Decir que 'Matrix' es una distopía, es darle la razón.
'Matrix' no fue solo una revolución dentro del género de ciencia ficción: fue un punto de ruptura en la historia del cine. Un antes y un después que obligó a la industria a replantearse cómo se podían integrar los efectos digitales y los efectos prácticos dentro de un mismo lenguaje visual. La película introdujo sistemas inéditos de coreografiado digital, nuevas formas de manipular el tiempo cinematográfico y una relación completamente distinta entre el cuerpo y el espacio.
Las hermanas Wachowski construyen un mundo que cualquiera etiquetaría como distópico o irreal. Sin embargo, detenerse en esa superficie es paradójico. Decir que 'Matrix' es irreal o simple ciencia ficción es darle la razón a la propia obra. Al igual que tú mismo te colocas en la seguridad de que el mundo es real, eso mismo se plantea en 'Matrix' y el mismo Morfeo te explica por qué te equivocas. Se podría decir que adoptamos el papel de Neo, solo que algunos no se cuestionan la realidad que los rodea, pero otros nos llegamos a sentir a veces como Descartes. Y eso, nos hace pensar que la película no solo era una película, era -y es- una especie de analogía a la filosofía descartiana.
La posibilidad de que la realidad sea una construcción, una ilusión perfecta. Una simulación que no controlamos. Confiamos en lo que vemos, oímos y tocamos porque no tenemos otra opción. Creemos porque necesitamos creer. Y esa fe cotidiana y a veces inconsciente, es precisamente lo que la película pone en jaque. Pero 'Matrix' no se queda únicamente en la duda filosófica. También es una reflexión algo abstracta sobre el destino: todo está escrito incluso cuando estamos eligiendo. Es cuestión de asumir riesgos y consecuencias. La libertad, entonces, se convierte en una pregunta más que en una certeza.
La esperanza, la necesidad de creer en algo o en alguien, y el papel de las máquinas en la sociedad humana -una idea que, vista hoy, resulta incluso más inquietante que en su estreno-. Son todos puntos claves en la historia que se nos plantea.
Por supuesto, las hermanas nos dejaron imágenes grabadas a fuego en la memoria: momentos ligados al movimiento de cámara, cámaras lentas, a la gravedad, a los disparos y al tiempo detenido. Se redefinió el cine de acción -y sí, ciencia ficción-. Iconografía pura, replicada hasta el agotamiento, pero nunca superada en su impacto original. El uso de múltiples cámaras disparando al segundo para captar movimiento alrededor de Neo esquivando balas; combinación del 3D y la realidad; el uso de cables para alterar la gravedad... Un punto de inflexión que tuvo incluso su propio origen en técnicas de producción.
Décadas después, sigue siendo una obra maestra, no solo por lo que se cuenta, sino por cómo se cuenta. Icónica, influyente e inolvidable. Una obra que tuvo "problemas" de financiación en sus inicios debido a la incomprensión del resto, pero que posteriormente, llegaría a convertirse en una saga.