La nueva adaptación de 'He-Man y los Masters del Universo' podría haber sido un desastre, pero no lo es en absoluto
Alejandro G. Calvo
-Director de SensaCine
De sangre soriana, nacido en Barcelona en 1978, y residente en Madrid. Crítico de cine desde la adolescencia, llevo 25 años escribiendo sobre películas. Ahora, principalmente, hago videos para el canal de YouTube de SensaCine donde la serie "Cine A Quemarropa" es uno de los mayores hits en la red.

¿Cómo explicaros a los más jóvenes lo que era verdaderamente ser un niño en los años 80? Travis Knight ha hecho un muy buen ejercicio

Vamos a hablar de la nueva adaptación cinematográfica de He-Man y los Masters del Universo. Si tenéis mi edad significa que sois súper mayores y sabéis perfectamente de lo que os hablo. ¿Cómo explicaros a los más jóvenes lo que era verdaderamente ser un niño en los años 80? Hablamos de una época muy distinta, una época en la que en televisión solo había dos canales en una tele muy pequeñita. Lo que veías por la tele era, simple y llanamente, tu mundo entero, no como ahora que hay un millón de canales y en el fondo la oferta viene a ser la misma o incluso peor. Esa ilusión inmensa e irrepetible que nos hacía encender la pantalla y verte una serie animada mítica como Dragones y Mazmorras, Dragon Ball, Campeones (que ahora todo el mundo llama Capitán Tsubasa) o, por supuesto, nuestro querido He-Man.

Yo reconozco que no la he vuelto a ver y no me acuerdo absolutamente de nada de las tramas a nivel narrativo, ni de los puntos estilísticos o estéticos, pero sé a ciencia cierta que lo disfrutaba muchísimo. ¿Y por qué? Pues porque una de las cosas que más nos gustaban en este mundo a los chavales era tener los juguetes de He-Man que fabricaba la casa Mattel desde el año 1981. Cuando te comprabas un juguete de estos, te venía con un mini cómic que trazaba una trama de fantasía medieval maravillosa para que tú, cuando jugaras en el salón de tu casa, tuvieras toda esa movida montada en la cabeza. La cosa tuvo tanto éxito y explotó de tal manera que DC Cómics empezó a lanzar cómics completos, ya no solo mini cómics.

Y así llegamos a 1983 (o al 84 en España, que yo tendría unos seis años), cuando desembarca la serie animada con sus dos temporadas y 130 capítulos. Por aquel entonces la gente no tenía ni puñetera idea de cuántas temporadas tenía una serie, simplemente sabías que los martes a las cuatro ponías la tele y ahí estaba He-Man. Se convirtió en un auténtico fenómeno cultural y pop, del que empezaron a fructificar películas de animación para cines e incluso especiales de Navidad exclusivos para videoclub, algo muy típico de la época igual que pasaba con Star Wars.

Pero el sueño de toda una generación llegó verdaderamente en 1987: ¡se estrenó en pantalla grande una película de acción real!. Una película dirigida por un tal Gary Goddard, del que no se le conoce carrera posterior, producida por la legendaria Cannon Films. La Cannon era la productora de las pelis de Chuck Norris, un estudio sobre el que tendría que hacer un vídeo un día porque era maravilloso. Aquella cinta fue un disparate muy divertido donde el protagonista no era otro que Dolph Lundgren, que venía directito de ser Ivan Drago en Rocky 4 y que luego haría salvajadas chulísimas y violentísimas como Dark Angel: Ángel de la muerte (una especie de Predator 'exploitation' de marcianos súper cachas con sangre verde), Red Scorpion o Soldado Universal. En aquella cinta de He-Man el malo era un Frank Langella increíble haciendo de Skeletor, pero fue un fracaso tremendo que, junto al desastre de Superman 4, prácticamente supuso el fin de la productora Cannon.

Podría haber sido un churro tremendo, pero es una película entretenida, ingeniosa y divertida

En este mundo nuestro donde todo se repite y recicla, estaba claro que tenía que llegar una nueva película. Esto podía haber sido un churro tremendo, y sin embargo la peli no solo me ha entretenido bastante, sino que me he reído a gusto, me ha parecido ingeniosa y divertida.

El gran responsable de esto es el director Travis Knight, nacido en 1973. Para que nos ubiquemos, Knight es el director de Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016), una obra maestra del estudio Laika que me parece una de las cumbres del cine de animación moderno. Lo petó tanto que luego le encargaron revivir a los Transformers en 2018 con Bumblebee, una cinta con un indudable aliento ochentero que no estaba nada mal y tenía cosas muy divertidas. Knight ha tenido aquí un acierto monumental: hacer de la película algo que sea, al mismo tiempo, una aventura y una parodia consciente de la película que estás viendo.

La historia nos presenta a un He-Man de pequeño viviendo en Eternia, siendo un chiquito endeble y príncipe del castillo de Grayskull. Cuando llega Skeletor y los derrota, la hechicera lo lanza fuera del planeta junto con la icónica espada de poder para ponerlo a salvo. Acaba desterrado en la Tierra sin su espada y sin poder volver. Toda esta primera mitad recuerda a esos cómics clásicos de Marvel donde los superhéroes habitan en un mundo normal alejados de su contexto épico.

Cuando He-Man logra regresar a Eternia, la película adquiere un tono cercano a la primera película de Thor, pero tomándose a auténtica bufa todo lo que sucede. Hay un robot, por ejemplo, que antes era una máquina de combate y ahora, tras la conquista de Skeletor, ejerce de amo de casa y criado, un giro de guion divertidísimo que funciona a la perfección. Pese a ser fantasía medieval, esto obedece a las normas del cine de superhéroes y está mucho más cerca de Marvel que de El Señor de los Anillos o Juego de Tronos.

Nos llevan a una zona muy petarda, muy camp, donde el referente directo más obvio acaba siendo la película Flash Gordon. El actor principal, Nicholas Galitzine, destila esa misma esencia. Y para rematar esta conexión, cada vez que He-Man saca la espada, suena de fondo un solo de guitarra de Brian May, el guitarrista de Queen. Un guiño brutal recordando que Queen hizo la banda sonora de Flash Gordon. Hay un pacto claro con el espectador en el que los creadores confiesan que se lo estaban pasando en grande haciendo la peli y quieren que nos riamos con ellos.

¿Lo peor? Pues diría que la espectacularidad de las peleas me interesa menos. A estas alturas, en 2026, todas estas secuencias de acción del cine espectacular son tan iguales y tienen tal falta de imaginación que es imposible emocionarse mínimamente. Es muchísimo más divertido ver a dos personajes hablar en esta peli que verlos pelear. En definitiva, estamos hablando de una película normalita, nada del otro mundo, pero que al final cumple con el objetivo más sagrado que yo le pido a esta clase de producciones: entretenerme y hacérmelo pasar realmente bien.

FBwhatsapp facebook Tweet
Links relacionados