Michel Franco: "Si me doy cuenta de que un actor no va a disfrutar de explorar todo lo que hacen mal su personaje, entiendo que no debo trabajar con él"
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

El director mexicano retrata la relación tóxica de una pareja entre Estados Unidos y México en 'Dreams', película que llega a los cines este viernes 19 de junio

Fernando Rodríguez es un bailarín mexicano que mantiene una relación con una importante empresaria estadounidense. Cuando él cruce la frontera entre ambos países, ella se dará cuenta de que puede poner en peligro todo lo que ha construido y toma medidas. Dreams, la nueva película de Michel Franco, no es fácil de tragar. Presenta a personajes moralmente enfermos en un contexto complejo que resulta incómodo por su proximidad a la realidad.

Llega este viernes 19 de junio a los cines, pero en SensaCine pudimos hablar con el director hace unos meses en su visita a España y podemos confirmar que Franco quiere meter el dedo en la llaga con esta película. "No me atrevo a resumir [la trama] porque justo en la hora y media o hora y cuarenta que dura la película hay contraposiciones de ideas que no son fáciles de asimilar", asume el cineasta, "una película [...] no debe contener mensajes simples; de hecho, creo que no debe contener mensajes, sino que debe dialogar con el espectador y escuchar también al espectador".

Jessica Chastain e Isaac Hernández son los protagonistas de esta película con toques eróticos que pronto se transforma en una especie de búsqueda de la venganza. "La base de los guiones de casi todas mis películas son las fallas de los personajes y los errores que cometen cuando se ven acorralados o cuando no tienen las herramientas para actuar de manera ideal", señala Franco.

La película llega en un momento clave y justo por todo lo que está pasando políticamente en el mundo y en Estados Unidos (aunque a España llegue en julio). ¿Qué de toda esta situación política te hizo querer hacerla y cuándo surgió?

Mucho. Desde que tengo memoria me ha preocupado y molestado la manera en que en Estados Unidos los migrantes, y sobre todo mis paisanos mexicanos, son maltratados, señalados de manera injusta o utilizados para crear miedo y xenofobia con intereses políticos, cuando en realidad es gente a la que hay que agradecerle porque sostiene a la economía de Estados Unidos y de México por lo que mandan de remesas. Entonces, cuando mi interés en explorar la relación tóxica de esta pareja también podía representar el marco político de los dos países, me pareció un ejercicio interesante para el público.

También está muy de actualidad el debate sobre si el arte debe posicionarse y cuánto de lo político hay dentro de él. En tu opinión, ¿crees que el cine debería posicionarse moralmente o solo exponer los hechos?

Yo creo que una buena película debe ser lo suficientemente compleja para expresar ideas que requieren de mucha reflexión de parte del público. Una película puede decir una cosa, contradecirse a sí misma y tener muchas capas; para mí, el buen cine contiene misterio. Lo que no me gusta es el cine como propaganda. Hay muchas películas que se ruedan con un objetivo muy claro y a veces parecen potentes, pero se olvidan a los pocos años, nadie las vuelve a ver y envejecen muy mal. Entonces sí, el cine es un ejercicio político, pero también es una expresión personal por parte del escritor y director o directora, y, de ser así, no debe ser sencillo.

¿Cuál es tu objetivo? ¿Con qué te gustaría que la gente se quedara?

No me atrevo a resumirlo porque justo en la hora y media o hora y cuarenta que dura la película hay contraposiciones de ideas que no son fáciles de asimilar. Por ejemplo, hablo de cómo Estados Unidos utiliza a los mexicanos, pero al mismo tiempo hay escenas en la película en donde los migrantes centroamericanos en México son maltratados; una escena que está inspirada en la tragedia que ocurrió en Juárez hace unos tres años, que terminó con más de 60 venezolanos, sobre todo, que murieron quemados en un centro migratorio de detención donde fueron tratados como criminales. O lo mismo ocurre con ciertas decisiones que el personaje de Isaac Hernández toma cuando se siente acorralado. Si yo hiciera la película con una intención política simple, no hubiera retratado esas cosas. Pero insisto, una película tiene que ser más que eso y no debe contener mensajes simples; de hecho, creo que no debe contener mensajes, sino que debe dialogar con el espectador y escuchar también al espectador.

Está inspirada en la tragedia que ocurrió en Juárez hace unos tres años, que terminó con más de 60 venezolanos, sobre todo, que murieron quemados en un centro migratorio de detención donde fueron tratados como criminales

La película se sostiene en dos actores principales. Con la primera de ellos [Jessica Chastain] vuelves a trabajar de nuevo...

Es la mejor colaboradora que puedo tener porque es una actriz muy carismática, talentosa y muy inteligente. Entiende lo que sucede detrás de la cámara, lo que están viviendo los actores secundarios, es muy generosa con todos y entiende lo que yo quiero expresar, muchas veces mejor que yo. Me recuerda lo que el guion expresaba entre líneas cuando a mí se me está olvidando, o lo interpreta mejor de lo que yo podía haberlo imaginado. Siempre que ruedo con Jessica, la película crece.

Y luego está Isaac Hernández, que es bailarín. ¿Cuánto de su experiencia personal ha aportado a la película?

Mucho. Mucho de su carisma y de su talento como bailarín, por supuesto, pero también su personalidad, que es magnética. Lo que lo vuelve el mejor bailarín del mundo no es únicamente que sea el que mejor baila, sino la manera en que transmite emociones sin aparente esfuerzo. Es alguien fascinante, y también destacan su ética de trabajo y su compromiso. A veces me siento un poco culpable porque dejó un poco de lado el baile por enfocarse en mi rodaje.

Cuando tienes que dirigir a actores cuyos personajes toman acciones moralmente debatibles, ¿en qué piensas o cómo los diriges en ese sentido?

Esa es siempre la base de los guiones de casi todas mis películas: las fallas de los personajes y los errores que cometen cuando se ven acorralados o cuando no tienen las herramientas para actuar de manera ideal. Esa es siempre la materia prima del drama y de las tragedias, por lo que generalmente es el punto de partida en la conversación que tengo con los actores. Si me doy cuenta de que no se sienten cómodos o de que no van a disfrutar explorar esa zona gris y todo lo que hacen mal sus personajes, entiendo que no debo trabajar con ese actor, porque los problemas en el set van a ser imposibles. Justo ese debe ser el punto de partida.

Si me doy cuenta de que no se sienten cómodos o de que no van a disfrutar explorar esa zona gris y todo lo que hacen mal sus personajes, entiendo que no debo trabajar con ese actor

Hace unos meses se anunciaron nuevos incentivos fiscales para atraer más producción a México, como director mexicano, ¿cómo ves esta nueva medida?

Lo veo muy bien; yo creo que se han tardado mucho. Hay muchos rodajes que se han ido a otros países, como República Dominicana o Colombia, porque tienen esos incentivos fiscales. México, sobre todo la Ciudad de México y otras ciudades como Oaxaca, están de moda o llenas de extranjeros que se han quedado incluso a vivir o a hacer negocios. El cine es el medio que naturalmente puede, como industria, agrupar a la gente que quiere colaborar en México, y también puede ser una vitrina a través de las películas para mostrar la diversidad del país. Así que creo que se tardaron, pero qué bueno que ya lo están haciendo.

¿A ti te ha pasado personalmente en tu carrera eso de querer sacar adelante un proyecto y no poder conseguirlo?

La gente no se imagina lo difícil que es hacer siempre la siguiente película; nunca es fácil. Al mismo tiempo no me quejo, porque termino logrando hacer lo que quiero y con total libertad. Yo soy el guionista y productor de mis películas porque no estoy dispuesto a que me censuren o a tener que tomar las decisiones en consenso, y eso conlleva una cantidad de trabajo mayor, pero vale la pena.

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