Eli Roth realmente ha querido darlo todo con esta película que tiene más muertes que todas sus cintas anteriores... Y casi que cualquier otra película desde 'Terrifier 3'. Pero además, ha intentado algo no tan común en el cine de terror
Hay un momento en Dulce sabor a muerte donde una pandilla de chavales abre la cabeza a un hombre, dejando ver su cerebro. Entonces, uno de ellos coge un sacabolas para hacer un perfecto helado de sesos y dárselo a probar a la propia persona que está lobotomizando. Si te ha interesado estás de suerte, porque la película es básicamente esto durante una hora y media. Por suerte, eso sí, Eli Roth ha querido dejar claro al final que hay algo más que gore, sangre y niños cometiendo atrocidades en una explicación final aterradora.
Ojo: Creo que sobra decirlo, pero hay spoilers del final de Dulce sabor a muerte. Aviso, que nunca se sabe.
Un heladito con doble de sangre
A priori, Dulce sabor a muerte parece la típica locura ultra-gore sin mayor sustancia. Sin embargo, cuando nos metemos un poco en ella, vemos que Roth tiene algo más que contar: en realidad, todo es una excusa para denunciar la pederastia en la iglesia. Bueno, si le echas un poco de imaginación, al menos, a la parte realizada íntegramente con IA donde nos cuentan el pasado de su antagonista principal.
En ella vemos que en realidad se llama Jonathan Smiley, un extranjero que pasaba por el pueblo y fue injustamente acusado de abusar de los niños en un juicio donde los propios niños mintieron por presiones. Obviamente, los que abusaban de ellos realmente eran los curas. Lo que nadie esperaba es que en la cárcel Smiley conociera a un nigromante (ya es casualidad) que, a cambio de su alma, le prometiera venganza contra todos aquellos que se le volvieron en contra.
Ese es el giro real de la película: no quiere hacerle nada malo a los niños, pero sí a los adultos que le acabaron encerrando y matando. Para ello solo tiene que convertir a todos los niños del pueblo en zombis ávidos de sangre, pero bueno, no todos los planes son perfectos. Al final, uno de los niños que aún no han sufrido el ataque del heladero van a matar al nigromante al cementerio, solo para darse cuenta de que realmente en el ataúd están sus padres, con los que acaba. ¡El nigromante era el sacerdote, que les había engañado para acabar el trabajo por Smiley!
Al final, nuestro asesino titular se marcha al siguiente pueblo, dejando a los niños sin adultos cerca y traumatizados por haber matado a sus padres. Menos mal que solo quería venganza contra los que le condenaron, ¿eh? Sí, ya sé lo que estáis pensando, pero a veces es mejor no darle ni media vuelta a lo que estamos viendo.