El 19 de enero de 1967, Albelda de Iregua vio nacer a Javier Cámara Rodríguez. Este pueblo de La Rioja no sabía que acababa de llegar al mundo el que años después se convertiría en uno de los mejores actores del cine español. Javier Cámara no siempre tuvo claro que quería ser actor, pero en cuanto tomó ese camino se dio cuenta de que eso era lo suyo.
Cuando su profesor de historia, Fernando Gil, lo invitó a unirse a su taller de teatro, él aceptó porque lo veía un lugar para jugar. Posteriormente, siguió ese camino porque estaba a punto de repetir curso y no tenía un gran futuro escolar. Siguiendo de nuevo los consejos de Fernando terminó en la escuela de teatro de Madrid. No tenía la menor idea de que la interpretación fuera una carrera reglada: "Ah, ¿pero eso se estudia? ¿Se estudia el teatro? ¿Se estudia ser actores, se puede estudiar?", preguntó.
Si Cámara encajó tan bien en el mundo del teatro fue porque lo veía como un espacio para dar rienda suelta a esa libertad que no tenía ni en su casa ni en el colegio.
Crecer como homosexual en un pequeño pueblo en los años 70
Cámara fue el tercer hijo de una familia dedicada a la agricultura. Poseían un par de fincas pequeñas que el padre se encargaba de trabajar a pesar de que su verdadero sueño siempre había sido ser músico. Estaba empecinado en que Javier siguera sus pasos y le levantaba a las 4 o 5 de la mañana para ir a regar, pero era un mundo que "le espantaba", lo que provocó muchas fricciones en la familia.
Crecer en un pueblo de 2.000 habitantes entre los años 70 y 80 y darte cuenta de que eres homosexual no fue nada fácil. El actor no tenía referentes de dos hombres que se enamoraran. No existían películas ni libros que hablaran de ello, por lo que pensaba que solo él era capaz de sentir eso.
"Yo sentía que tenía una capacidad de amar pero no sabía si entre los hombres nos podíamos amar. (...) Yo veía a mis amigos absolutamente enamorados. Yo decía: 'yo también me puedo enamorar pero claro no sé si voy a encontrar un hombre que se enamore de mí, ¿sabes?', porque era una cosa muy curiosa esa", confesó Cámara en una entrevista con Ricardo Moya en El sentido de la birra.
Continúa explicando que a los 16 o 17 años salió con chicas, pero tenía muy claro que su orientación sexual iba hacia las personas de su mismo sexo. En su pueblo natal no se atrevía a mostrarse tal y como era.
Todo lo que olía homosexual era pecado y era un insulto. Entonces dices: 'yo no quiero estar señalado porque me van a pegar hostiame van a insultar, me van a hacer algo
Todo cambió cuando llegó a Madrid. Su traslado supuso el inicio de un proceso de liberación personal, donde por primera vez descubrió que no era un "bicho raro" solitario y pudo empezar a "sacar la cabecita" sin el miedo constante que le atenazaba en el pueblo.
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