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decatur555
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4,0
Publicada el 11 de agosto de 2026
Midsommar empieza ya con mal rollo. Muchísimo. La música del principio, la manera en la que Ari Aster coloca la cámara y lo que sucede antes incluso de que la película llegue a Suecia generan una angustia enorme. No necesitas que aparezca ningún monstruo. Desde los primeros minutos ya sabes que vas a entrar en un sitio emocionalmente horrible.
Y luego la película cambia completamente de aspecto.
Pasamos de espacios oscuros y cerrados a un lugar luminoso, abierto, casi precioso. Campos verdes, flores, vestidos blancos, comida al aire libre, canciones, bailes. Todo parece diseñado para transmitir tranquilidad.
Y precisamente por eso resulta todavía más inquietante.
Aster consigue algo difícil: hacer terror casi siempre a plena luz del día. Aquí no hay un pasillo oscuro que te avise de que algo malo está a punto de ocurrir. El horror sucede delante de todos, bajo el sol, rodeado de personas que sonríen y lo consideran completamente normal.
Eso es lo que más me ha perturbado.
Las ceremonias son una locura total. Costumbres absolutamente trastornadas de uno de esos pueblos que parecen imposibles, como si hubieran permanecido aislados durante siglos desarrollando sus propias reglas y nadie hubiera pensado jamás en preguntar si quizá estaban completamente chalados.
Y lo peor es la normalidad con la que lo viven.
Cuando ocurre algo brutal, la reacción de la comunidad puede resultar todavía más inquietante que lo que acabamos de ver. No existe sorpresa porque, para ellos, aquello forma parte de un orden perfectamente lógico. Tú estás horrorizado mientras ellos continúan como si acabaran de realizar cualquier ceremonia cotidiana.
Florence Pugh está extraordinaria. Dani llega completamente destrozada emocionalmente y la película utiliza ese estado para convertir todo lo que sucede después en algo todavía más incómodo. Su relación con Christian está agotada mucho antes del viaje. Él parece incapaz de saber cómo estar con ella y, al mismo tiempo, tampoco tiene el valor suficiente para marcharse.
Por eso Midsommar funciona también como la historia de una pareja que lleva demasiado tiempo muriéndose.
La comunidad encuentra precisamente las grietas que existen entre ellos. Frente a la distancia emocional de Christian, Dani descubre un grupo que aparentemente comparte su dolor, llora con ella y la integra. Claro que ese abrazo colectivo forma parte de algo bastante más siniestro.
La película juega constantemente con esa contradicción: todo es hermoso y todo está mal.
Los colores son preciosos. La fotografía es espectacular. Los paisajes parecen sacados de una postal. Y mientras tanto estás esperando la siguiente barbaridad.
Hay además momentos de violencia física muy duros. Aster no necesita llenar la película de sangre continuamente. Le basta con colocar determinadas imágenes en el momento adecuado y dejar que se queden en la cabeza. Algunas son difíciles de olvidar.
La música ayuda muchísimo. Bobby Krlic construye un ambiente que puede sonar ceremonial, triste, extraño o directamente amenazante. Desde el inicio contribuye a que exista esa sensación de que algo terrible está flotando sobre la película incluso cuando aparentemente no pasa nada.
Es verdad que dura bastante y que algunas ceremonias podrían haberse reducido. Hay momentos en los que Aster parece tan fascinado por el universo que ha creado que quiere enseñarnos cada tradición, cada símbolo y cada ritual.
Pero también entiendo esa insistencia. Cuanto más tiempo pasamos allí, más dejamos de ver a la comunidad como un decorado extraño y empezamos a comprender que todo funciona según una lógica interna perfectamente establecida.
Una lógica completamente demente, pero lógica para ellos.
Y eso es quizá lo más inquietante de Midsommar. No estamos ante personas que crean estar haciendo el mal. Están convencidas de estar haciendo exactamente lo correcto.
La película termina convirtiéndose en una experiencia extraña, desagradable, hipnótica y por momentos incluso absurda. Hay escenas ante las que uno casi no sabe si sentirse horrorizado o reír por lo imposible de la situación.
Pero nunca deja de incomodar.
Desde esa música inicial y ese comienzo devastador hasta las ceremonias finales, Midsommar mantiene una sensación de angustia difícil de quitarse de encima.
Una locura total.
Y una película de terror que demuestra que para dar miedo no hace falta apagar la luz.
Me he visto en la obligación de abrirme una cuenta yo no soy de dejar reviews pero me duele bastante haber perdido 2h y media casi en una película que no sale terror en absoluto, suspense si pero al principio mas bien aun que es LENTISIMA eso si, solo se pone algo interesante al principio pero vas perdiendo el interés de lo lenta que es y luego al final para que no pase nada, duele en el alma al menos que hubiera durado 1h y 30 maximo y haber saltado todas esas escenas de estar parados sin hablar ni hacer nada y que hubiera ido a un ritmo mas rapido, y aún así no se si hubiera llegado a un 3 de 5, justito porque no sale terror, si que ha sido algo diferente a los demas pero un coñazo, lenta y sin terror cuando la idea prometía
spoiler: La escena donde esta foll*ndo el novio de la protagonista con las demás repitiendo los gemidos y luego ella llorando en la otra caseta con las demás repitiendo los llantos simultáneamente cambiando de plano que quería expresar el director con eso reírnos de nosotros? Y los amigos que salen al principio de la película que son prácticamente lo principal que desaparezcan a mitad de la película? No tiene sentido ninguno y luego 2h y media casi para que no haya pasado nada
El segundo largometraje de Ari Aster desafía nuevamente la perspectiva que tiene el público sobre las películas. Aunque Hereditary gano algo de respeto tras estrenarse, Midsommar es mucho más desafiante y termino polarizando a la audiencia de una manera que no se había visto con otras películas. Midsommar es un dramático thriller psicológico que toma algo de The Wicker Man y narra una historia que se enfoca más en una relación fallida y el choque entre dos culturas diferentes. No es una película de horror en sí como muchos habrían esperado y el mismo Ari no considera a Midsommar una película de horror. Existen escenas desde luego aterradoras, pero esta no es una película que busque generar miedo. Lo que si logra conseguir es ser una película bastante incómoda de ver.
El ritmo es como Hereditary, pero no precisamente basado en la tensión. Aquí se basa más en las costumbres de los Harga y es donde el choque de culturas entra en juego. Los habitantes de la aldea tienen comportamientos o actividades que para los visitantes rayan en lo bizarro o perturbador. Se trata de una comunidad donde los habitantes tienen una especie de mente colmena donde todos pueden sentir lo que uno de sus miembros sienten y se respetan el uno al otro. Las actividades perturbadoras y el comportamiento de los habitantes hacen que cada cosa que se vea en la película genere una sensación extraña. Desde una perspectiva antropológica, la sensación que genera la película es la que normalmente una persona siente cuando presencia una cultura muy diferente a la suya. Es un hecho de que algunas culturas tienen costumbres o tradiciones que para los habitantes del occidente pueden parecer primitivas, barbaras o grotescas. Pero si se invierten los roles, para una cultura desconocida sus prácticas son algo normal y pueden ver las culturas de los habitantes del occidente como algo extraño o anormal. La escena de los dos ancianos es perturbadora y puede parecer algo primitiva, pero desde la perspectiva de los Harga es algo bueno porque para ellos vivir una vida de vejez es un tormento. De cierta manera tiene sentido y es cuestión de tratar de meterse en los zapatos de la comuna para poder entender lo que hacen. O sea, esta es una película que tiene que verse desde un enfoque antropológico debido a que el estilo de vida de los Harga no es algo que muchos logren procesar. Aunque las prácticas que llevan a cabo con los visitantes son cuestionables, eso sería desde una perspectiva moral. Basándonos en la idea sobre el bien y el mal que la sociedad moderna nos ha enseñado, veríamos a los Harga como seres primitivos e incivilizados. Pero dejando eso de lado, vemos claramente que los Harga son una comunidad que viven en harmonía y en paz a pesar de sus prácticas. Eso hace que la idea del bien y el mal sea algo subjetivo, puesto que los Harga son una comunidad que practica ritos paganos, pero viven como una comunidad donde los miembros se preocupan por el otro. Mientras que la sociedad civilizada moderna tiene leyes que abogan por un orden social, pero en esta sociedad hay atrocidades que serían consideradas peores para los Harga y además es una sociedad fragmentada donde no hay una unión en comunidad como en los Harga. Eso despierta la duda de que si las comunidades primitivas son las más civilizadas y la sociedad moderna es la más bárbara. Otra pieza clave con respeto a esta reflexión está el hecho de que los Harga están más conectados con la naturaleza.
Algo que Ari Aster dejo en claro con Hereditary es que es un artista muy aferrado al surrealismo y una película que se basa en este arte no se molesta en especificar o detallar la trama para que sea más clara. El surrealismo se caracteriza por querer transmitir algo solo por medio de la imagen y al igual que Hereditary, Midsommar usa las imágenes para narrar los sucesos. El mural del inicio y otras pinturas que se ven en el pueblo son un claro anuncio de lo que va a acontecer en toda la película. Es obvio que tiene muy buenos planos y escenas que generan una cierta sensación. Lo que también vale la pena mencionar es que hay momentos psicodélicos que desafían el ojo del espectador para que la experiencia siga siendo bizarra. El método de Ari no es algo que a todos les vaya a gustar y lo polémico de él es que no le interesa hacer algo que le guste a todo el público. Solo quiere expresar su arte tal cual le parece correcto sin importar lo que el resto piense.
De los personajes, Dani es la más importante tanto en la historia como en la festividad de los Harga. Lo que sucede con ella y Christian se ha vuelto un tema de discusión. Tratando de analizar la situación, lo que sucede con Christian tiene una justa razón, puesto que él no era una buena pareja para Dani y la relación que tenían ya estaba deteriorada. Además, Christian no estaba dándole a Dani el apoyo que necesitaba y solo pensaba en su propio bienestar. Dani en gran parte de la película carga con el trauma psicológico de la muerte de su familia, hasta que Pelle y el resto de los Harga la tratan bien y ella comienza a sentir que los Harga son los únicos que le están dando el apoyo que necesita. Eso hace que la historia sea un cuento de hadas bastante retorcido donde Dani sufre en el mundo real, pero recibe prestigio en esta comunidad alejada del mundo civilizado. Por una parte, se podría decir que Dani encuentra un lugar donde empezar una nueva vida. Por el otro lado, también se podría decir que Dani fue manipulada para convertirse en un nuevo miembro de los Harga. A veces se siente que todo estaba planeado y querían que la relación entre Dani y Christian terminara para poder llevar a cabo la ceremonia final. Dani podría haberse dado cuenta de ello, pero como Christian nunca la apoyo como debía y solo los Harga aliviaron el sentimiento de pena que ella sufría, al final a Dani ya no le importaba lo que le iba a pasar a Christian o lo sucedido con los demás visitantes. Lo que vemos aquí es un caso donde un individuo se une a un grupo que puede ser una secta o un movimiento social porque siente que ese grupo le da el consuelo que necesita sin importar si las acciones del grupo son buenas o malas. Un individuo que pasa por un terrible momento emocional buscara consuelo en cualquier tipo de grupo sin ser capaz de cuestionarlo. Mientras reciba el consuelo y sentimiento de pertenencia que necesita, las acciones del grupo no tendrán relevancia. Así es como comúnmente las sectas logran conseguir seguidores que pasan por un momento difícil y las personas no dudaran en unirse si con eso logran aliviar la pena. Dani se dispone a amar a los Harga y apoyar lo que ellos hagan porque siente que son la única familia que necesita y que la acepta.
Tras todo el análisis, se puede concluir que Midsommar es una buena película, pero no todos tendrán la capacidad de darse cuenta de ello. Lo que hace esta película aceptable no es solo el arte del surrealismo implementado como lenguaje narrativo, sino la manera en que logra provocar ese sentimiento de extrañeza e incomodidad que uno siente al encontrarse con una cultura que tiene costumbres muy diferentes a la suya. También está bien implementado el hecho de que una persona que sufre un momento de desesperación puede terminar uniéndose a un cierto grupo solo para encontrar el apoyo y consuelo que otros no pudieron darle. En lo artístico, lo psicológico y lo antropológico, Midsommar logra cumplir estas funciones. Su única debilidad es que no es tan atrayente como Hereditary y es fácil predecir lo que va a pasar al final, pero al menos logra ser otra contribución al infravalorado cine de arte. Ofrece un vistazo al oscuro antecedente de la festividad real que se realiza en Suecia y eso es un buen aporte cultural. No es para nada recomendable para el público está muy acostumbrado al cine comercial y verla es bastante riesgoso en ese ámbito. Nada más es apta para un público que esté familiarizado con el cine como expresión artística y que sea capaz de comprender los tópicos del film. Es una película comprensible para los que tengan conocimientos sobre el arte surrealista y la antropología, de lo contrario, no será fácil de procesar. Mi calificación final para esta película es un 8/10.
Midsommar no es una película, es una experiencia espiritual. Una obra maestra que se atreve a bailar en la línea entre lo macabro y lo sublime, llevándonos de la mano con una sonrisa torcida mientras todo lo que conocemos arde en llamas. Ari Aster ha creado algo más que terror: ha concebido un himno visual al desamor, al duelo y a la belleza aterradora de los ciclos inevitables de la vida.
Florence Pugh es la médula de este ritual cinematográfico. Su actuación es un poema desgarrador: grita sin gritar, sufre como si el peso del mundo se encarnara en su pecho, y aún así, encuentras en ella una fuerza primitiva, casi divina. No está interpretando un personaje, es una herida abierta.
La luz del día aquí no es un refugio, es una amenaza. Ari Aster desafía el manual del terror clásico, iluminando cada detalle del horror con una claridad que te paraliza. Cada escena está saturada de simbolismo y detalles que transforman el festival en un organismo vivo, asfixiante. El diseño de producción no es una recreación, es un portal a otro mundo; puedes oler la madera vieja, las flores marchitas, y sentir el calor sofocante del verano sueco mientras lo observas.
Pero lo que hace a Midsommar realmente inolvidable es su corazón temático. Este no es solo un viaje cultural extraño, es una metáfora sobre el amor como un acto de destrucción y renacimiento. Es la ruptura definitiva de Dani con un mundo que no la entiende y su renacimiento en una comunidad que, por perversa que sea, la acepta en su total brutalidad.
Es difícil no sentirse seducido por la crudeza de su mensaje: la vida, como este festival, es un ciclo de muerte y resurrección. Y el final... esa última mirada de Dani es tan perturbadora como catártica. Aster nos deja con una sonrisa que hiela la sangre, como si el mundo estuviera celebrando su propia perdición.
Midsommar no se ve, se vive, y cuando termina, no eres el mismo. Es un recordatorio de que incluso en el horror más absoluto, hay belleza; que incluso en la luz más cegadora, hay sombras que te devoran. Una obra maestra moderna, imperfecta y deslumbrante, que merece ser adorada como el culto que retrata.
Guión absurdo, situaciones absurdas, reacciones de los personajes principales más absurdas aún. La verdad es que no terminé de entender si era una película de terror, una comedia no pretendida o qué narices era. Las reacciones de los personajes a los hechos que van aconteciendo son de todo menos lógicas y normales lo que hace que el guión carezca de credibilidad.
Se me hizo eterna, es cierto que hay que estar atento durante la película, pero para mi gusto y el de mis amigos no nos gusto nada, habrá otras personas que opinen lo contrario y lo respeto; pero hubiera agradecido leer esta reseña para ahorrarme mi tiempo.
El director hace un trabajo visual espectacular en esta película. Está llena de elementos específicos que la convierten en una obra desesperante combinando la belleza con el horror al mismo tiempo.
La película lleva un ritmo constante y la cultura mostrada en la misma, nos hace desprendernos un poco de lo común mostrado en las películas de este género en particular.
Anteriormente con Hereditary nos había mostrado que es capaz de causar sensaciones de incomodidad y de desesperación a través de los visuales, sin necesidad de pantallazos que sean innecesarios para la trama y esta película deja claro que Ari Aster sabe hacer buen terror.
El sufrimiento, la soledad, la presión social y la falta de atención son los protagonistas de la película, podemos ver a lo largo de ésta, como se desarrolla la pareja principal y sus conflictos, lo que al final llega a la cumbre en una secta que, si bien tiene elementos para estudiar a profundidad, nos da una rebuscada explicación de que es lo que está pasando con Dani y Christian.
En general la película es buena, no siento que esté al nivel de Hereditary, pero creo mantiene un estándar muy alto para el director y nos muestra el terror de una forma muy peculiar muy poco mostrada anteriormente en el cine.