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    Amaia Aberasturi ('Akelarre'): "Todas deberíamos ser brujas porque es hacer lo que quieres sin hacer daño a nadie"
    Por Andrea Zamora — 2 oct. 2020 a las 9:58
    Actualizada el 12 mar. 2021 a las 10:21
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    La actriz protagoniza, junto a Àlex Brendemühl, la nueva película de Pablo Agüero. ¡Ya en Netflix!

    Me encanta contar cuentos a los niños”. A un niño no, pero sí a un juez encargado de "purificar" el País Vasco narra la actriz Amaia Aberasturi (Vitoria, 3 de marzo) un cuento para que ni a ella ni a sus compañeras las quemen en la hoguera por brujas. La intérprete vasca de 23 años es la encargada de dar vida a Ana en Akelarre. La nueva película de Pablo Agüero (Eva no duerme) formó parte de la Sección Oficial de la 68ª edición del Festival de San Sebastián y, tras estrenarse en cines en 2020, ya está disponible en Netflix

    San Sebastián 2020: 'Akelarre', una Sherezade contra la falocracia

    “Ana es una cuentacuentos nata. No se convierte en cuentacuentos, es que viene siendo cuentacuentos desde siempre. Le encanta mentir, le encanta hacer bromas”, describe Aberasturi a su personaje en Akelarre. La historia, ambientada en el siglo XVII, comienza con la llegada del juez Rostegui al lugar en el vive la protagonista, una joven que es arrestada por brujería junto a sus amigas. El personaje de Álex Brendemühl (Madre), además de cumplir con el cometido que le ha impuesto el rey, está obsesionado con descubrir qué es lo que se hace en el Sabbat, una ceremonia en la que el Diablo inicia a sus seguidoras. Y con este deseo juegan las condenadas. Ana no es bruja. Sus compañeras de celda tampoco. No obstante, el personaje de Aberasturi se propone inventar una historia para ganar tiempo hasta que sus padres, marineros, regresen con la luna llena. Además de actriz, Aberasturi también estudió educación infantil y primaria. De ahí la conexión entre Akelarre, la intérprete y los cuentos. “Para ella [Ana] es muy raro porque está haciendo lo que más le gusta en el peor momento de su vida. Es entre que lo disfruta y lo sufre. Ana es muy compleja y eso me encanta. No sabes si lo está pasando bien o lo está pasando fatal. No lo sabe ni ella […] Yo me moriría en esa circunstancia. Me conformo con contar cuentos a niños y ya”. 

    Akelarre no es el primer proyecto como actriz de Aberasturi, pero sí, quizá, uno de los más importantes en los que ha participado. “El personaje da mucho juego. Es un personaje con un arco muy grande, que tiene mucho que decir”, afirma. “Es una producción importante. Pablo es un director importante. Trabajar con Álex es increíble. En todos los sentidos, es lo más importante que he hecho”. La actriz tuvo olfato a la hora de decidir embarcarse en esta aventura y cuando se anunció el ‘casting’ para el filme, se lanzó de cabeza. “Desde el minuto uno llamé a mi ‘coach’, que es Clara Méndez-Leite. La llamé y le dije: ‘Quiero, desde ya, empezar a construir esto porque esto tiene que ser mío’. Y empecé a construirlo sin saber realmente qué iba a ser la película”. 

    Una vez dentro, tocaba documentarse sobre la época y la brujería. “Tenía este concepto de brujería, pero más desde un punto de vista fantástico. Como el cuento que te cuentan en la escuela”, afirma. “Entonces me empecé a documentar más en el contexto histórico y social: cómo esas chicas fueron acusadas y condenadas por brujería, quiénes las habían acusado, qué tipos de inquisidores me podía encontrar, cómo eran, si hubo alguien que las defendía…”. Y adentrarse en este mundo hizo que la actriz cambiase su visión sobre la brujería. “Me encantó que yo cambiara también de forma de pensar”, destaca. 

    Aberasturi también lleva bailando toda su vida. Y eso le ayudó a la hora de enfrentarse al reto de cantar y danzar en Akelarre. “No me dio miedo [cantar]”, explica. “A Pablo no le importaba que no supiéramos cantar. Yo ahí ya me relajé. […] Me dijo: ‘Da igual que cantes mal. Quiero que sea natural. Quiero que lo pueda cantar cualquier chica de cualquier parte del mundo y que si canta mal da igual porque, realmente, el concepto es salir al bosque a cantar y a liberarse, como quien canta en la ducha”, añade. En cuanto al baile, Aberasturi afirma que tener experiencia en el mundo de la danza “ayuda porque, al final, tienes un dominio del cuerpo que, si no bailas o no controlas tu cuerpo, no es lo mismo”. “En este sentido creo que era interesante tener un ‘background’ de baile por resistencia […] También porque es una coreografía que te tienes que estudiar. La coreografía surgía de la improvisación, por tanto, si nunca has bailado o has hecho nada con tu cuerpo es muy difícil, de repente, ponerte a improvisar. Igual lo mismo te cortas o no te sientes a gusto. Al final estas chicas, como son chicas tan libres… Era muy importante que, al menos, si no sabes bailar te dé igual hacerlo mal. Ir con miedo no era una opción”, afirma.

    Un tema relevante y el valor de la cultura

    Uno de los puntos que Agüero tuvo en cuenta a la hora de dirigir Akelarre fue que, pese a estar ambientada siglos antes de nuestro tiempo, la historia fuese atemporal. "Esta la idea de la atemporalidad que hemos querido transmitir en esta película. En todos los sentidos. Incluso también con la historia", explica Aberasturi. "Al final, la bruja simboliza a la mujer libre en esta película. Y la mujer libre debe seguir existiendo aunque no la llamemos bruja. Sí que tenemos muchísimas connotaciones negativas hacia las chicas que hacen o hacemos lo que queremos. Parece que no podemos. Es un poco trasladar esta idea a hoy en día. No nos van a quemar por ser brujas, pero sí está la idea de que todas deberíamos ser brujas porque brujas es hacer lo que quieres sin hacer daño a nadie. Ojalá todos y todas seamos brujas y vivamos y dejemos vivir", destaca la actriz.

    Y por eso a Aberasturi le gusta que se utilice un medio como el cine para trasladar esa idea: "Me encanta que podamos contar o podamos utilizar el cine para transmitir ideas y un pensamiento crítico. Es muy fuerte la idea de cómo unas chicas, sin tener estudios, sin tener una vida fácil, hayan construido un pensamiento crítico tan potente y que les den mil vueltas a aquellas personas que se supone que saben un montón, que tienen un montón de estudios, y resulta que el paleto de la película es el que, supuestamente, es Dios". 

    Durante el confinamiento provocado por la crisis del coronavirus, el cine, la literatura, las series y la música se han convertido en el motor de escape de los meses que la población española se ha pasado encerrada en sus casas. ¿Ha hecho eso que le demos un nuevo valor a la cultura? "Creo que sí", responde la actriz. "Nos hemos dado cuenta todos de qué hubiésemos hecho en casa sin cultura. Hay mucha gente que no le ha dado importancia a la cultura, sin darse cuenta, porque, en realidad, la cultura nos rodea constantemente. Pero es que el confinamiento ha sido como una llamada de atención hacia la cultura y a hacernos ver que sin cultura la vida no tendría sentido: ¿Qué haríamos sin música? ¿Qué haríamos sin cine? ¿Sin series? ¿Sin leer? Sin tantas cosas… Sin arte [...] Yo misma, que ya le daba muchísimo valor, me ha hecho darle más valor aún", concluye. 

    Sobre estas líneas, no te pierdas el tráiler de Akelarre

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