremos todos. Digamos que sus fórmulas para conseguir ejecutar su venganza, porque no ha sido reconocido su amor, son bastante cuestionables. Pero ella nunca juzgó al personaje y creo que eso es lo fundamental, lo que tienes que hacer cuando acometes un personaje con aristas, con contradicciones, o con ninguna arista y ninguna contradicción. En el momento en que el artista juzga el personaje, ya estamos en un terreno donde lo creativo, mi opinión, es que no va a fluir muy bien.

P: ¿Y Eduardo?

M.A.L.: Eduardo tiene más experiencia en el cine fantástico, ha hecho más cine fantástico y maravilloso: Alejandro Amenábar, Guillermo del Toro y otros. Es un actor al que, lo mismo, le gusta explorar, no juzga a sus personajes, le gusta explorar el antihéroe. Esto que hacían maravillosamente bien en los años 70 y 80 Jack Nicholson o Michael Douglas, que siempre decían que era el pecador favorito del cine norteamericano porque interpretaba estos antihéroes que tenían un montón de defectos por todos los lados. Claro, un personaje es más interesante cuanto más defectos tiene, cuanto más contradictorio es, cuanto más aristas presenta, cuanto más se equivoca. Un personaje que no tenga ningún tipo de conflicto no es interesante, Eduardo es muy generoso con sus personajes, con los personajes que interpreta, porque no los juzga, pero luego esos personajes son muy generosos con él. La trayectoria de Eduardo la tienen muy pocos actores en este país.

P: Te escucho decir muchas referencias. Eres un cinéfilo

M.A.L.: A muerte

P: ¿Qué referencias o qué inspiraciones has tenido para La ahorcada?

M.A.L.: A nivel literario, claramente Stephen King, Edgar Alan Poe y Mayte Navales, claro, porque es la autora de la novela que, a su vez, está influida por estos autores y otros muchos. Es una gran lectora de este género. Te podría hablar de las películas clásicas de terror de los 60, 70, 80, que son las que verdaderamente a mí me han asustado. Pienso en La semilla del diablo, pienso en El otro de Robert Mulligan, que es alucinante y basado en una novela de Tom Tryon tremenda. Pienso en El corazón del ángel, que es una película que no mucha gente recuerda, pero que para mí es una pieza clave del cine de terror de los 80, o en La profecía o en El exorcista, o en clásicos modernos como El sexto sentido o Insidious, que son películas que además les gusta jugar con la percepción de la realidad del espectador, como le pasa también a la novela de La ahorcada, que llega un momento que hay un giro en el que cambia ese punto de vista y para mí es lo mejor de la novela. Quería ser fiel a eso y quería ser fiel al cine que me hizo enamorarme del género, que son todas estas películas que te he dicho. También La leyenda de la mansión del infierno. Últimamente, las de Mike Flanagan, que es el tótem actual del cine de terror y de las series de terror, un tío que tiene una visión aparentemente sencilla sobre estos parajes oscuros que explora la literatura de terror y seguramente el tipo que mejor ha entendido a Stephen King junto con Frank Darabont en muchos años.

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