En los 70 renovaba casas para pagarse sus estudios: ahora es una de las mejores directoras de acción que existen
Sara Heredia
-Redactora jefe SensaCine
Cargada con una mente abierta y mucha curiosidad, explora cualquier documental, película, serie y miniserie que empiece a hacer ruido.

Hizo equipo con el compositor Philip Glass y, mientras él arreglaba la fontanería, ella hacía los paneles de yeso. Décadas después, ha comprado un apartamento de tres millones de dólares

Pocas directoras mujeres pueden presumir de contar con el apoyo de la crítica, el público y la taquilla, pero Kathryn Bigelow es una de ellas. La mujer que está detrás de En tierra hostil (2009), Zero Dark Thirty (2012) y Una casa llena de dinamita (2025) ha conseguido una buena reputación en la industria de Hollywood y un camino bastante allanado para sus proyectos -que todos sabemos que eso no suele pasar a menudo si eres una fémina-.

Resulta curioso porque sus inicios en el mundo laboral se desarrollaron en un ambiente totalmente alejado de las cámaras: el de las renovaciones de casas.

Kathryn, te renuevo el apartamento

Bigelow, hija de Gertrude y Ronald Elliot, una bibliotecaria y un gerente de una fábrica de pinturas respectivamente, nació en San Carlos, California, pero en los años 70 se mudó a San Francisco para desarrollarse como estudiante de pintura. Mientras estudiaba en el Instituto de Arte de la ciudad fue admitida en el Programa de Estudios Independientes del Museo Whitney de Arte de Nueva York, así que allá que se trasladó en otoño de 1971.

Como toda artista joven que se busca la vida en la Gran Manzana, no tenía mucho dinero. Pasó un tiempo en casa del pintor Julian Schnabel, que le cedió el techo de su loft, pero necesitaba un trabajo con el que ganarse el pan, así que se asoció con Philip Glass -que era taxista pero después ha hecho carrera como compositor- en una empresa inmobiliaria y se dedicaron a renovar apartamentos deteriorados en el centro de Nueva York. "Él [Glass] se encargaría de la plomería y yo de los paneles de yeso", declaró a The New Yorker.

De pintora a cineasta

Aunque en un principio iba para pintora, pronto se dio cuenta de que podría contar muchas más historias y realidades a través del cine. Entre otras cosas, se dio cuenta de que la pintura resultaba “algo elitista”, mientras que el cine cruzaba clases sociales.

Siguió formándose y terminó realizando un cortometraje, 'The Set-Up' (1978) -una deconstrucción de 20 minutos de la violencia en el cine-, que llamó la atención de Milos Forman, el mítico director de Alguien voló sobre el nido del cuco (1975). Este le ofreció una beca para estudiar en la escuela de cine de la Universidad de Columbia, lo que aceleró por completo su transición hacia el séptimo arte.

Su primer largometraje llegó en 1981, The Loveless, acerca de un grupo de motociclistas que tenía a Willem Dafoe como protagonista. Más tarde, en 1987, estrenó Near Dark, y Blue Steel en 1990, con una Jamie Lee Curtis como oficial de policía novata. Su punto de inflexión llegó en 1991 con Point Break, el clásico de acción protagonizado por Keanu Reeves.

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