Y tu mamá también es una película muy buena porque parece mucho más sencilla de lo que realmente es. A primera vista puede verse como una road movie sexual, libre, provocadora y juvenil, con dos amigos lanzados a un viaje con una mujer mayor que ellos. Pero debajo de esa superficie de deseo, bromas, torpeza adolescente y calor mexicano hay una película mucho más triste, más lúcida y más adulta.
Alfonso Cuarón consigue que la película tenga una vitalidad enorme. Todo parece moverse: los cuerpos, el coche, las conversaciones, la carretera, el país que aparece al fondo. Hay sexo, humor, amistad, celos, clasismo, política, muerte y una melancolía que va entrando poco a poco, casi sin avisar. La película nunca se queda solo en lo erótico ni solo en lo generacional. Es las dos cosas, y además algo más: un retrato de un momento de la vida en el que todavía no sabes que algunas cosas, cuando se rompen, no vuelven.
Maribel Verdú está maravillosa. Luisa podría haber sido simplemente “la mujer deseada”, el motor sexual del viaje o la fantasía adulta de dos chavales. Pero ella le da una mezcla de misterio, cansancio, libertad, dolor y ternura que convierte al personaje en el centro real de la película. Está guapísima, claro, pero sobre todo está llena de verdad. Cada mirada suya parece esconder algo que los dos chicos todavía no pueden entender.
Y los dos cuates también lo bordan. Gael García Bernal y Diego Luna tienen una química naturalísima, de amistad real, de confianza, de idiotez compartida y de rivalidad soterrada. Son graciosos, inmaduros, arrogantes, frágiles y bastante patéticos a ratos, como corresponde. La película no los idealiza. Los mira con cariño, pero también con crueldad. Son jóvenes, desean, presumen, mienten, compiten y no entienden casi nada de lo que tienen delante.
Uno de los grandes aciertos es que el viaje nunca está aislado del país. México aparece en los márgenes: en los controles, en los pueblos, en las desigualdades, en las noticias, en la gente que cruza el plano y sigue su vida. La película no convierte todo eso en discurso pesado, pero lo deja ahí, como una realidad que los protagonistas muchas veces ni miran. Esa voz narradora, seca y casi documental, abre la película hacia algo más grande que la aventura sexual de tres personas.
También tiene algo precioso y doloroso sobre el paso del tiempo. Lo que empieza como una escapada gamberra acaba siendo otra cosa: una despedida, aunque ellos no lo sepan. La amistad, el deseo, la juventud y la inocencia tienen fecha de caducidad. Y Cuarón lo cuenta sin convertirlo en sermón. Basta un gesto, una confesión, una mirada o ese final que deja una tristeza rara, de esas que no necesitan subrayarse.
Y tu mamá también es sensual, divertida, política, triste y profundamente humana. Tiene la energía de una película joven y la mirada de alguien que ya sabe que la juventud se acaba. Maribel Verdú está perfecta, pero Gael García Bernal y Diego Luna también están magníficos. Una película mexicana con sangre, piel, carretera y memoria. De esas que parecen hablar de sexo y acaban hablando de la vida entera.